jueves, 30 de abril de 2020

INDIGNANTE

INDIGNANTE 
Me indigno al oír que caza y tauromaquia se permitirán en la desescalada al considerarse “deporte” y “arte” respectivamente.
Duele pensar que existan semejantes que disfruten descerrajándole la cabeza a un animal; acudiendo al campo después del desayuno con carajillo, montados en pseudo tanques que manejan igual que la escopeta.
No contentos con matar envenenan la tierra con plomo.
Solo sus barrigas son más gordas que su ego, a veces hasta se matan entre sí, o se les escapa una bala a la cabeza de un niño.
Ensucian la palabra deportista comparándose con ellos, lo digo  porque vivo con uno que lo es de verdad y la única sangre que lo mancha es la de las lesiones propias de su actividad.
El albero seguirá profanándose con matanzas, eso sí, los taurinos tendrán espacio para moverse en los tendidos pues deben respetar, si es que saben el significado, la distancia de nueve metros cuadrados.
Su lobby tiene parné para sufragarlo aún así ya han pedido y se les van a conceder ayudas. Otra vergüenza nacional que perdura por muy de izquierda y progresista que diga ser el gobierno; quien subvenciona también empuña el estoque. 
Me indigna que ese dinero no vaya para la cultura verdadera, teatros, cine, conciertos... pero claro, no se pueden comparar estas chorradas con torturar a un toro.
Y mucho menos a que tales partidas se destinen a cosas fútiles como Sanidad, Educación o fines Sociales. 
Me asquea tanta indignidad; este paletismo encastrado me subleva como Animalista y Humana.
Me indigna que lo indigno sea su delicia.
D. W.     (J 30A 2020). 




martes, 28 de abril de 2020

BENDITAS LETRAS

  BENDITAS LETRAS 
Una tarde de hace medio siglo mi abuela me enseñó a leer. Veía apenada que siempre llegaba del colegio llorando; adaptarme al molde escolar quebraba mis huesos.
Después de comer y recoger la mesa nos pusimos con la cartilla, guiándome el dedo sobre las letras mientras las iba pronunciando. 
Luego me trajo cuentos que habían sido de mi madre y me leyó uno. 
Cuando terminó le pedí otro y me lo negó.
  —Aprende a leer pá no dependé de nadie y que no te engañen.
Recuerdo que seguimos hasta que tuvimos que encender el flexo. (Dónde iría a parar esa luz concentrada con cuello de jirafa dócil?)
No miento si digo que al tercer día fui capaz de leer y comprender lo leído, yendo al colegio más entusiasmada que Champollion con la piedra Rosetta. 
Cuando la señorita Encarnación me llamó a la palestra se quedó asombrada. Incluso me cambió la página que me tocaba pensando que la había memorizado. 
  —Vaya, W, hoy no estás tan lerda. Espero que sigas así, aprovechando mis lecciones.
  —Me ha enseñáo mi abuelita con loz cuentoz  donde aprendió mi mamá.
Estrelló por sorpresa sus nudillos en mi frente de cinco años, sacándome lágrimas, arrebatándome el triunfo.
  —W, corrige ese acento. Ya que sabes leer no hables como una pueblerina. Puedes sentarte dos filas más cerca de la pizarra, has salido del pelotón de los torpes.
Me fui, sorbiéndome los mocos, a mi nuevo sitio entre las risas de mis compañeras. Una niña rubia a la que peinaban con tirabuzones, anacrónicos ya en aquel entonces, me recibió soplando la lengua entre los dientes.
  —¡Zzzzzz!

Con los años suavicé el ceceo pero jamás perdí mi deje. Soy andaluza, reconocible en cualquier lugar por mi habla, los acentos de cada tierra son patrimonio de la misma y preciada  herencia.
Tanto la señorita añosa como las monjas eran creyentes acérrimas de que la letra con sangre entra. Mi abuela usó el señuelo de mostrarme el paraíso que se encuentra en ellas. Y su poder.
Bendita sea.
D. W. 
*Este relato fue publicado por la revista “El Observador” el viernes 24 de abril de 2020). 


LLUVIAS MIL

LLUVIAS MIL
Este año, aunque cabrón, cumplimenta los refranes. Para que hermosee mayo fue abril pródigo en aguas, transparente esencia de la vida que a los urbanitas nos fastidia un tanto.
El encierro ha librado a muchos de llegar al trabajo como el pescao del chiste que “bá calao” pero en las casas brotan humedades y goteras y no se puede llamar a un albañil que las restañe.
Tenía yo cierta vecina descuidada que un día me mostró los destrozos de una tormenta descargada semanas atrás.
_”¡Mira, hasta los cajones se me llenaron de agua!”, dijo tirando de uno que salió como la bandeja del “baño María”.  
En él flotaban los wonderbras adornados ya por algún moho. No vi coquinas en las bragas por ser especie desgraciadamente extinta.
_”No lo he vaciado para que lo vea el del seguro”, dijo. 
Yo pensé, “ni que fuese a venir Santo Tomás, hija” pero callé, cuando voy puesta de valeriana soy muy prudente.
Desde entonces me refiero a ella como “la Sirenita”.
A mi una vez se me cayó el falso techo de la cocina ablandado por las lluvias. A la lumbre tenía unas papas con habichuelas verdes enriquecidas con lascas de escayola. A falta de casco entré para apagar el gas con un cojín del sofá en la cabeza.
Los del seguro me creyeron aún llegando un mes después. La cocina, seca ya aunque con techo de estalactitas, me respaldó.
Ahora, en medio de una pandemia es misión imposible encontrar un manitas. Por eso buscó Dios a su hijo un padre putativo carpintero.
Benditos los bricoladores, de ellos será las llaves de Allen. 
D. W. 


domingo, 26 de abril de 2020

LAS EDADES DE LA LUZ

LAS EDADES DE LA LUZ
Iluminada por la lámpara de alabastro tanto aparento quince años como ciento veinte. Reflejadas en el espejo ligero de azogue mis ojeras pueden ser de desamor o de hastío. 
De noche, envuelta en la verde oscuridad, me muevo por la casa enmudecida como una india blanca por la selva. Ningún obstáculo le es ajeno a mis pies desnudos pues conocen cada pata de silla o juguete de perro que puedan hallar en el camino.
Extraigo mis ojos de su funda para descifrar los arcanos que esconden esos gruesos abanicos que llaman libros, tanto aplacan los ardores de juventud como avivan las ascuas de la vejez.
Escribo como médium mecánica sobre el pergamino robotizado hasta perder el sentido. Me despierto acurrucada en el sofá con algo de frío, el liviano pijama se pensó para la cama no para una soirée solitaria y sin champán.
Subo a la alcoba y me duermo acompasada por las respiraciones de los míos. 
Aún es noche cuando vuelvo a despertar, que esperan las frases arrugadas a ser planchadas. Me pongo a ello modulando la luz eléctrica tras la pantalla plisada. 
Cuando alzo la vista lo que me rodea vuelve a tener vida, penetran los haces septillizos fecundando los colores y nacen los verdes, azules y amarillos aunque bajo la tibieza que aún los hace delicados.
Es mi habitación un ascua bendita por el primer sol de la mañana. Miro alrededor felicitándome de estar viva y poder contarlo.
Muy triste sería morir al alba cuando todo lo demás florece. 
D. W.   (“Lo cotidiano”). 


sábado, 25 de abril de 2020

VÍSPERA

VÍSPERA 
Sé que la chiquillería no dormirá mucho esta noche, si acaso cerrarán muy fuerte los ojos y desearán que las horas vuelen.
Mañana las camas grandes serán asaltadas por piratas ansiosos por desembarcar en la isla avistada después de meses en alta mar. Presumo que los desayunos quedarán postergados. 
Volveré a oír la algarabía de los niños, siempre me han parecido como dice Antonio Gala “bandada de pajarillos”. Vivo cerca de un colegio y su falta fue lo que noté primero.
Perdieron lo que hasta entonces hasta el crio más humilde tenía, la calle, el patio del recreo, el jardincinto de juegos... 
Los imagino mansos aunque nerviosos de la mano de papá, mamá o el adulto que los cuide. Estrenando las calles, inaugurándolas, bendiciéndolas con sus risas.
Recordarán cuando sean mayores este duro trance, les servirá para apreciar que lo más modesto es también lo más importante.
Este domingo lo será de verdad, bien retinto de rojo en el calendario.
Ellos empiezan el futuro valorando lo que es la libertad responsable.
Buenos ciudadanos tomarán el relevo. 
D. W.   (S 25A 2020). 

TITA CONCHA

TITA CONCHA  (1960)
Nadie la vio jamás de trapillo, siempre correcta de la cabeza a los pies. Prueba de ello da una anécdota familiar que cuenta como al ponerse de parto una de sus sobrinas estando solas las dos, no arrancaron al hospital hasta que no calzó sus mitones y el sombrero, por más que la parturienta diera alaridos de fiera.
“Lo primero es lo primero” dicen que dijo, “no voy a salir a la calle echando faltas”.
A caballo entre dos provincias desde que enviudara siempre viajaba con dos baúles, tres maletas y dos bolsos. Lo indispensable para pasar un mes. 
Tenía un lustroso abrigo de astracán negro que la hacía más gruesa aún de lo que era. Escalofrío da pensar la de nonatos corderos que llevaba encima. En invierno usaba manguito aún en plenos años cincuenta. 
Está claro que la trajeron al mundo equivocándose de época.
Tuvo un solo hijo . Niño de sus ojos, educado exquisitamente en los mejores colegios.
Tirando a rojo le salió a pesar de las ínfulas aristocráticas de su madre. Pensaba libremente, pedía pan y libros para el pueblo.
Murió, según le dijeron, de tifus, encerrado en una cárcel miserable.
Dejó novia que le lloró como viuda y que al cabo se rehizo.
Convirtió su habitación en un oratorio lleno de santos, altares, flores de plexiglás y puntillas, justo lo que él combatió pero así aliviaba su alma. Culpable se sentía de haber criado al niño tan suelto.
Ya muy mayor, casi ciega por la diabetes e impedida se fue a vivir con un hermano y su familia. Amontonados quedaron los santos y los recuerdos en un húmedo cuartillo de la casa.
Murió poco después y los sobrinos se repartieron como buitres los despojos. 
La buena vajilla, las colchas adamascadas, alguna alhaja. 
Nadie quiso los papeles del muerto.
Años después una sobrina preparando boda encontró su diario. Lo leyeron encontrándolo tan subversivo que decidieron esconderlo, les daba cosa quemarlo.
El noviote cuando se enteró, sin ojearlo siquiera, montó en ira y los tachó de imprudentes. En un bidón que tenían por allí los albañiles le prendió fuego. 
Quizá destruyera  a otro Hernández o un Lorca. 
Eso nunca lo sabremos. 
D. W. 
Este relato fue publicado por la revista “El Observador” el viernes 17 de abril de 2020. 


jueves, 23 de abril de 2020

CARTÓN PIEDRA

CARTÓN PIEDRA
Siendo jovencita una compañera de estudios que se casaba me invitó a conocer su casa, no sé si recordareis que hasta hace poco los novios organizaban un tour por su nidito para, la más de las veces, fardar de ajuar. 
Ella exhibía ufana cajones y armarios para enseñar la cantidad ingente de camisones, manteles y sábanas que había acumulado durante el noviazgo, el ritual se completaba recibiendo con falsa modestia las alabanzas de los visitantes. Cuando pasamos al salón, harta ya de traperío, me fui derecha al mueble oscuro que ocupaba todo un testero, con sus baldas repletas de libros.
Juro que en casa ajena no cotilleo. No fisgoneo en el armarito del baño ni en la nevera pero el papel me pierde como a los ratones así que, sin pedir permiso, alargué la mano para observar de cerca un ejemplar de las obras completas de Julio Verne.
Justo acababa yo de adquirirlas pero en una edición mucho más modesta de lo que parecía aquella, un día que iba a comprarme una falda y las vi rebajadas. Me vine sin la prenda pero cargada de historias fascinantes.
A lo que iba. De la sorpresa me sacó la carcajada de “mi amiga” cuando vio como quedaba en mis manos la carcasa de tres tomos de pega. Sentí horror semejante al de acariciar la cabeza de un bebé y que se le desprendiera. La imbécil había comprado el mueble con su atrezzo.
Me sentí avergonzada, sobre todo al oírla decir:
_”¡Jajaja, sabía que tú picarías!”.
Se me subieron los colores.
_”Los libros son nido de polvo y mi novio tiene alergia”, apostilló al ver mi cara de póker.
Esta mañana encuentro el anuncio del trampatojo de un mueble biblioteca para usar como fondo de vídeo conferencias y me recuerda la anécdota.
De necios siempre iremos bien servidos. 
D. W. 
*Deseo para todos un amable día del libro,  (X 23A 2020).


martes, 21 de abril de 2020

ANTOÑITO BUSCA NOVIA

ANTOÑITO BUSCA NOVIA   (1949)
“No es cosa baladí la elección de esposa. Debe ser discreta, afable. Risueña sin aspavientos. Casera pero dispuesta a cumplir con mis compromisos hecha un pincel.
Que no sea callejera. Ya le pondré criada que venga alguna mañana y haga los mandaos, que es bueno que ella se quede bregando en la casa y mirando por mi hacienda.
Limpia de cuerpo y alma. Generosa sin mano rota. Piadosa sin besar pilas.  
Por supuesto bonita, que menda tiene que verla todos los días. Fina pero fuerte, una mala salud merma bolsa y alegría. 
Que quiera a Mamá como yo mismo porque será la autora de mis días quien le dé el visto bueno, faltaría más.
_“Sánche, ere tú mu xigente, que casamiento y mortaja… der sielo bajan”, dicen mis compañeros de oficina. 
Muchachas bonitas las hay a cientos, ahora, que no desmerezcan  a mi lado es otra cosa. 
Que uno no puede ir por ahí del brazo del primer bombón que se rinda ante un “que ojazos me gasta usté”.  Porque luego pasa lo que pasa. Y si no es pasa, son higos. 
En los bailes me presento con todo mi empaque y educación. 
_”Buenas tardes señorita, me llamo Antonio Sánchez, funcionario con buen sueldo, soltero por mi fortuna. Vivo con mi madre en un principal de nuestra propiedad, con tres balcones y un cierro a dos calles, ¿quiere usted bailar conmigo?”.
Si acepta de primeras malo. Demasiado ligera me parece. Si dice que no, me molesta el poco aprecio y la dejo ir por siesa.
Mamá me presenta a las hijas de sus amigas de misa de ocho. Todas pías, con bigote y rodilleras del mucho rezar. Yo le digo “Mamá, ¿no ve usted que no cuadran con mi apostura?”
Y así me veo a mis cuarenta y nueve abriles, solterito y como el casto José. 
Quizá, si las mujeres no fueran tan, como diría yo… tan mujeres, encontraría mi media naranja.
Mamá el otro día me dijo “Antoñito hijo, tal vez lo que debas buscar sea tu medio limón”. 
El Señor no ha querido que conservara sus luces, pobrecita mía”.
D. W. 
*Este relato fue publicado por la revista “El Observador” el viernes 17 de abril de 2020. 



lunes, 20 de abril de 2020

DESCONTRACTURANDO

DESCONTRACTURANDO
El miedo agarrota los músculos hasta hacernos llorar y ese no hay masajista que lo quite. Por suerte yo tengo amigos sabios que me ayudaron a exorcizarlo mandándome ejercicios y consejos.
Serpentear de espaldas, hacer “el Superman” o restregarme como una osa sobre una pelota de tenis me hace reír además de aliviarme. Parece imposible sentirse mejor solo con el poder de la empatía.
Conozco a quien tiene fobia inexplicable a los masajes, no puede relajarse sintiéndose lugar de trabajo de otro, imagina que pierde su condición de persona para convertirse en adverbio.
“Uno y no más”, me contaba después de su única experiencia.
Tras mucho pensarlo concertó cita con una fisioterapeuta muy reputada y al llegar a la clínica se encontró que la sustituía un bigardo de dos metros. 
“Tierra engúlleme” pensó.
Con voz quebrada preguntó en recepción por ella y le advirtieron que tardaría dos horas en estar disponible. Accedió a la espera por miedo a verse entre las manos del maromo, que parecían dos panes catetos.
No es como ir al médico que te mira solo el trozo de anatomía averiado y a las más veces ni te toca.
Según su pensamiento los masajes están sobrevalorados, son una aberración del consumismo, un pecado burgués.
Me confesó que después del amasado bajó de la camilla temblando por la tensión acumulada, que el sobeteo de desconocidos, aunque sea sacrosantamente administrado le resulta humillante.
_ “¿No serán manías y soberbia?, pregunto en confianza.
_”¡De ninguna manera!, es que soy de lomo indomable aunque no pueda doblarlo”.
D. W.


GREASE

GREASE
El aburrimiento les da a algunos por comer y al Demonio por matar moscas con el rabo.
Hay a quien se le cierran las tragaderas, la desazón espesa la saliva y vuelve vagos los dientes, pasando los días a tila y tapas de valeriana. Otros alternan el ayuno con el atracón a deshoras.
Parece mentira como nos enloquece este “dolce far niente” forzoso. Los introvertidos tenemos las de ganar pues dentro nada nos falta, pero al ser el humano criatura caprichosa basta el que se nos niegue algo para desearlo, así que andamos parejos con los “callejeros”.
Por lo que parece, queridos compañeros de celda, saldremos de ella convertidos en figurines pálidos o fornidas valkirias.
Si es lo primero volveremos a caber en el vaquero funda que ya no abrochaba y presumiremos de pandero.
Si la asquerosa báscula se pasa de la raya veámosle la ventaja a engordar un poquito, las mollas no solo se instalan en la cintura. 
Centrémonos en el aumento de pechos y luzcamos mejor escote que las vigilantas de la playa, aunque sea en secano.
Los señores también podrán dirigir los kilos extras a los músculos haciendo remo con el palo de la fregona.
Ni Popeye.
Por supuesto lo anteriormente dicho es intercambiable pues tetas, bíceps y mopas ya no son patrimonio de ningún sexo.  
Sobrevivamos que después ya pagaremos la cuenta.
D. W.      (L 20A 2020).


viernes, 17 de abril de 2020

TIBIEZA AZUL

(Relato/reto propuesto por Lamia Leopardo).
TIBIEZA AZUL
De una patada mandó la zapatilla a mitad de la calle. Luego otra y otra más hasta que el muchacho llegó a la puerta del colegio y abandonó su casual entretenimiento.
Allí fue atropellada por la bandada de niños que llegaban corriendo, arrastrando sus pesados carritos, luciendo aún en la cara pliegues de almohada.
Algunas madres se quedaron charlando un rato. A poco se dispersaron y la calle quedó en calma.
La zapatilla semejaba un animal abandonado ignorado por los transeúntes. Es sabido que solo dinero o algo brillante obliga a doblar el lomo.
Con un trotecillo alegre dos perros salchicha se lanzaron sobre el tierno zapato, tirando cada uno de un extremo en disputa por su posesión.
La voz de su ama los aplacó, “¡Poli, Femo, dejad de pelearos!”.
Llevaba en las manos una idéntica encontrada de igual forma dos calles más arriba, a los pies de un contenedor.
Les quitó el segundo botín como hiciera con el primero. Ellos protestaron pero Ama fue inconmovible. De ninguna manera los iba a dejar romper zapatos para que después la tomaran con los suyos.
De vuelta a casa metió los reencontrado en la lavadora, secándolos al sol de primavera.
Esa misma tarde rellenó con paja las zapatillas y cosió una anilla en cada talón para colgarlas en la ventana.
Unas semanas después la micropana azulada se llenaba de vida.
Dos familias aladas disfrutaron ese año los apartamentos mejor acondicionados de toda la ciudad. 
 D. W. 



jueves, 16 de abril de 2020

HILO

HILO
Bajó de la moto deseando quitarse el casco, siempre le aplastaba el pelo aunque estuviese recién lavado y domesticado. Tanto esfuerzo y tiempo para nada pero no trae cuenta bajar al centro en coche, cuesta más el aparcamiento que dos entradas de teatro.
“Además así llegamos en ná” había dicho su marido, incapaz de tener paciencia para esperar el autobús.
Mientras él anillaba las ruedas con el pitón ella se acercó a un Vespino cercano dispuesto de tal forma que el espejo se ofrecía a delatar mechones encrespados.
Un coche pasó a un centímetro, casi llevándosela. 
En ese instante percibió que hubiera podido morir y le entró risa. Su hombre al percatarse le regañó como si tuviera cinco años: “¡pero bueno, ¿estas loca?, ¿como no has mirado?”.
Ella seguía riendo, no solo no había sentido miedo sino que, a pesar de que podría estar muerta se dio cuenta de que le importaba un comino.
“Tengo el entierro pagado pero te iba a dar la tarde” soltó muy tranquila. El se enfureció, “a mi esas bromas no eh...”.
Extrañó la mujer no haberse soliviantado. La vida es más frágil que un adorno navideño de cristal pero las Parcas no meten la tijera hasta que del reloj de cada uno cae el último grano de arena. Acababa de comprobarlo.
Se vive de prestado pagando intereses y la deuda solo se salda entregando el producto hipotecado. 
Confortada por tenerlo asimilado esa noche durmió mejor que nunca.
D. W. 
*Relato publicado por la revista “El Observador” el viernes 3 de abril de 2020. 


martes, 14 de abril de 2020

MORIR SIN QUERER

MORIR SIN QUERER
Dicen quienes han estado en guerras que cuando un soldado es herido de muerte llama a su madre, no en vano la palabra suena semejante en la mayoría de las lenguas. Quizá en las dos sílabas de “mamá” encierre a todos los seres queridos que deja.
Leo que una médico de 28 años ha muerto contagiada por el maldito virus que nos ronda, sus últimas palabras las dirigió a su madre a través de un móvil, antes de ser intubada: “Tengo miedo de morirme, mamá”. No viene la respuesta en el artículo pero es de suponer la contestación: “no digas eso, cariño, estás en buenas manos, nada te va a pasar”.
Al día siguiente falleció.
Deseo que sus últimas horas estuviera sedada y pasara de un sueño a otro sin transición. 
De entre todos “los caídos” la destaco por haber muerto tan joven y cumpliendo el juramento hecho a su profesión. 
Llevo varias noches soñando con ella, la veo sonriendo como en la fotografía publicada y a la vez llorando porque, me dice: “yo me he muerto sin quererlo”.
Y me tengo que levantar porque creo ver en su rostro las facciones de los que amo.
La Parca es una arpía que se lleva a niños y jóvenes solo para demostrar que puede hacerlo.
Me llegan noticias de personas, conocidas y anónimas, que se pasan la cuarentena por la entrepierna, demostrando un total desprecio por el prójimo. Son unos cracks, la puta hostia de listos.
Gente como esa han matado a Sara y a miles de criaturas más.
De la trinchera del confinamiento se sale. Del ataúd no. 
Tomemos conciencia.
D. W.     (M 15A 2020).



lunes, 13 de abril de 2020

TRES COLORES

 TRES COLORES
Leí, no recuerdo donde, que en tiempos en el que izar la bandera republicana se pagaba con la vida se usaba como treta el tender la ropa lavada agrupada en su orden de colores.
El rojo fue tabú durante mucho tiempo, a Franco le daba alergia,  pero no se podía poner objeción a la falda de un traje regional, por ejemplo.
Ni al babero amarillo del chiquillo ni a la blusa morada de medio luto.
Así, en algún balcón amanecía a veces la bandera republicana, destazada pero reconocible, durante breve tiempo.
También se usaba el lenguaje de las flores. Geranios, claveles y petunias pregonaban con inocencia el deseo de la emancipación del pueblo.
Porque la Libertad no necesita blasón en tiempos pródigos pero sí en los difíciles donde comunicarse con señales o suspiros diferenciaba la vida de la muerte.
Necesitamos de los símbolos, inimaginable es un país sin su bandera y utópico el que todos pasemos bajo la misma como jurandos de la Humanidad en mayúsculas.
No mientras unos se crean superiores a otros estando hechos del mismo material, véase cómo nos hiere y mata un microscópico enemigo daltónico.
Patriota es el que mira por el paisano y el paisaje, quien alardea  dándose golpes de pecho avalado por cualquier religión, convencido de que “lo suyo” es lo mejor es un patriotero.
En el ochenta y nueve aniversario de la República por cuya defensa de ideales en igualdad murieron tantos españoles izo en mi muro sus tonos.
En este año del confinamiento con más bríos que nunca:
¡Salud!.
D. W.    (M 14A 2020). 


¿QUIEN PUEDE DECIRME...?

¿QUIEN PUEDE DECIRME...?
El poeta Marcos Ana cometió un pecado terrible:
“Quise llenar de Estrellas
El corazón del hombre...”
Por eso fue condenado a 23 años de prisión durante el franquismo. En la cárcel escribiría desolado:
“Decidme como es un árbol,
contadme el canto de un río 
cuando se cubre de pájaros...”.
Lo había ido olvidando tras el largo encierro.
Y yo os pido: traedme noticias del Parque, ¿sigue en su inicio el drago?, ¿está todavía el auditorio coronado por gaviotas, los bancos donde tantos novios se han besado?.
¿Existe aún esa vía larga que empieza en una plaza y termina en la Alameda?... no recuerdo su nombre... creo que la bautizó un marqués aunque ahora no caigo.
¿Seguirán Torrijos y los suyos bajo el obelisco, velados por Picasso y las palomas?.
Gracias a quien desde su atalaya da los buenos días con sabor a sal sé que el mar sigue en su sitio, igual y distinto, aunque puede que todo sea fruto de mi imaginación y las únicas olas estén en el moaré de las cortinas.
¿Habrá flores en los viveros, carteles anunciando teatro en las marquesinas?. 
Mi explorador esencial trae noticias del exterior y afirma que todo persiste aunque jamas fueron las calles más limpias y calladas. Pienso que me miente misericordiosamente. 
Creeré que mi vida anterior fue ensueño hasta que no vuelvan a pisar mis pies la ciudad donde he nacido. 
D. W. 


miércoles, 8 de abril de 2020

VELEIDADES

VELEIDADES  
_”¡Mamá, que la niña me ha pintao de rosa el caballo del sheriff!”, vociferaba Arturo Júnior y así era, su hermana se había entretenido en  cubrir el juguete con esmalte de uñas “Orquídea sinuosa”.
A la madre que parió a ambos casi le da un síncope porque la pintura de marras era un Chanel de 40 € el frasquito y sin empezar. De paso se había echado dos lamparones sobre el vestidito Dior Kids. Hizo acopio de paciencia porque demasiado buenos eran llevando confinados tantos días.
_”Estefania, las cosas de los demás no se tocan sin permiso, pídele perdón a tu hermano”.
_¡Perdón no sirve... Johnnie no puede montar un caballo así, se reirían los indios!”, lloriqueó júnior.
_”No se hable más, en cuanto se pueda salir te compraré otro... con el dinero de tu hucha” dijo señalando a la niña. 
Esta calló sabiéndose bien parada pero pidió por favor quedarse con el caballito.
Paso a ser su juguete favorito. Con paciencia horadó con las tijeras la equina frente para insertarle el colmillo de un rinoceronte al que el yorkie de la familia, con más mala idea que carnes, había roído las patas, convirtiendo así al equino en un unicornio. Papá le ayudó con el pegamento de dos masas. 
Lo vestía con las ropas de las Barbies, dormía con él y lo metía en el baño.
Al terminar el confinamiento estaba bastante estropeado, hay amores que absorben como vámpiros esdrújulos.
Cuando por fin pudieron visitar al abuelito este les tenía preparados un regalo a cada uno. Un hermoso corcel para el niño, digno del mas valiente cazador de recompensas y un lindo unicornio de cola sedosa para la pequeña artista.
El caballito frankenstein quedó en el olvido.
_”Pepa, llévese si quiere ese juguete para su niño”, dijo la señora a su asistenta.
Esta dándole las gracias lo metió en su bolso.
Al bajarse del autobús lo tiró con desprecio quedando por azar sobre una barandilla, como un viejo semental de carreras incapaz de saltar más obstáculos. 
Se dice que lo vieron en el Rastro sobre una vieja alfombrilla, después se le perdió la pista.
Quien sabe si algún chiquillo le ha vuelto a insuflar vida. 
D. W. 
*Vuelvo a aceptar tu reto, Lamia Leopardo. 


martes, 7 de abril de 2020

ARDIENTE FE

ARDIENTE FE 
Jueves Santo en Málaga. Calle Mármoles hierve de pueblo anheloso por ver a su virgen de Zamarilla. 
El Joaqui tiene dieciséis años y quiere pedirles moco de vela a los nazarenos, comer limones cascarúos y adelantar los tronos para verlos doblar esquinas. 
De toda diversión se ve privado al tener que acompañar a su tía, ciega por su vejez y porfiada en que salir de promesa tras la Señora le devolverá la vista
Además debe alargarle el bocadillo a su primo que es hombre de trono y necesita combustible. Un planazo.
Mientras, sus colegas se la pasan requebrando a las mantillas, que se muerden los labios para no reírse.
El hermano mayor las ha aleccionado:
_”Aquí toas serias, que esto é cosa bien formá”. 
Van en batería de a seis con las bonitas en el centro, las cardos a los lados protegiéndoles la virtud. Hay maridos celosos que piden ex profeso que su costilla vaya custodiá, siguiéndolas todo el recorrido por si algún malaje se mete con ellas. 
A todo esto es ajeno el Joaqui atarragando del brazo a su tía a la que el empedrao en pie de media le hace andar como un pato. Se le ha antojado además llevar velita para dar más fuerza a su petición.
_”Tú tendrá cuenta de que no se la meta por el sentío a naide, ¿verdá, ío?”.
Asentía el muchacho, por aquellos entonces se acataba toda orden de los mayores.
La tita iba rezando y el Joaqui más aburrío que un mono pero al liquindoi cuando la vela se acercaba demasiado a la de enfrente,  que resultó ser una jamona tocada con velillo. 
Llegó el momento convenido para dar el refrigerio al primo, 
_”Tita, apague osté la vela mientra voy a darle er bocaillo ar Pepe”.
_”Ni hablá, se tiene que consumí de una vé que si no no sirve”.
_”¡A vé si vamo a tené un sentí!”.
_Anda niño, vete liero, que la santísima nos protege”.
Obediente hizo lo que le mandaban. 
_”¿Pero como lah dejáo sola?”, se espantó el Pepe trasegando un cacho jamón demasiado largo.
A esto se oye un revuelo:
_”¡Corre Joaqui por tuh muehto, a vé si é ella”.
En un achuchón la vela había prendido el velillo de la otra penitenta, que en segundos se hizo ascua de luz.
Las prójimas lo apagaron a golpes de rebeca.
Quedó la pobre tirada en el suelo, más dolorida que chamuscá. 
_”¡A quien ze le ocurre darle candela a una ciega!”.
La aludida, con los blancos ojos asombrados llamaba a su sobrino. No le hacía falta ver, el pitote y el olor a moño quemáo la habían puesto al tanto.
_”Venga tita vamono, la Vinge ya ha visto su voluntá”.
_”¡Si, la de dejarme carva, so ia de lagranputa!” gritó la víctima.
Nunca supo el Joaqui como su tita pudo correr tanto.
D. W. 
*Este relato fue publicado por la revista “El Observador” el viernes 3 de abril de 2020. 
Fotografía propia de al autora del texto. 


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