jueves, 26 de mayo de 2022

TXORITXOA (PAJARITO)

 TXORITXOA (PAJARITO)

 

Al volver de ese viaje a Sudáfrica, emprendido para buscar sus raíces, traía el cabello distribuido en trenzas adornadas con cuentas de colores. “Ese peinado no te favorece” -fue mi saludo-“¿es lo primero que se te ocurre decirme?” reprochó. Si en veintisiete años no he aprendido a ser madre, ya no lo haré. 

Cuando por vez primera pusieron sobre mí ese pedacito de carne ensangrentada y llorosa pensé que era de mentira. Sin el cuerpo dolorido y el vientre desbordado hubiese negado la maternidad.

Con su edad yo vivía en Nueva York, una ciudad enloquecida comparada con mi serena Donostia, batallando para ser cantante de ópera. Había heredado de mi aita el amor por la música y él fue consciente de que yo poseía un don para con ella, así que vendió el caserío familiar para matricularme en el Actors Studio; una prima donna debe saber moverse en escena.

Al fin logré debutar en un papel secundario, pero lucido, en la Palm Beach Ópera de Florida, y con buenas críticas.

Aita no pudo disfrutarlo, se me muere tres días antes y afronto la premier sintiendo sus dedos rozando mi garganta: sostén la nota, Txoritxoa. La Callas me reta desde el tocadiscos, estoy en el escenario bajo una lluvia de flores y revolotea mi voz hasta que aita la retorna al nido con aplausos. Lo que aventuramos juntos, se hizo realidad.

Tras los bises, la compañía propuso celebrar el éxito. Yo, que había callado mi luto, los esquivé, quedando a oscuras para llorar en el inmenso camerino común. El susurro del pañuelo llegó antes de vislumbrar en el espejo la mano que me lo ofrecía. Di las gracias al tramoyista, un dios de ébano deseado por los compañeros de ambos sexos que, sin embargo, optó por mí.

El sombrío apartamento de Queens se convirtió en un lugar luminoso hasta que el tramoyista dirigió el foco hacia otra intérprete.

 

El feto oprime el diafragma, 

roba energía, 

quiebra las alas de Madame Buterfly.

 

Aquella cocina apestaba a insecticida, tanto que vomité. Su dueña me abofeteó para que le pagara, aunque yo hubiera cambiado de idea. Arrojando el dinero al suelo bajé corriendo las escaleras, rezando al diablo para rodar por ellas.

 

Nevó la mañana que nació mi hija; la luz reverberaba en los ventanales del hospital mientras una criatura endrina torcía mi rumbo sin pedir permiso. Fue el olor de su sangre, perpetuando la de su abuelo, lo único que me decidió a aceptarla.

 

Volví a España a enseñar canto, me congelé la vida. Mi hija y yo somos como dos desconocidas que coinciden en un tren. Nunca la he llamado Pajarito.

 

Recuerdo el instante en que la tuve sobre mí, el arrepentirme de la cobardía que me invadió en aquella sucia cocina. De alguna manera ella lo intuye y no sé cómo restañar esa deuda.

D. W



jueves, 19 de mayo de 2022

EL PATER CONCILIADOR

 EL PATER CONCILIADOR  (cuento al estilo de antaño)

Un rico labrador se hallaba henchido de alegría pues su mujer acababa de darle un hijo varón, primero de sus frutos. Ya tenía quien heredara la hacienda y perpetuara su nombre y estirpe.

Sin embargo, un reconcome le enturbiaba el ánimo pues, como celoso cumplidor de los mandatos de la Santa Madre Iglesia, no podía yacer con su señora ni dormir junto a ella siquiera para solicitarle algún consuelo hasta que concluyese la cuarentena y cumpliera con su purificación. Dos semanas faltaban aún para ello y no veía el fin, hecho el cuerpo ya a los alivios que proporciona el matrimonio. 

Un vecino suyo, viejo socarrón, se reía de su pena.

   —¡Haz como todos, ve a solazarte con las rameras del pueblo que para eso están!

Escandalizado, el mentado dijo que semejante cosa era ir contra la santa promesa que hiciera a su esposafrente al altar de Dios, en presencia de los padres de ambos y con toda la aldea por testigos.

   —No me seas quisquilloso que no se va a percatar, luego te confiesas con el fraile y santas pascuas. Recuerda que semen retentum venenum est.

Sabias creyó esas palabras, que niño que quiere y padre que lo achucha” es lo que tiene, y dando a su mujer pretexto de negocio ineludible se fue a la mancebía.

 

   —Muy risueño te veo, marido, buen negocio harías -dijo su prójima al verlo volver tan contento.

   —Satisfecho vine, señora, cierto es -le contestó poniéndosele las puntas de las orejas coloradas. Con este hecho, a la recién parida le crecieron las suyas como liebre ante podencos, pero en semejanza a su madre y la madre de su madre y a esta la suya y así llegando hasta nuestra Madre Eva, se calló las suspicacias, que antes se alcanza a un mentiroso que a a un lisiado.

No le hizo falta indagar, pues la piadosa costumbre que las mujeres tienen de socorrerse unas a las otras, vino en su ayuda. Varias vecinas le fueron con el cuento, si bien hiciéronlo con sumo tacto, para que el mal trago no cortara la subida de la leche.

   —Debes prepararle escarmiento, no es de Dios que una se desangre piernas abajo mientras ellos se divierten entre las de otras, además que lo gastado en ellas menoscaba tu hacienda -aconsejaron aquellas pías almas.

Púsose la puérpera a pensar, luego pidió que le trajesen al fraile para pedirle consejo en esta tribulación con la promesa de que, de ser efectivo, sería bien recompensado. Una hora larga permaneció en confesión el Ama y a la partida del religioso ya se hallaba confortada y con algún doblón menos en la gaveta.

Llamó al Aya, que era de su ciega confianza pues fue quien la acogió en su halda cuando salió de las entrañas de su madre, mandándola que fuera a comprar a la Tía Veremunda, la yerbera, ortigas secas para hacer polvo con ellas. Sabiendo la hechicera que servirían para escarmentar a un hombre de calzas flojas lo hizo muy a gusto y añadió algún pique más conseguido sabe el demonio dónde. La propia esposa espolvoreó con él las ropas y el lecho del dueño.

 

Surtió efecto “el hechizo” que el hombre no paraba de rascarse, saltando la piel al contacto de las uñas como el carpintero saca lonjas a la madera con el formón. Desesperado, hasta llegó a lavarse, aún no siendo Pascua, sin notar consuelo.

Ella, disfrutando con su desgracia, le dijo dulcemente: “pareciérame, marido, si no conociera que eres hombre cabal, que has contraído purgaciones”.

Palideció como un muerto ante esas palabras, pero pudo disimular su miedo. El vecino que tan buena dirección le proporcionó no supo darle más remedio que restregarse con agua bendita sisada de la pila, pero visto que pasaban los días y las aún más terribles noches, y la irritación iba a más decidió acudir a la Iglesia, confesando al fraile de donde creía venir su mal con la esperanza de obtener perdón, sobre todo por poner fin a la infame comezón que pregonaba su falta.

El Fray, venerable varón, después de oír el pecado ordenó al pecador:

“Hijo, debes seguir con escrupulosidad mis mandatos: ve al río esta noche y báñate, frotándote después con esta pomada que hacemos en el convento para las sobaduras que el mal herraje hace en las bestias” -al ver la cara de repugnancia del otro le regañó- “y no hagas ascos que es milagrosa”. Con parsimonia prosiguió- “después quemarás la vestimenta que llevares, cubriéndote las vergüenzas con ropajes, no solo limpios, sino a estrenar, como símbolo de renovación, así sanará tu cuerpo, pero he de advertirte que como forniques otra vez con mujer ajena ya no habrá salvación y en tres días irás a la tumba, condenada secula seculorum tu alma al infierno”

El labrador asentía a todo con la cabeza baja y rascándose más que el mono de un titiritero. El Fray, una vez obtenida la promesa de expiación y de arrepentimiento, terminó su discurso con la absolución: “de penitencia te impongo que glorifiques cada año a Nuestra Señora del Monasterio con una bolsa de doblones por sus vísperas. Ego te absolvo, potes abire in pace. Amen”.

No hay que contar que así lo hiciera, sin saltarse ni una octava.

Mientras el hombre hacía las abluciones en el río el Aya cambió sus sábanas, saneó las prendas y baldeó su cuarto a conciencia. A poco el picor y las ronchas desaparecieron.

A la esposa dijo que regalaría con gusto a la Patrona cada víspera tan opíparo exvoto en agradecimiento de que saliera indemne de este y de venideros partos la que tanto amaba. Y ella le correspondió la fineza, que no era mujer rencorosa, sentimiento que no cabe en un corazón noble. 

El cristiano matrimonio fue bendecido con muchos hijos. Durante las cuarentenas, si el esposo se notaba enfebrecido, se ponía a remojo en una tina, fuera invierno o primavera.

 

Decía para sí el Fray mirando a las alturas y sopesando la bolsa, “quién confiesa a marido y a mujer, de los dos se hace amo”.

Que las putas iban buenas bien lo sabía él que cantaba con ellas los maitines.

D. W 

 


 

jueves, 12 de mayo de 2022

PARÁBOLA DE LAS DEFECTUOSAS

  

PARÁBOLA DE LAS DEFECTUOSAS

Día Mundial de la Fibromialgia y la fatiga crónica: 12 de mayo

 

De cada cien muñecas que fabricaba les eran devueltas entre tres y seis. Eran tan bonitas como las otras, pero el problema residía en la cuerda. A las pocas veces de dársela se rompía, dejando de andar y con el sonsonete que acompañaba el movimiento sonando a menos revoluciones. 

“Defectuosas” era la palabra escrita en el cajón en donde las iba dejando. Ya había intentado arreglarlas, pero costaba más eso que hacerlas de nuevo. Y como estaban formadas de un solo bloque de plástico ni para piezas servían.

“¡Sois unas porquerías, me habéis hecho perder dinero!” gritaba el juguetero al verlas. Y era cruel con ellas a pesar de ser el culpable de su tara pues de sus manos salieron. 

Un día él mismo se sintió enfermo, sin energía para seguir trabajando y con unos dolores por todo el cuerpo, que, aunque no eran muy fuertes todo el tiempo, jamás paraban impidiéndole dormir, comer y hasta asearse. Todo el pueblo lo compadeció, pero tras muchos meses de verlo siempre así, empezaron a protestar “que si es un holgazán, que si un mentiroso, que si un exagerado, que si…”

Decidido a no molestar más ni ser una carga fue una noche al almacén a colgarse de la viga maestra. Ni para eso tuvo fuerzas y se puso a llorar maldiciéndose. En esto vio la caja de las defectuosas y se sintió como ellas. Una por una las fue probando. Todas funcionaban a la perfección; aunque la cuerda les duraba mucho menos eran válidas, únicamente se debían dejar descansar entre juegos.

Él también aprendió a trabajar cuando sus fuerzas estaban activas y a parar en cuanto notaba que aflojaban. El dolor, que nunca dejó de morder, se domesticó algo al equilibrar los esfuerzos. Así consiguió seguir siendo productivo, aunque a su ritmo y con fármacos. Si alguien le echaba en cara su menor rendimiento contestaba: “cada fruta madura en su época”.

Las muñecas lentas, al ser piezas raras, triplicaron su valor.

 

*Sirva esta parábola para explicar qué es la fibromialgia: enfermedad de las llamadas “raras”, de origen idiopático, es decir, desconocido, que se define por un dolor perenne y generalizado, soliendo ir acompañando de una fatiga crónica insuperable ni aún con reposo. El día dedicado a ella, desde 1993, es el 12 de mayo, aniversario del nacimiento de Florence Nightingale, creadora del oficio de enfermería.

La fibromialgia y la fatiga crónica afectan entre el 3% y el 6% de la población mundial. Al no existir una prueba convencional que la diagnostique, los enfermos suelen pasar por vagos o fingidores, cuando la realidad es que es bastante discapacitante.

Solo el aceptar la enfermedad y sus limitaciones acoplándose a los periodos de alivio y sobreviviendo con paciencia a los brotes, se llega a llevar una vida casi normal, aunque sin el apoyo de los próximos es más difícil. Se ceba principalmente con el sexo femenino (un 90% de los afectados son mujeres).

D. W

#NiFlojasNiVagasEsUnaEnfermedad

#FibroRarasAMuchaHonra

#PonteEnMisZapatos



 

jueves, 5 de mayo de 2022

RE-NACIMIENTO

 RE-NACIMIENTO 

(Trescientos sesenta y cinco jornadas desde el incendio de una librería)

 

Dijeron, los que vivían cerca, que el olor a quemado los alertó. Sin embargo, no consta que nadie apercibiera los gritos espantados de Lolita ni los chapoteos de Moby Dick para remover todo un océano, salpicarlo fuera del libro y apagar las llamas. Don Alonso Quijano alias el Quijote pensó que los lengüetazos rojizos eran los resplandores de Aurora, aunque fuese prima noche y no hizo por huir, consumiéndose allí mismo por los pies de página, junto a Sancho que aún sabedor de la tragedia se negó a dejarlo solo.

Las gentes de aquella ciudad despertaron con los hombros cubiertos de ceniza. Al cepillarlos caigan letras al suelo. Las aristudas se quedaban enganchadas en la ropa. Las redondeadas rodaban debajo de los muebles y los coches. Cuentan que los bomberos tuvieron que despegar de las suelas de sus botas alfabetos enteros, enredados entre sí como zarzas; a las grafías más intoxicadas hubo que practicarles el boca a boca para reanimarlas.

Muchos libros murieron aquella madrugada luctuosa, pero, incluso antes de que desapareciera el triste humo de la incineración, sucedió algo maravilloso. Todo el mundo se puso a barrer con cuidado las letras, a engrasarlas con tinta y guardarlas a salvo dentro de sobres: pequeños para las minúsculas, grandes para las mayúsculas. En cucuruchos de papel de estraza para la tipografía grande de los títulos. Los acentos, junto a toda la puntuación, en tarros reciclados de cristal convenientemente enjuagados y secos, con tapaderas de lata agujereadas para que respirasen.

Maestros y magas escribidores llegaron de todas partes del país a dibujar su nombre en las blancas hojas de cortesía de los libros salvos. Infinidad de lectores hicieron colas larguísimas esperando recibir el maná de losrenacidos infinitos en un junco. 

El dueño de aquellos personajes heridos supo reconstruirlos machihembrando todas las cosechas de signos que la ciudadanía le llevaba en cestos de mimbre, forrados para que no se escurrieran. Podía verse, junto a sus ayudantes, inclinado hasta muy tarde sobre el mostrador chamuscado engarzando nuevamente las hojas huérfanas en sus libros.

La lejanía lo parece más mirando hacia el futuro que revisando el pasado, pero esta desgracia aconteció tan sólo hace un año.  

Hoy, tras una vuelta al sol, las cosas parecen volver a su ser. Otros Quijotes se asoman a la luna del escaparate. Las ballenas esperan sumergidas a ser devueltas a la vida por ojos lectores y las Lolitas siguen balanceando sus escurridas caderas dentro del hula hoop, bajo la vieja muralla de piedra.

Prometo que esto que narro como un cuento acaeció de verdad, quedando recogido en las crónicas inmortales, para que generaciones venideras recuerden que las leyendas están vivas. 

D. W






martes, 3 de mayo de 2022

“EL PELIGRO DE ESTAR CUERDA”

 “EL PELIGRO DE ESTAR CUERDA”

Autora: Rosa Montero 

Género: Imprescindible 

Edit. Planeta/Seix Barral

Primera Edición (con herida luminosa) Abril 2022

 

“El peligro de estar cuerda” es el último libro publicado por Rosa Montero, y digo “publicado” porque estoy cierta de que en su cabeza tiene ya terminados todos los demás que desea escribir, esperando turno para ser paridos.

 

Este libro, que no es ensayo, ni novela, ni autobiográfica ni ficción sino todo lo contrario, trata de las “enfermedades” mentales, de los raros y de esas gentes a las que se diagnostican como PAS (persona de altas sensibilidades) que no tienen nada que ver con los ofendiditos que saltan a la primera que no les cuadra, sobre todo en Redes. Rosa se pone como ejemplo a sí misma, seguida de una pléyade de exquisitos “locos”, obsesivos, perfeccionistas, adictos, depresivos y suicidas, demostrando que bordear “el lado salvaje de la luna” como canta Lou Reed (al que una voz procedente del solitario asiento posterior de su coche ordenó que dejara de beber) es resbaladizo.

 

Decir que la Montero es una de mis escritoras preferidas es poco, pues tengo muchas, pero afirmar que es a la que más aprecio no es exageración. Aprendí a afrontar el duelo con “La ridícula idea de no volver a verte” y me volvió la mirada violeta con “Historia del rey transparente” y sus otras novelas. Ahora, con este “peligro de cordura” ha sido tan GeneRosa (como la llama otra escritora amiga con la que comparte nombre) de contar su paso por la estrechez de ese tubo negro que son los ataques de pánico. Yo los sufrí y solo al leerla he sabido identificarlos. La salud mental en España, en lo que concierne a la pública al menos, se limita a repartir drogas y a fomentar la sensación de culpabilidad por “estar loca” administrándote frases navajeras: “estás así porque no pones voluntad para mejorarte” o la socorrida “tienes que animarte y salir”. 

 

Hoy puedo hablar sin eco desde fuera de ese túnel, pero no desde luego por la ayuda prestada por los médicos. A mi me salvó el escribir y no es que me sienta segura de que no me vuelva esa angustia, sino que he aprendido a canalizarla. 

Dice Rosa que creatividad y locura son gemelas; genios como Virginia Wolf se quitaron la vida por miedo a ella y sobre todo a los tratamientos agresivos que podían matar la capacidad de inventar historias, así lo confiesa empezando: “Siempre he sabido que algo no funcionaba bien dentro de mi cabeza” y que para comprenderse decidió estudiar psicología. También dice que sentía terror de que la “curaran con tanto acierto” que destruyeran el chisporroteo mágico que bulle en su azotea y del cual salen esas historias magníficas. No en vano, al publicarse su primer libro, dejó de ver ese fantasma

Por desgracia no a todos los creadores les salva su obra. A otros sí, al menos en parte como a Emily Dickinson que aprendió que ser mujer y escritora era posible leyendo la obra de la poeta británica abolicionista Elisabeth Barrentt.

De este encuentro nació el poema del que uno de sus versos titula este libro:

 

Yo creo que fui Encantada

Cuando por primera vez

Niña sombría 

Leí a aquella dama Extranjera 

Lo Oscuro —sentí hermoso— […]

Fue una Divina Insania

Si el Peligro de estar cuerda

Volviera yo a experimentar

Es antídoto el volverse —

Hacia Tomos de Sólida Brujería 

 

Yo, al igual que Elisabeth a Emily y salvando la gran distancia por mi parte, agradezco a Rosa Montero el haberme señalado con su dedo semejante resplandor.

Por cierto, Rosa es juguetona, como sabemos sus seguidores, ni la ficción es tan ficticia ni la realidad aparente de lo narrado en algún pasaje podría ser tan real.

Yo no puedo dejar de recomendar la lectura de “El peligro de estar cuerda” tanto a los PAS para que descubran que lo son y se sirvan de esta cualidad como a los que no lo sean, pues así comprenderán a los incomprendidos, o incluso, para su sorpresa, se reconozcan en ellos.

D. W 



LES ESCUECE

  LES ESCUECE El reloj me dice que son las cuatro y veinte de la madrugada. Llovizna con timidez  en Madrid, oigo las gotas quebrase contra ...