martes, 31 de diciembre de 2019

CÍRCULOS

CÍRCULOS 
Volver a los diecisiete
después de vivir un siglo 
es como descifrar signos
sin ser sabio competente...”
Los versos de Violeta se desgranaban en la casete una y otra vez con la voz de Rosa. A esa edad se coreaban por ser hermosos.  
En la madurez se perciben luminosos y proféticos.
Mayoría de edad, primera Nochevieja tan nueva como la libertad novata. 
A estrenar perfume, tacones y el primigenio amanecer fuera de casa, reflejado en el mar. Una cenicienta libre de encantamiento, con permiso para trasnochar. 
Iniciáticos amores, libaciones de champán en la cena inexcusable de cotillón incluido. Ni esperar a tomar las uvas, pasar de un año a otro haciendo el amor, con la sorpresa de tocar otro cuerpo en la misma cama extraña.
Desayunar chocolate y churros para cuatro entre dos, hambrientos una vez satisfechos, limpiándose los labios mutuamente a besos.
El flujo de la vida sigue. Siempre habrá quien tenga diecisiete nocheviejas y empiece a contarlas hoy. 
La vida es una anguila escurridiza que se muerde la cola.
D. W. 

lunes, 30 de diciembre de 2019

ALUMBRA QUE ALGO QUEDA 1970

  ALUMBRA QUE ALGO QUEDA  (1970)
Aunque árbol y Nacimiento llevaban dos semanas puestos Manolo no había conseguido aún solucionar la iluminación..
La obra la firmaban parienta y suegra encabezonás en dejar la casa como el extra de Navidad de ”EL MUEBLE”.
Las formalidades técnicas (léase poner las luces) se la dejaron al hombre de la casa que de eso no tenía ni puñetera idea.
Trajinaba con los cables cada noche mientras la familia veía “Pasaporte a Dublin” pero no daba pie con bola.
—¡Que hoy suben loh vesino a vé lah campaná!, -apremiaba la parienta.
Con panorama de dos teles en tol barrio.
El Manolo se afanaba en el trabajo del parto mientras sus hijos, que eran muy chicos, lo miraban expectantes. 
—Veréi que bonito, papá va a encendé, 3...2...1... ¡PUM!.
Humarea negra y apagón general en toda la finca. Hubo que abrir el balcón a pesar de la rasca.
Los críos lloraban, la mujer piaba “¿Cas jecho, Manolito?”, buscando a tientas una vela mientras la vecindad en pleno subía las escaleras dispuesta a lincharlo. 
—Un lestrisista hace farta, pero ¿ahonde buhcamo a esta hora?.
La suegra metió baza.
—¡Er Marcelino!, cusha,...  lestrisista no é pero entiende un rato de lú.
El Marce siempre estaba en el bar faltándole dos dedos para rebosar de solysombras.
Aún así lo llevaron al lugar del siniestro. 
Después de hurgar entre ovejas, montes de corcho y espumillón dejando Belen y abeto como si los hubiera hecho Picasso se puso frente a los contadores tambaleándose.
No se sabe como pero la Luz se hizo. 
—Darme argo pa selebralo, ¿no?, que estoy sequito, - decía ufano. 
Se fue con dos botellas del “El gaitero” bajo los sobacos rehusando cobrar un favor entre vecinos porque no era lestricista. 
Por fin pudieron cenar el besugo, que se queda frío mientras se batalla para desespinarlo, pero como es tradición se aguanta una. 
Al poco la casa se llena de gente, el tinglao sigue tan oscuro como los cojones del Lele pero la tele anda que es lo principal.
El incendiario se atraganta más con las puyas que con las uvas. 
Bien está lo que bien acaba.
D. W. 
*¡Por un luminoso 2.020! 🥂🍾!

domingo, 29 de diciembre de 2019

LA BOLSA DE LA VIDA

 LA BOLSA DE LA VIDA
Último domingo del año. Nos quedan dos almendras y otra en la boca, esperemos que ninguna sea amarga.
La mañana del uno de enero nos rellenan el depósito.
Trescientos sesenta y cinco frutos, este año uno más, para  alimentar la vida a unidad por jornada.
Vienen revueltos, de manera que no sabes si te llevas a la boca una pipa o un piñón hasta que no lo muerdes.
Se tragan como en el cine, sin saborearlos.
No se pueden mascar a puñados, volver a meter el que salió ni saber cuántos quedan aunque deseemos que las suficientes para que coincidan con el calendario en uso.
Este año tiene eco, 20 20 así que reflejará sus disposiciones en cualquier obstáculo y volverá, regalándonos segundas oportunidades. Esperanza da creerlo.
O pareceremos tartamudos como la pobre ninfa causando mofa a Narciso, al que dieron morcilla pues pagó cara su altivez.
Ahí precisamente está el misterio, en la ignorancia supina de lo que nos va a acontecer.
Mortales somos y por ende frágiles, ni al más poderoso se le asegura que la bolsa esté llena y el contenido perfecto.
Cada cual con lo que reciba que haga lo que quiera.
O lo que le dejen.
D. W. 




sábado, 28 de diciembre de 2019

BROMISTAS

BROMISTAS
Medio año lleva trabajando en esa oficina tan vanguardista transplantada en la mejor zona de la ciudad. 
Nació con algo más y eso tratándose de un cromosoma han convenido que es malo. Down le llaman aunque muchos aún dicen subnormalidad.
Ella cree que está mal dicho, si la cuestión es que les sobra debería ser supernormalidad. 
Gracias a convenios de integración había conseguido el puesto. Aunque estudió magisterio su tarea consistía en traer cafés, repartir paquetería y cuidar que todos entregaran sus informes a tiempo y debidamente cumplimentados.
La jefa decía que sin ella la oficina sería un caos.
Cierto es que los compañeros le gastaban bromitas, “míra que faldita trae la niña”, “¿ligas solo con downs?”, ¿Vienes solita al curro?” pero estaba segura que sin maldad incluso lo de aquel domingo cuando la emplazaron de madrugada para un trabajo especial.
El moderno edificio iluminado por dentro exhalaba vahos de luz. A las cinco de una mañana invernal solo se presentó el frío para  agrietarle los labios.
Estuvo allí, sentada en los escalones tres horas hasta que se le ocurrió llamar a la jefa.
_”¡Cabronazos!”, oyó al otro lado del móvil y un suspiro, “toma un taxi y vete a casa yo lo pago, te han gastado una broma cariño pero ya nos encargaremos”.
Desde un coche la espiaron. Venían fumaos de la discoteca y se partieron de risa viendo a la tonta allí aterida.
Una semana estuvo de baja con gripazo. 
_”Eso es por dormir con el culo al aire downsita” le dijeron.
Ella fue la encargada de entregar las cestas de navidad. 
“Debe haber mmm constancia de que la habéis recibido, me ha dicho la supervisora que tenéis que firmar el mmmm recibo”.
Los brindis de la cena anual eran propios para discursos. La jefa agradeció la asistencia y sobre todo “la enorme generosidad manifestada al renunciar a la paga extra en favor de la asociación ”Más no es menos”.
El estupor disipó los vapores del vino.
_”Lo hicisteis constar al firmar el recibí de la cesta. Nuestra compañera es la escogida para recoger el cheque”.
Sobrada por su trisomía subió al estrado.
_”Gracias mmmm compañeros, vuestro gesto ha vuelto mmm a  dejarme helada”. 
D. W. 

viernes, 27 de diciembre de 2019

INOCENTES

INOCENTES
Todos los años la víspera del 28 de diciembre mi abuela nos hacía la misma advertencia: “mañana é er día loh tonto, ¡no ó fieí de ná de lo que ó digan!.”
Jugaba yo a recortar muñecos de papel y pegarlos en las espaldas de mis mayores, fingiendo estos que no se daban  cuenta para después de un rato simular sorpresa: “¡Anda, como mas engañaó!”. Yo me reía creyéndome avispada.
Hoy los adultos seguimos haciéndonos los lilas. 
Nos dicen que debemos beber al día tres litros de agua embotellada y ahí vamos, llenando los bolsillos del listo comprándole continentes de plástico.
El agua es derecho de toda criatura, aún así se las apañan para que paguemos por ella y enguachinnarnos sin necesidad.
Inocentes.
Las apuestas de azar son publicitadas como ligero entretenimiento por próceres recauchutados, parásitos de esta  sociedad acojonante al grito de “juega para ser rico y feliz”. 
Pronto la realidad muestra que producen perdedores y enfermos, los únicos agraciados son los que nos manejan. Lo hacen tan atractivamente creíble que entra sin vaselina.
Inocentes.
No se me olvida el nacimiento napolitano del Bellas Artes de San Fernando en Madrid. Una escena recrea descarnadamente la matanza de niños ordenada por Herodes. Las figuras son excepcionales pero no pude mirarlas más de un minuto.
Los rostros desencajados de las madres, el sadismo de los asesinos y la estupefacción de los infantes que pasaban de los pechos protectores a la sangrienta espada fueron demasiado para mí.
Es mejor no mirar lo que incomoda.
Hacerse la tonta para no ayudar ni pringarse.
Tragarse lo que otros mastican para no desgastarse los dientes.
Conviene, a sabiendas, mantenerse inocente.
D. W. 


jueves, 26 de diciembre de 2019

CIFRAS Y LETRAS GORDAS

CIFRAS Y LETRAS GORDAS  (1985)
“Mire usté señorita, de ninguna manera consiento que eso siga ahí. Me tapa la vista solutamente. Compré este piso porque domina toa la avenida y ahora con el letrero que han colocao SIN MI PERMISO, me veo privá de ver a mi hija ende que sale del coleio hasta que cruza pa cá. Como no lo quite la denuncio”.
La empleada del despacho de lotería se tragaba la perorata  mientras la niña que acompañaba a la quejosa hacía lo propio con una descomunal rebanada de pan con manteca colorá.
“Imposible no ver a esta criatura con ese volumen” pensaba.
“Lleva usted razón” dijo conciliadora “se lo diré a mi jefa. El caso es que preguntaron al portero y dijo que si”.
El mentado había asegurado a los instaladores que “no había  problema”, como se ve sin consultar a la vecina Vigía . 
La dueña mandó quitarlo encontrándose la empresa de marras   cerrada hasta después de Navidad.
Contrató a unos manitas que lo bajaron pero la cuestión era donde dejarlo. Lo entraron en el despacho y a lo largo no cabía, de pie podía resbalar y desgraciar a alguien.
Terminó atravesado de manera que los “ludopáticos” debían acceder a ventanilla saltándolo. 
Lo peor era que la administración, recién abierta, pasaba desapercibida sin luces, disuelta en la inmensidad del descampado con bloques a medio levantar.
Eso sí, con tres bares.
El luminoso, apagado y tendido, parecía un sarcófago. Más de dos metros abatidos por una niña glotona y su mamá. 
No hay enemigo pequeño.
La jefa achuchaba, “¡Tienes que vender como sea!”, menguando  su sueldo a propina.
Solo compraron el portero, los que hacían barra y su familia por ayudarla en el trance. 
Fortuna es caprichosa y allí cagó el primer premio.
La  foto del periódico no le hacía justicia, aplanados sus rasgos por el flashazo pero se veía perfectamente el cartel:
                                        EL GORDO 
                                     VENDIDO AQUÍ 
Se largó la lotera subalterna fundando una papelería con sección de libros y cuentos, saltando de la pecera a un océano alfabético cual sirena de dos piernas.
Encargó un letrero medido exactamente a la fachada y llamó a su tienda “LA VIGÍA”, por supuesto. 
Dela Uvedoble

*Este relato fue publicado por la revista “EL OBSERVADOR” el 20 de diciembre de 2019. 

sábado, 21 de diciembre de 2019

ODA AL CALDO

ODA AL CALDO 
No bien acaban de empezar a helárseme los pies sé que ha entrado el tiempo de poner puchero.
Además religiosamente, cada semana. Nada más reconfortante en los días invernales.
Yo lo tomo en cuenco, así me calienta estómago y manos a la vez. Me procura casi el mismo trabajo que un parto el joío pero después, como los hijos, abundantes satisfacciones.
Una mañana paso cortando la encendida zanahoria, el humilde nabo, la rotunda papa, el perfumado apio, la ingenua judía verde, el cilíndrico puerro y la brava cebolla. 
Bien lavadas y cocidas a fuego lento como hacía mi abuela tengo resueltas las cenas de varios días.
La blanca habichuela y el orondo garbanzo lo llenan de proteínas. Pocos platos más completos.
No me canso, que no. Con sopas, tostones fritos, pasta o simplemente bebío.
Y si la hierbabuena lo aromatiza mejor. 
Si quiero caldo, si. 
Y el puchero a mi cabecera. 
D. W. 

viernes, 20 de diciembre de 2019

OJOS APROPIADOS


OJOS APROPIADOS 
“Le presentamos un producto innovador creado para llenar el   importante vacío de inteligencia emocional.
Nuestros globos oculares se presentan en cajitas enteramente de metal para no contaminarlos con motas provenientes del forro,  resultarían molestas dentro de las cuencas.
Recomendamos tener un fondo básico que permita las combinaciones idóneas al sentimiento requerido. 
Si no quiere desentonar con su tristeza, el par “Allegra nº 2” simula la felicidad a la perfección.
 “Sapiens nº 14” dan aspecto totalmente intelectual sin parecer pedante. 
Para situaciones donde sea apropiado mostrase sensible “Dolors nº 99” que incluye opciones “lacrimógena” y “rímel indeleble”. 
Todos los modelos son aptos para lavavajillas. 
Facilidad de colocación (incluyen pistola de silicona quirúrgica y conexión para el nervio óptico). Prácticamente eternos, sin las miserias propias de los que traemos de serie. 
ADVERTENCIAS:
_Deben conservarse en su embalaje original. Se aconseja no meterlos en bolsillos ni frotarlos con paños que dejen pelusas. 
_Los iris están hechos de material inalterable pero las pestañas no las cubre la garantía. Disponemos de recambios de diversa longitud y tonalidad.
_No usar en mascotas, menores ni almas cándidas, cortocircuitan  por sinceridad inalterable.
A la venta en franquicias sin escrúpulos, somos líderes en falsedad sin receta. Pruébelos sin compromiso. 
Si no consigue embaucar quizá le devolvamos su dinero.
Nuestros productos se fabrican con hipocresía de altísima gama”. 
Dela Uvedoble 

*Este relato fue publicado por la revista “EL OBSERVADOR” el viernes 13 de diciembre de 2019. 

miércoles, 18 de diciembre de 2019

AQUELLAS NAVIDADES 1972

AQUELLAS NAVIDADES  (1972) 
Yo sabía que llegaban las Pascuas cuando plantaban la tómbola. El feriante, a horcajadas en una escalera tijera infinita, se desplazaba sobre ella como un malabarista para alcanzar la pepona o el balón. 
Una vez me tocó un teléfono góndola azul, con timbre como los de verdad. Mi madre lo guardó para reyes. 
Nos vestían de pastoras “sui géneris”, cargando con el kilo de garbanzos para los pobres como quien lleva pan a las palomas.
Al son de la lotería se empezaban los dulces comprados en la tienda del barrio con “la cartilla”, abierta desde septiembre  y nutrida por las vueltas. En diciembre el dinerillo acumulado se trocaba en roscos de vino, mantecaos y polvorones, que no se enranciaban porque duraban justo las fiestas.
El turrón blando y duro sin más chalauras, si acaso el de   chocolate Suchard, objeto de deseo apilado tras el mostrador como lingotes de oro.
Los borrachuelos se encargaban en la panadería cercana donde siempre olía a crema fresca y piñitas dorándose en el horno.
Casa Blas proveía de frutos secos. Usábamos las puertas como cascanueces, saltándoles el barniz para disgusto de los mayores, aunque ellos hacían lo mismo con tiesas arencas envueltas en periódico. 
Las comidas sencillas y contundentes: sopa con picadillo de la sabrosa momia que solo venía en pascuas, ensaladilla rusa adornada como un Fabergé con morrones, aceitunas y ronchones de huevo duro. Langostinos llevameacasa.
Carne mechá a cuchillo o rape en salsa.
Refrescos y sidra mundialmente famosa para trasegar tan exótico banquete.
Los abuelos perpetuaban el ritual de apretar mantecaos y batatillas antes de desenvolverlos para compactarlos sin  desperdiciar mijita.
Y a bajar la bola con Maríbrizar.
Los comercios bullían pero al cierre el centro tornaba a limbo para descanso de sus moradores, a salvo aún de las luciérnagas. 
Cada cual se enroscaba en su casa, al amor de un libro, un juego o una afición. 
Eran naVIDAdes tan acogedoras como un seno materno.
Gastar y relumbrar no eran la norma. Bueno, un poquito si, pero solo lo preciso que requería nuestra condición humana. 
Dela Uvedoble 

*Relato publicado por la revista “EL OBSERVADOR” el 13 de diciembre de 2019. 

lunes, 16 de diciembre de 2019

OBSESIÓN

OBSESIÓN 
Durante cuatro años la estuvo espiando.
Le subyugaba su elegancia, la armonía de sus aires, el níveo resplandor que la distinguía de las demás.
El deseo horadó como un ácido su corazón de piedra, creando en él la necesidad de la posesión absoluta.
Esto para una mente simple y egoísta significa goce y destrucción, para que nadie nunca más pueda admirar el sujeto deseado. 
El perseguidor disfruta acorralando, creando terror, imponiéndose a su víctima por la fuerza. Sus leyes son las del mas fuerte, libertad solo para ellos.
Mil quinientos días esperó el obseso para abatir la perdiz de alas blancas matándola cuando quiso reposar un rato fuera de su bandada, reflexionando sobre rumbos y rutas.
Las aves son inteligentes, mucho más que el asesino al que burló tanto tiempo escapando hábilmente. Le descerrajó la bellísima cabeza después de acorralarla en cerrado. Una hazaña canallesca.
Pensé en las mujeres violadas y muertas por hombres iguales a este cazador. La misma táctica, idéntica maldad.
No encuentro diferencia.
Asesinos todos.
D. W. 

¡DIENTES, DIENTES!

DIENTES, DIENTES 
Cada viaje al pueblo le costaba al menos tres berrinches, dos sollauras  y un moratón. 
Niña de ciudad acostumbrada al asfalto siempre acababa rodando por las cuestas a pesar de las suelas de tocino o los gorilas.
Lo peor eran sus primas. Tres salvajes hijas de la gran Pura, su tía, que le hacían la estancia imposible.
Se reían de ella cuando iban a coger fresillas silvestres y no cataba ninguna. El trio diabólico las engullía conforme las iba encontrando. Al verla “in albis”le preguntaban,
_”¿Quiere lah mía?”
_”Si” decía la inocente.
_”¡Pos tomalah!” Chillaban mientras se las restregaban. Su madre al verla  pensó que le habían desbaratáo la cara.
_”Coza de cría”, decían los mayores. Pero a la mamá le sentó aquello como una patada en el mismísimo.
También gozaban esas creaturas der señó encerrándola en la nasa de los pavos. Estos, tan altos como la chiquilla, la acorralaban a picotazos, atraídos por la hebilla de sus sandalias. 
Salía de allí como un colador. 
_”Coza de cría”, volvieron a decir.
O la llevaban al patinillo a ver los gazapillos, “verá que bonico son, parecen gatilloh”. Lo que encontraba eran conejos desnucados, moviéndose aún, esperando ser despellejados para el arroz. 
A los gritos de angustia ya no pudo contenerse su madre. 
_”¡Por Dio Pura, regáñale a tuh sijas que no paran de meterse con la mía!”.
_”Coza de cría” remarcó. “Se tié que espabilá que la tiene mu enmadraaá”.
La siguiente visita fue a la viceversa. Las cafres arribaron a la capital. Endomingadas iban y con zapatos en vez de chanclas, se notaba que a disgusto.
Tenía la niña una vecina a la que llamaba Tata. A ella le había contado el infame trato de las catetillas. Al liquindoi estaba.
Muy formalitas se hallaban merendando macetas de merengue cuando Tata Emília entró a saludarlas. Situándose tras su protegida dijo a las otras.
_”Que no me entere yo que volvéi a embromá a mi niña”
_”¿Nosotraaaaa?.
_”Vereí... cuando me enfado mando a mi diente a mordé. Muerden hasta que no quean má que lo hueso y si zon canne tienna mejó que mejó“.
Las insurrectas reían. 
_”Loh diente no tienen patah”.
_”Pero vuelan. En cuanto leh dé un soplío lo tenéi encima pegando bocao . Vai a vé”.
Ni corta ni perezosa metió sus dedos hasta la campanilla, sacándose la dentadura entera y mostrándola, descarnada y húmeda, en la palma de la  mano.
La visión de la boca horrorosamente deformada, negra y terrible, con saliva brillando en las comisuras era terrorífica. Profirió con voz cavernosa el encantamiento:
_”Diente, diente, que lah niñah oj alimenten”.
Las fieras echaron a correr en atropello, espantadas. Invocando a su madre, balbuceando que una bruja se las quería comer.
La Pura llegó corriendo muy subida, pidiendo explicaciones.
_”Cosa de críah”  dijo Tata Emília beatíficamente dedicándole la mejor de sus nacaradas sonrisas.
Dela Uvedoble 

*Este relato fue publicado por la revista “EL OBSERVADOR” el martes 10 de diciembre de 2019. 

domingo, 15 de diciembre de 2019

MES DE PAZ-IENCIA

MES DE PAZ-IENCIA 
A diciembre se le ama profundamente o se le odia sin remisión.
Para mi es el peor mes, solo superado por septiembre cuando tenía hijos en edad escolar. 
Semanas antes de las fiestas empiezo a limpiar a fondo. Funciono  en reserva, arrastrando la escalera de aluminio quitando polvos de las alturas, y contorsionándome para llegar a rincones que ni el arquitecto que proyectó la casa conoce. 
Luego vienen menús y regalos.
Del pensamiento al hecho median horas de patear comercios por manía a la compra virtual. No es mejor lo caro sino lo adecuado a cada cual.
La manduca tiene mandanga en una mesa en la que veganos, pisciovovegetarianos  y omnívoros compartimos mantel. 
El cabreo anual con San Ildefonso me sirve para adobar la soja con buenos bríos.
El fun 24 hay que sacarle las alas a la mesa y vestirla en consonancia a su apéndice angelical.
Antes he fregado suelos y ordenado la casa como para pasar revista. Cóctel nolotil previo. 
Ducha rápida y arreglo exprés. Vestido mono y antalgín. Restregones de sombra en los ojos y sin  perfume que debo seguir guisando. Por lo mismo cada año cuelgo menos adornos. 
Con las levantadillas durante la cena me hago un maratón. 
En la sobremesa aprovecho para cargar el lavavajillas mientras miro con envidia los pocos platos que gastan mis peludillos.
Recuerdo una cena fetén en Londres, compramos cuatro chalauras para comer y después salimos a olisquear. 
Ahora que mis crías vuelan debo atraerlas con suculentas migas hasta el nido. Y esperar que turnos o guardias les dejen volver.
No me quejo que tengo callo, las circunstancias me adjudicaron este roll, pero cada navidad me cuesta más y mi oficio no tiene jubilación ni festivos. Aunque sí muchos pluses.
El haberme sentado a hacer los deberes con ellos cada tarde no se compensa con nada. 
Me sirve mi muro para desahogo navideño. Y no olvido la tristeza por los que ni mesa tienen para poner ni techo que les cubra, sean personas o animales.
Soy afortunada y gruñona. Lo sé.
Mamá Dela. 

viernes, 13 de diciembre de 2019

TRANSICIÓN

TRANSICIÓN  (1978)
La Durse, (en todos los registros Dulce Nombre de María), llenaba con su escaso ajuar las cajas vacías de jabón Flota que le había pedido a Paquito el droguero.
Nació el año de la gripe, en ese mismo corralón que ahora dejaba para irse a un piso en la Carretera de Cádiz, a compartir cuarto con una de sus nietas. 
Envolvió en periódicos el historiado juego de café que nunca usó, el jarrón de calamina de su abuela y los cuadros de niños comulgantes, casorios y difuntos queridos.
Su vida entera en cuatro cajas y dos maletas. 
Allí dejaba los muebles, los del piso son nuevos y prácticos. No hay sitio para la cama niquelá ni la mesa camilla.
Adiós al orinal, las humedades, a trasegar agua del grifo del patio, a tender con caña y dolor de brazos, a baldear la puerta, a lavar en lebrillo con cháchara en el patinillo. 
Al miedo a las riás.
Hasta nunca también a coser al sol en el pasillo, sentarse en la puerta calle las noches de verano, a plantarse en una volá en el centro, adornar los  balcones cada Corpus Chiquito con su colcha de novia y partir las pilistras aprovechando los cubos de cinc. 
Adiós a sesenta años. 
El corralón se queda vacío, lo derrumban para levantarlo igual. Barrunta que con un buen arreglo se hubiera apañao pero doctores tiene la iglesia y ella apenas sabe escribir su nombre. 
Los inquilinos conservan el derecho a las nuevas viviendas una vez terminadas. Una quimera, para entonces serán todos más viejos que un núo.
Sabe que en diciembre se vota una Constitución que asegura el derecho a una vivienda digna. 
Sus hijos ya la tienen pero pagando cada mes buenos dineros al banco que se come un sueldo entero. Por eso se va con su hija, así le cuida los críos mientras limpia otras casas para poder pagar la suya. 
“Pa ese viaje no se precisa alforjha” piensa. 
“Loh pobre tenemo derecho mientra loh podamoh pagá”.  
Su yerno la recoge en un taxi. Cabe en el maletero toda su vida.
La Durse subió al coche y no quiso mirar atrás. 
Dela Uvedoble 
*Si te apetece leer más relatos aquí estoy:

https://www.elblogdedela.com/

*Este relato fue publicado por la revista “EL OBSERVADOR” el martes 10 de diciembre de 2019.

jueves, 12 de diciembre de 2019

GENIO Y FIGURA

GENIO Y FIGURA 
Con cinco años ya robaba cigarros a su padre, fumándolos con la misma fruición que los otros críos chupaban caramelos.
Papá era de correa fácil y tenía para todos. Se pasaba la vida escapándose para ratear, devuelto a casa por los civiles. El patriarca lo dejaba medio muerto a palos, amarrado a la pata de una cómoda “ para que aprendiera”.
No olvida las lágrimas de su madre suplicando por él.
Así hasta que lo llamaron a quintas. Desertar en el 45 le costó años de talego. Enchironado halló la libertad.
Lo hicieron cocinero. Tenía buena mano y mala praxis, si la leche se iba la devolvía a la olla escurriéndola con la bayeta de limpiar las hornillas. 
Al soltarlo delinquía para volver. No se sentía preso sino útil. 
Salía los sábados a gastarse la paga donde la Posá la Guarra, en putas y vino. Cuando no podía salir tomaba vinagre y Varón Dandy, bajo sus efluvios le tatuaron a lo vivo una bicha en el pene.
La amnistía general del 77 le hizo un pie agua, teniendo la edad del Quijote se buscó la vida a mordiscones a pesar de quedarle pocos dientes.
Borracho y con dinero perdía cartera y boca. No murió de puñaladas porque San Rorro debía protegerle. Dejó la bebida un día harto de querida tan ingrata.
El tabaco le arrancó una pierna dejándolo como saltamontes cazado por gato. Pasó dos años en la cama del hospital, amargado y amargando, condenándose a una silla de ruedas.
Ni se casó ni tuvo hijos, piensa que así no jodío la vida a nadie.
Recuerda una novia llamada Aurorita, “era una zorra, me dejó por un minero que le salió boxeador” cuenta con los diminutos ojos centelleando.
La verdad es que le regaló un collar robado. La vergüenza de ver registrada su casa la alejó de él.
Su hermano le buscó una residencia bien lejos para justificar la poca visita. Van en Navidades y se pone tan contento como el perro de un Refugio.
Tiene 94 años y lleva seis allí, los primeros rebelándose. Se cagaba y meaba encima solo por fastidiar.
La sagaz directora hizo como el alcaide, darle un cargo,  así cree que sigue mangoneando.
Tiene permiso para abrir al panadero, carga el saco de pan sobre sus piernas muertas y lo reparte en las mesas del desayuno. 
Vista gorda piadosa a quien ha vivido dando tumbos y sabe que solo saldrá con la pantufla por delante.
Solo se encabrona si le quitan el fumar, por salud lo tiene racionado y mira el reloj para no perder ninguna toma, pide encendedor a la auxiliar aunque lleva cuatro a retortero, que alquila a cambio de más cigarros.
Disfruta incordiando, da la mano para saludar y la retira,  enseña a los niños el feísimo muñón, se ríe de los Alzheimer. “Están chalaos” dice dándole vueltas al dedo índice sobre su sien derecha, mirando hacia arriba.
Con su paguilla  contrata a uno que lo saca de vez en cuando “para perder de vista a estos bultos”.
Mata el tiempo enseñando a los otros manualidades aprendidas en la cárcel o viendo al Pegamento que empareja impares.
Seguramente al ver aparecer a la Huesuda le dirá con chanza: 
“Señá Muerte...llévate al majarón de enfrente”.
Dela Uvedoble 

*Este relato fue publicado por la revista “EL OBSERVADOR” el  viernes 29 de noviembre de 2019.

PURÍSIMO

PURÍSIMO 
La Formalidad definía a don Ramón. Comerciante de mediana edad, había sabido llevar su negocio tan bien que dio estudios a sus tres hijos . 
Vivían holgadamente, gente de orden que con teléfono, tele y coche eran los ricos del barrio. 
Llegó el día que la niña, virgen, catequista y miembra de cuantos grupos cristianos con guitarra hubiese dijo de casarse.
El novio era conocido por la familia de encontrase en misa. 
La pareja pía ideal.
La boda se organizó a lo grande, papá estando bautizado fue pagano de vestido y convite.
Ceremonia de siete curas en la Victoria, madrina con peineta de teja y mantilla y novia ruborosa, con cinco vueltas de Majorica al  cuello, el rostro velado por la ilusión del tul.
El sarao se hizo en una Venta con las sillas cocacola disfrazadas de fantasmas y la mamá de la desposada presumiendo del “cote de gamba”, súmmum gastronómico de los primeros ‘80.
Amenizó la velada la tuna de “estudiantes”, amiguitos del novio y más talluos que el Monte Coronáo cantando que se tirara la suegra por el balcón y que se habían terminado los claveles. 
A los postres papá padrino repartió los puros. Previsor, había convenido con la vendedora devolver las cajas sobrantes. No quería quedar mal si se acababan.
Dos enteritas quedaron si repartir.
El lunes las llevó al estanco “bendito el dinero que a casa vuelve”.
Dos días más tarde se presentaba la estanquera en su tienda hecha una energúmena.
_”¡Digo, er señó formá, pero ¿tendrá poca vergüenza?
El pobre no entendía nada. Su mujer preguntaba, 
_”¿Que tiene tú con esta Ramón?”
_”¿Yoooo?, señora por Dios que dice usted?
_”No ze jaga er tonto... que ma dejao como un trapo”.
Sacando un puro de la caja devuelta lo encendió y se lo encasquetó en la boca. 
_”¡Chupe, chupe!”. 
_”¡Que no fumo señ... PUM!. 
El petardillo le estalló en la cara.
_”¡Así ma devuerto lo puroh, con zorpreza, diiiigoooo”.
Don Ramón, con toda su formalidad, se cagó en la leche que mamaron los Tunos. 
Dela Uvedoble 

Este relato fue publicado en la revista “El OBSERVADOR” el viernes 29 de noviembre de 2019. 

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