sábado, 21 de diciembre de 2019

ODA AL CALDO

ODA AL CALDO 
No bien acaban de empezar a helárseme los pies sé que ha entrado el tiempo de poner puchero.
Además religiosamente, cada semana. Nada más reconfortante en los días invernales.
Yo lo tomo en cuenco, así me calienta estómago y manos a la vez. Me procura casi el mismo trabajo que un parto el joío pero después, como los hijos, abundantes satisfacciones.
Una mañana paso cortando la encendida zanahoria, el humilde nabo, la rotunda papa, el perfumado apio, la ingenua judía verde, el cilíndrico puerro y la brava cebolla. 
Bien lavadas y cocidas a fuego lento como hacía mi abuela tengo resueltas las cenas de varios días.
La blanca habichuela y el orondo garbanzo lo llenan de proteínas. Pocos platos más completos.
No me canso, que no. Con sopas, tostones fritos, pasta o simplemente bebío.
Y si la hierbabuena lo aromatiza mejor. 
Si quiero caldo, si. 
Y el puchero a mi cabecera. 
D. W. 

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