miércoles, 29 de enero de 2020

PEDRO PAN

PEDRO PAN 
Aún con cuarto de siglo divorciado y más que cincuentón seguía yendo a la discoteca cada viernes y sábado. 
Deslumbraba a su presa con el fogonazo de sus ojos azules un poco saltones como de cordero huérfano, ignorando la mayoría de las veces que el cazado era él.
A su favor tenía no ser exigente con el físico. Total para un rato conque fuera mujer y quisiera mandanga le bastaba. 
Eso sí, caballero en cuanto a pagar copas y dejarla satisfecha en la cama era. Le gustaba quedar bien con todas e irse de buenas por si encartaba repetir. Los discotequeros, especie casi extinta, se mueven en círculos.
Presumía de no haber pagado jamás amor mercenario. Si había que ir a un puticlub para despedir con una copa la soltería de un colega iba pero sin subir.
Él preferiría las piernas que se abrían por iniciativa propia o rendidas a su labia. Ya les demostraba después que la húmeda no solo le servía para dar palique.
Enamoriscado andaba de una que poco caso le hacía o por eso mismo. Viuda reciente la rondaba como mejor sabía. Los domingos llamaba a su ventana con un papelón de churros. 
—Mira, que má cordaó de lo que le gustan ar Yony.
El Yony era el hijo y ya se sabe que por la peana se adora al santo. 
Esta santa agradecía los detalles pero lo consideraba solo amigo y vecino encantador. Decía no querer más hombre que al niño de sus entrañas.
Él pensaba que ya caería pero se le voló un día de Terrá.
Siguió bañándose en colonia y calzando zapatos “chúpame la punta” cada noche del weekend, emparejándose con otra desparejada para matar dos tedios.
Amanecer en camas distintas le pasa factura pero nunca encontró acomodo en la fija. 
Jura que habría sido feliz con su parienta si no le hubiera salido rana olvidando que él siempre fue sapo.
Comparte desayuno con su perrita, si las mujeres fueran como ella adorándolo sin juzgar, moviendo el rabito dispuestas y dóciles... 
Es el perfecto amante zalamero pero se asfixia subiendo cuestas vitales. 
Nació doctorado en divorcio, que le vamos a hacer.
D. W. 
*Este relato fue publicado en la revista “EL OBSERVADOR” el viernes 24 de enero de 2020. 

lunes, 27 de enero de 2020

ATADURAS

ATADURAS
Los perros se metieron en la parcela en venta cuando avistaron al conejo. El animalillo fue más rápido que los canes dándoles esquinazo para alivio de sus amos que temieron lo peor. 
Ya que estaban dentro se recrearon en mirarla. Era espléndida con una suave pendiente desde la que ofrecía lindísimas vistas, lástima no tener dinero para comprarla. 
Requería además mucha inversión pues no estaba ni siquiera vallada. Tenía, eso sí, algunos árboles y arbustos que pese al nulo  cuido o gracias a eso lucían maravillosos. Su dueño no debía haberla disfrutado en años, dejándola en manos de un agente inmobiliario que solo plantó un cártel. 
Hacia la mitad, cerca de donde parecían haber empezado a abrir los cimientos de una vivienda, se alzaba un olivo. 
Ya de lejos se le notaba un no se qué doloroso en la figura.
Al acercarse vieron que estaba rodeado por un grueso cable que lo unía a una estaca.
Habiendo querido enderezar su tronco desde chiquito, al crecer sin manos que las quitaran a tiempo, las bridas acabaron por incrustársele.
Casi podían oír sus alaridos.
Sacaron sus navajas de excursionistas y con suma piedad empezaron a desbridarlo. 
Quizá pasara una hora porque dio lugar a enfriarse el sol. 
Los perros, hartos de zascandilear, se tumbaron junto a ellos jadeando, la rosada lengua llena de tierra, tiesas las orejas, pendientes de la delicada intervención en la que se entretenían sus humanos.
El olivo quedó liberado, sus monstruosas cicatrices se las confiaban a la clemencia del tiempo que todo lo cura. 
Bajaban contentos hasta el coche, los perrunos saltando con ganas de pienso y manta, los humanos igual pero añadiendo vino y película.
Esa noche la luna era redonda y roja. A su luz las heridas del leñoso cuerpo se veían carnales, su flujo que mueve mareas le sirvió de bálsamo.
El árbol sintió retornar la savia desde la raíz hasta el más lejano fruto para henchirlo, y aulló de gratitud desde el fondo de sus entrañas verdes. 
D. W. 



LA SOTA DE BASTOS

LA SOTA DE BASTOS    (1905)
Carmela es una gitana espabilá con un marido que trabaja sosteniendo el mostrador de la taberna, que entre moscateles y blancos le ha hecho siete churumbeles.
Ella lo respeta como su hombre que es y procura que no le falte  parné para alpiste, cigarros y pañuelos. El marío de una no debe parecer un muerto de hambre, cuestión de orgullo calé, aunque malvivan pegaos a la Alcazaba.
Carmela se ha colocao en una Venta haciendo de comé pues buena mano tiene. La nombran por Sota porque enternece los pulpos con un garrote. Eso la encorajina: 
_”¡Mar doló óz den”, bufa como gata rabiosa, “Pa Zote er connúo tu padre!”.
Como siempre está amamantando sirve de ama de cría tomando unas hierbas que son propias pa dar leche.
De aquí y allá araña perrillas y saca a la troupe palante.  
Tomá, su gitano, a veces toca la guitarra con mucha maña animando las francachelas de los payos ricos.
Cuando era una espigada gitanilla le hacía de bailaora. Celos incontables se había tragáo el menda viendo caer la baba a los crápulas que con ojos hambrientos recorrían su cuerpo de diosa. Le parecía que profanaban la pureza de sus senos, la firmeza de las ágiles pantorrillas.
No paró hasta llevársela y hacerla suya. 
Con la posesión continuada se le fue yendo el demonio del cuerpo. Aún le gustaba arrimarse al calor de sus carnes en invierno cuando el ardor con el frío se aviva, pero ya respiraba tranquilo porque solamente él la gozaba. 
El tiempo no pasa en balde y amortiguó su brillo. Er Tomá daba gracias al cielo. Si hubiera seguido siempre hermosa la hubiese  matado o perdido la vida en desazones.
Carmela ha engordado. Las preñeces dejaron huella en su cuerpo y ahora son sus hijas las que divierten a los señoritos en el café del Turco.
Jamás ninguno se atrevió a propasarse con ellas pues para eso va siempre de palmera, llevando el compás con un bastón de gran calibre que más parece garrota disuasoria. 
“A mis astillas ni rozarles el dobladillo”, golpea en morse.
Le dicen por bajini, temiendo su genio, “la Sota de bastos”.
Reblandecío como a los pulpos deja el tablao.
Dela Uvedoble 

*Este relato fue publicado en la revista “EL OBSERVADOR” el viernes 17 de enero de 2020. 

lunes, 20 de enero de 2020

TODO CALCULADO

TODO CALCULADO 
Dice internet que el día más triste del año es el tercer lunes de enero. Han escogido el día chungo per se, el mes post jarana y unas serie de factores para componer la ecuación.
Clic Arnall, un psicólogo con alma de matemático lo planteó así:  
                              1/8C+(D-d). 3/8xTl Mn x Na
No había visto nada parecido desde que el banco me tasó la casa para la hipoteca. Y me habré comido algún signo.
C= clima, D= deudas, d= dinero que (no) queda, T= tiempo transcurrido desde la última juerga , I= yodo y periodo que se sostiene un propósito, M= motivación, Na= sodio y necesidad de actuar para realizar el cambio.
Resolviendo: tres semanas tardarnos en volver de Navilandia y caer en la cuenta de que los nuevos propósitos languidecen.
Lo que es buscarle las vueltas a la X de Xmas. 
Me rebelo. ¡Cuando “ellos” digan voy yo a estar mohína!.
Nada peor que la marcha de la salud que te impide continuar ganándote la vida y disfrutarla. O la visita de la muerte.
Ninguna cosa lleva más al llanto que una barriga vacía, el frío sin techado y la lluvia al otro lado del cristal, donde no existen sofás ni mantitas. 
Trabajar doce horas, no ver a tus hijos y encima no poder pagarles la ortodoncia si que es penar. Lo demás son polladas de un primer mundo lleno de Piterpanes.  
Parecemos niños caprichosos que necesitan estímulos continuos para no aburrirse, dígase comida extravagante, sexo con sombras o bolitas de colores.
Muchos hacen de la Navidad su Shangri-La. Vivirían en ella eternamente como dentro de esas bolas de cristal con nieve de mentira pero sin que nadie los agite. Salir a la luz de la realidad les supone desintegrarse como vampiros.
Se acabaron las Christmas y habrá llantera hasta Semana Santa.
Internet para compensar nos surte subiendo vídeos de caídas.
Al humano nada hace más feliz que ver jodido a un semejante.
Dela Uvedoble 
*Este relato fue publicado por la revista “EL OBSERVADOR” el viernes 17 de enero de 2020. 



sábado, 18 de enero de 2020

GRIPE

GRIPE
Durante dos años la he burlado pero ella ha esperado pacientemente junto al lazo hasta verme caer provocándome más lágrimas que una novela de Dickens.
Privilegio para mí es guardar cama,  primera vez en mucho tiempo que ahogo una gripe entre sábanas. Hasta ahora las pasé en pie atiborrada de frenadoles. 
El  virus al microscopio se ve precioso, es igual que los minerales carísimos que los caprichosos exhiben en el recibidor, podría ser también un exquisito colgante. Bello, diminuto y cabrón. 
Mi cuerpo no responde con fiebre, a cambio rompo por afonía y calambres en las piernas.
Callaita, quieta y jodida. El culmen de la gran putada.
Aunque mi marido me deja todo a mano antes de irse a trabajar me levanto en cuanto me alivia el paracetamol para poner lavadoras, recoger la cocina y sobre todo comprobar si mis gatos tienen el plato lleno. 
Una de ellas carece de dientes comiendo solo sopitas de pienso, únicamente yo sé hacerlas a su gusto.
Cuando noto el frío trepar por mi espalda vuelvo al catre.
Fatalmente, a la vez me ha gripado el lavavajillas. Esta mañana vino el técnico y lo arregló, tres días lavando platos a mano van en el cuerpo, una se aburguesa y tuve que mirar tutorías para recordar como fregarlos. 
Lo que me alivia todo dolor son mis animales compartiendo  destino griposo. A mi lado en la salud y la enfermedad.
La lealtad es sustantivo que puede aplicarse plenamente a ellos.
Y a la fielmente asquerosa gripe también. 
D. W. 

viernes, 17 de enero de 2020

EL GUARRILLO DEL ABATE

EL GUARRILLO DEL ABATE
El almanaque marca 17 de enero festividad de San Antón protector de los animales. 
Se acostumbra bendecir a nuestros compañeritos pidiendo para ellos salud y que nos acompañen muchos años.
No hay límite de especie, todas caben en el abrazo del santo.
Antón pertenecía a una rica familia egipcia. En el 300 dC, contando veinte años, le dio la pulsión de vivir en un sepulcro. 
Es más libre quien nada tiene.
Un cuervo le proveía de frutos manteniéndose sin necesidad de comer las criaturas que confiaban en él.
Lo imagino rodeado de animalillos, dándole calor por las noches, aprendiendo de ellos entrega desinteresada.
Según la leyenda dos leones le ayudaron a enterrar a Jerónimo de Estrión por eso es también patrón de los sepultureros.
Acompañado siempre por una jabalí agradecida porque devolvió la vista a sus jabatos hizo del bosque su morada, ninguna fiera osó jamás dañarlo. 
Observando las plantas descubrió remedios para muchas afecciones y el origen del ergotismo, un cruel padecimiento que gangrenaba las extremidades hasta desprenderlas del cuerpo,  causado por el cornezuelo. Los sanados le correspondían regalándole humildes ropas para cubrirse.
Antón amaba a los cerdos, su iconografía lo representa siempre con uno a sus pies. Rifarlo para después comerlo fue un invento posterior de los curas para engordar su bolsa. 
El eremita se revolvía en su tumba.
“Hasta San Antón, pascuas son” dicen en muchos pueblos, sus famosas rosquillas no llevan ingrediente animal, solo harina, agua, sal y “creciente divina”, porción de la misma masa guardada de un año a otro.
Me consta que los cochinos poseen tanta inteligencia e inocencia  como críos, así lo corroboró quien nos ocupa.
Y un santo jamás se equivoca.
D. W. 

miércoles, 15 de enero de 2020

SUEÑO ORIENTAL

SUEÑO ORIENTAL 
“Hasta que no suene el timbre no se puede entrar”, advertía el solemne empleado de la Musikverein en un inglés con deje alemán. 
Entrar en la sala de conciertos más famosa del mundo da respeto. Es más grande y más pequeña que parece por televisión. Si, ambas cosas a la vez.
Nuestros asientos estaban al lado de una de las puertas, cerca de una cariátide de senos dorados, tan turgentes como solo en   escultura o cirugía pueden serlo.
Acomodadoras Rottenmeiers regañaban a todo aquel que hiciera fotos, pero se hacían las tontas si no se abusaba.
Una pareja con rasgos exóticos cargada de bolsas de los más exclusivos comercios se sentó al lado. Gracias a que faltaban cinco minutos para empezar el concierto porque el ruido del papel acomodándose bajo los sillones sonó estruendoso,  magnificado por el espacio.
Arrancó la orquesta. El repertorio era ligero como corresponde a la temporada de verano en Viena. Valses y piezas muy  populares, reconocibles por turistas poco entendidos deseosos  por fardar de haber estado allí.
El recinto carecía del profuso ornato floral de Año Nuevo tanto como los asistentes de glamour pero se suplía con el entusiasmo de los maestros y el irónico humor austriaco del director.
Los japoneses de las bolsas se quedaron dormidos nada más  apagarse las luces. Eso sí, cuando terminaba una pieza se despertaban, ignoro por mor de que gracia, y aplaudían.
Entre palmas y palmas hasta roncaban. Ganas daban de hacerles  “clic, clic, clic” chasqueando el paladar.
Hubo momentos que temí que el cabezón del hombre cayera sobre mi hombro, pero como estaba bien alineado topaba con el asiento frontal. 
Acompañaron la marcha Radetzky en pleno sonambulismo, por mis muerto lo juro. 
Acabó la función con el público más contento que harto de cerveza, aplaudiendo a los entregados músicos.
Se encendieron las lámparas y nos vimos a todos de pie, sonrientes.
El oriental que había entrado con una lustrosa cabellera reflejaba ahora todo el dorado de la sala en la lironda franja central de su mollera.  
Enganchada a una astilla de la butaca delantera colgaba su peluquín como del cinto de un piel roja. 
Dela Uvedoble 
*Publicado en la revista “EL OBSERVADOR” el viernes 10 de enero de 2020. 

lunes, 13 de enero de 2020

DONDE LAS DAN...

DONDE LAS DAN... 
Amanecía el día de reyes pero remoloneaba en levantarse.
Había asomado los ojillos sobre el embozo y poca cosa vio a los pies de la cama. Sabía a sus nueve años que los regalos los compran los papás y que la cosa no iba muy boyante.
Se alegraba que le hubieran descubierto el pastel ya que todas sus compañeras decían que según te portarás te traían porque los Reyes lo ven todo. 
Al menos estaba segura de haber sido obediente y que la escasez de juguetes era por falta de dinero simplemente.
A su hermano, por ser más chico, le traían más cosas y no lo habían empapado de la situación.
Le veía poca ventaja a ser la mayor: Un puzzle, un cuento y una caja de Alpinos. 
La vecinita pegó al timbre alborozada e histérica para enseñarle sus reyes. Docenas de juguetes abarrotaban su cuarto.
_”Ahora enséñame los tuyos”, dijo saliendo de estampida .
_”¿Solo estooo?, ¡Que poquilloooo!”.
_”Es que a las niñas grandes nos traen menos, a mi hermano le han dejado más”. 
_”Pos no, al mío que es más grande que tú le han llenado la cama”. Y dejó caer, “Habrás sido un poco mala”.
Se tuvo que morder la lengua. Le dieron ganas de gritarle la verdad y aguarle la ilusión. Pero se cayó. Ella siempre se callaba.
Era ya atardecido cuando una amiga de su madre llegó a la casa. Las oyó cuchichear “...es que mi hermana se los compró cuando fue a Madrid sin saber que los tenía. Y claro no los puede devolver. Y me acorde de tu niña”.
Tres bolsas como sacos de tres Reyes le traía.
La chiquilla, en trance, empezó a sacar de ellas cajas de vestidos, complementos, zapatitos para su Nancy, que la tenía con el puesto y una muda desde hacía cuatro eneros.
¡Y de los que no se veían por aquí!.
El timbre de la vecina se venía abajo.
_”¡Mira, mira...me lo habían dejado en casa de otra niña, que se habían equivocado. ¡Ves como no soy mala!” chamullaba llorando de alegría.
La otra, comida de envidia por el cambio de suerte, se mordía los labios. 
D. W. 
*Publicado en la revista “EL OBSERVADOR”, el viernes 10 de enero de 2020. 


sábado, 11 de enero de 2020

LOCURAS Y CURAS

LOCURAS Y CURAS.
Leo que la iglesia quiere imponer a las parejas (hombre/ mujer por supuesto) cursos prematrimoniales de tres años. 
En todo ese tiempo no deberían, conforme a la ley de Dios y la decencia, mantener relaciones sexuales. 
Tampoco es lícita la masturbación que se acostumbra una al satisfacer y ya no hay novio que llegue al nivel. En cuanto al varón lo mismo. Nadie como él para saber cuando dar acelerador y  freno, por muy bien que después pueda adiestrar a su señora, novata además en onanismo.
Además “eso” no se toca, que salen granos y te quedas ciego. 
Tres años son una carrera profesional, imagino la graduación de las parejas polletonas recibiendo del curita su máster en convivencia matrimonial.
Y los papás y suegros aplaudiendo a sus nenes por haberles salido “como dios manda”.
El hombre, dicen, es más apetente de sexo cuando se siente cansado por eso el día que se note cachondo debe liberar a la mujer de sus quehaceres para que esta se relaje y esté dispuesta a abrir las piernas.
Cuando no quiera jarana que cargue ella con todo como es su obligación mientras él se pira al gimnasio.
“No es por vicio ni por fornicio sino para dar un hijo a tu servicio”, aconsejaba orar la doctrina católica antes de acometer el acto.
“Compañera te doy que no sierva” se oye en las bodas. Y es que hay cosas que si no te las recuerdan se olvidan, oye.
Aunque han reculado en ciertas normas van en serio en lo que parece de risa. 
Esas parejas, escogidas para ser progenitores de las nuevas tribus del Señor, son las que después tiran de anulación para eliminar  sus vínculos.
Ahora lo tendrán más fácil. Basta con alegar inmadurez cuando accedieron a estar 1.OOO días de abstinencia solo por lucirse en un templo perfumado de incienso.
Ningún juez, por muy eclesiástico que sea, dejará de devolverles la razón. 
Lo que nunca recuperan será el juvenil placer perdido.
Con su pan de oblea se lo coman.
D. W. 

miércoles, 8 de enero de 2020

CONCIENCIAS IGNÍFUGAS

CONCIENCIAS IGNÍFUGAS
Arde un continente entero, las llamas nos llegan en un “breve” en las noticias de televisión antes de la media hora que dedican al fútbol y detrás de los “ecos de suciedad”. 
Gracias a las redes, al boca a boca de la gente decente percibimos la magnitud del desastre.
La pira devora vida y a nadie de los que creen tener a dios cogido por los huevos le importa. Los de allí lloran lo suyo que es de todos. Somos hormiguitas lamentándonos, fáciles de aplastar. Aunque un hormiguero sea capaz de tumbar un palacio removiendo sus cimientos, no lo olvidemos.
Esclavos del sistema apenas tenemos tiempo de sobrevivir trabajando para sostenerles el culo a uno pocos y nos dejen comer sus migajas. Suerte si podemos poner tiritas a un mundo casi necrosado.
Aún con las brasas activas pronto otra injusticia acaparará la atención y  seguirá rodando la macabra ruleta. Faltan manos, disciplina y tiempo para atajar tanto horror.
Las conciencias ignífugas que mangonean el mundo se remojan tranquilamente  en sofisticadas piscinas mientras la Tierra se agrieta por fuego y sequía.
A los más de 500 millones de animales carbonizados los consideran barbacoa, negando el holocausto.
Nos explican con toda pachorra que esos incendios son comunes allí, algo normal que constituye el ciclo de la naturaleza. 
Pasado esto se regenerará como un Fénix.
Es cómodo aceptar la versión Disney, la de los locos vociferantes que denuncian la tragedia es muy desagradable.
“Preparemos unas olimpiadas o un mundial para entretenerlos”, piensan.
“Eso y cerveza son mano de santo”.
D. W. 

domingo, 5 de enero de 2020

ANHELO

ANHELO 
Es la noche de los deseos.
En la niñez este día pasa muy lentamente aliviada la espera solo por el paréntesis de la cabalgata. Volver a casa con un puñado de caramelos, lustrar los zapatos y a dormir pronto que si no los reyes pasan de largo.
Son tan modestos que evitan testigos de su generosidad aunque aceptan el anís y algún plátano para sus camellos.
Amanecerá el día haciendo felices a muchos niños, por desgracia no a todos. 
Se reciba poco, demasiado o nada lo que nos queda es la humana facultad de anhelar lo imposible.
Aunque después no seamos satisfechos.
D. W.

*Oleo sobre lienzo.
“El escaparate de la juguetería”
  Timoléon Marie Lobrichon ( Conord 1831/ París 1914). 

viernes, 3 de enero de 2020

CORSÉS

CORSÉS 
Hace mucho tiempo, tanto que parece que fuera en una galaxia muy muy lejana a una compañera de estudios le diagnosticaron escoliosis.
El tratamiento consistía en enyesar el tronco, convirtiéndola en una maniquí viviente más tiesa que un ajo. Pasó un calvario en plena adolescencia. De nada le sirvió, acabó visitando más quirófanos que discotecas para corregir su chepa.
Le hubiera parecido burlesco que un cuerpo sano aprisionado en un molde fuera elogiado.  A ella, que ocultaba la joroba con ropa holgada, le estaba vedada la liberación.
Que la desnudez y la libertad de Piedrecita coincida con los dividendos que proporciona a sus jefes es pura casualidad. Y que esté buena también. La cadena que brinda con cerveza gana tanto como los cines setenteros con el destape. 
Solo las “tontas” de Femen muestran los pechos sin cobrar.
La belleza perfecta que enseña lo que quiere convencida de dar lección de  empoderamiento, humedecidos los lindos ojos por las ausentes está perpetuando estereotipos dañinos. 
Y lo peor es que no está sola, hay legión que largan por la boca lo que desmienten con el ejemplo.
No es mala intención sino pésima sororidad.
Estrenan el año ella y sus trapos. Medio país pajeándose, otro medio despellejándola y la beldad quejándose por incomprendida.
Si fuese una mujer que no cumpliera los cánones ideales pocos verían la retransmisión. Así son las cosas.
Puede que dentro de treinta años sea un macizorro en tanga el que totalmente liberado nos acompañe a cruzar la medianoche.
Será igual de esperpéntico pero así variamos.
D. W. 



miércoles, 1 de enero de 2020

¡Y TENÍAN CORAZÓN!

¡Y TENÍAN CORAZÓN! 
Andaba yo preparando la cena de Nochevieja, ensimismada rebozando las bolitas del entremés cuando un sonido  inquietante me alarmó.
Estando sola pensé que fueran mis gatos, concretamente el Azuki que pesa seis kilos y ronca como un león pero no. 
El ruido venía de muy cerca.
En un escurridor unas almejas esperaban a ser salteadas luchando para escapar a su destino.
Me acerqué fascinada por el horror que me producían sus lamentos. Algunas lanzaban un corto silbido, otras sacaban su cuerpo fuera de las valvas buscando la inexistente arena para esconderse. 
Me dejó sin aliento su angustia. Hace años que no como animales pero puntualmente debo guisarlos para el resto de la familia. En esta ocasión fui incapaz.
Imagino al ocasional lector de este escrito sonriendo cuando no carcajeándose a mandíbula batiente. 
Busco en Google y me entero de que estos moluscos no tienen cerebro ni ojos (igual que los políticos a los que en cambio no comemos) pero poseen boca, recto y sistema circulatorio con un corazón que les impulsa a la vida. 
Triste final ser engullido y cagado por un ser más fuerte que una.
Bien pensado eso es lo que hacen con nosotros quienes nos manejan, limpiándose después el culo con total tranquilidad.
Esta conclusión me afectó tanto que confieso que esa noche me sentí triste. 
Desgraciada como una almeja. 
D. W. 


LO QUE NO SABES

  LO QUE NO SABES Se siente femenina cuando el cañón de luz enfoca su figura, perfilando su esbeltez sobre un fondo decadente. Baja las esca...