viernes, 3 de enero de 2020

CORSÉS

CORSÉS 
Hace mucho tiempo, tanto que parece que fuera en una galaxia muy muy lejana a una compañera de estudios le diagnosticaron escoliosis.
El tratamiento consistía en enyesar el tronco, convirtiéndola en una maniquí viviente más tiesa que un ajo. Pasó un calvario en plena adolescencia. De nada le sirvió, acabó visitando más quirófanos que discotecas para corregir su chepa.
Le hubiera parecido burlesco que un cuerpo sano aprisionado en un molde fuera elogiado.  A ella, que ocultaba la joroba con ropa holgada, le estaba vedada la liberación.
Que la desnudez y la libertad de Piedrecita coincida con los dividendos que proporciona a sus jefes es pura casualidad. Y que esté buena también. La cadena que brinda con cerveza gana tanto como los cines setenteros con el destape. 
Solo las “tontas” de Femen muestran los pechos sin cobrar.
La belleza perfecta que enseña lo que quiere convencida de dar lección de  empoderamiento, humedecidos los lindos ojos por las ausentes está perpetuando estereotipos dañinos. 
Y lo peor es que no está sola, hay legión que largan por la boca lo que desmienten con el ejemplo.
No es mala intención sino pésima sororidad.
Estrenan el año ella y sus trapos. Medio país pajeándose, otro medio despellejándola y la beldad quejándose por incomprendida.
Si fuese una mujer que no cumpliera los cánones ideales pocos verían la retransmisión. Así son las cosas.
Puede que dentro de treinta años sea un macizorro en tanga el que totalmente liberado nos acompañe a cruzar la medianoche.
Será igual de esperpéntico pero así variamos.
D. W. 



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