jueves, 31 de diciembre de 2020

TERMINAMOS

 TERMINAMOS

Hace 366 días escribía en mi blog que cada año a empezar es una bolsa de frutos secos surtidos, que no sabes si te va a tocar un garbanzo tostado o un palitroque que te joda un empaste. 

Pues este ha sido el bisiesto de la bolsa mala. 

Hoy brindaré con champán, porque su nombre suena a locas burbujas cosquilleando la boca mientras que al decir “cava” visualizo una “fosa”, cosas mías. Este año nefasto para la Humanidad fue piadoso conmigo a pesar de traerme amarguras que me enmudecieron varias semanas. Recordaré 2020 como el año en que salió a la luz la Dela escondida, a contracorriente del Confinamiento. No es cierto que cuando tocas fondo solo queda opción de nadar hacia arriba; aún puedes seguir enterrándote en el lodo como un gusano, hasta llegar al mismo infierno.

“La buena suerte” acudió a mi socorro en forma de cometas esplendorosos llamados Rosa Montero y Maru San Martín, y no solo por ganar un concurso literario que permitirá a uno de mis cuentos vivir por siempre jamas en una Antología, sino por haber conocido a personas extraordinarias que usan las letras como dulcísima arma para embellecer el mundo.

Dar la bienvenida al veintiuno quiere decir que seguimos aquí a pesar del veinte o gracias a él, y será por algo.

Valiente inyección de Humildad nos ha suministrado.

D. W



 

 

 

 

miércoles, 30 de diciembre de 2020

DESNUDO

  DESNUDO

Desde que escribo seriamente, no abortando lo concebido, miro de otra forma las librerías. Antes pisaba su umbral con la fe del creyente y la voracidad de un goloso. Metía la nariz y casi la lengua en todos los libros que me atraían, en un flirteo nada inocente.

Siempre era difícil escoger los que llevarme, épocas hubo que solo podía ser uno... o ninguno. Me aficioné a ir a rastrillos y almonedas para conseguir más por menos.

Hace poco vi desterrar del Paraíso, cargadas irreverentemente en carretillas, dos sacas blancas deformadas por las aristas de los volúmenes que estorban, según dictamen del balance anual, camino de ser confetis o vendidos al peso. Los oí suplicar dolorosamente: “¡cómprame, te instruiré, entretendré, escandalizaré...!”. Se me antojaron animales de Perrera.

Imagino un libro mío, quizá siempre nonato, encogido entre anaqueles esperando ser bienhadado, opacado por lomos lascivamente expuestos superiores a él en saber y gobierno; enmudecido por timidez heredada, o por contra desgañitándose como hijo de la otra yo dislocada que cuando escribe urde historias con lo nunca dicho, lo soñado o lo que inventa, rasgándose corazón e hígado.

Nunca tantos dijimos a la vez tan libremente, aquí la gloria y el infierno. Entre el océano de palabras impresas se pierde el más avezado navegante. Resulta cruelmente necesaria la selección, yo misma la hago con pecado de omisión llevando en ella penitencia; las letras postergadas, dada nuestra naturaleza finita, suelen serlo para siempre.

D. W

 

 



lunes, 28 de diciembre de 2020

ACTUALIZACIÓN DE BIENAVENTURANZAS

      ACTUALIZACIÓN DE BIENAVENTURANZAS  

Bienaventurados los que creen en sí mismos porque conocen la fe.

Dichosos los optimistas que animan al pesimista.

Alabado sea el amable que pronuncia “por favor, gracias” y sonríe.

Salve a los hijos de malos padres que crecen buenos pues no contemplan la venganza sobre el débil.

Albricias a quien dice verdades incandescentes. Será quien forje un mundo nuevo.

Parabienes a los consecuentes, estarán sus actos bien meditados

Agradecimiento a los generosos, al final encontrarán lo que dieron.

Recordados sean los pacientes porque conocen la esperanza.

Benditos los dueños de sentido del humor, la risa es bálsamo.

 

Líbrenos la vida de los crédulos que compran pastillas para adelgazar, confían su futuro a un juego o a la botella su alegría. Del maestrillo que cree profilaxis cruzar los dedos. De los que mucho y mal hablan, haciéndose longuis para no apoquinar y del “torpe” escaqueándose con su mantra: “tú lo haces mejor”. Del agua mansa, en suma, por estancada.

A estos, que los COJA una piraña argentina.

D. W



martes, 22 de diciembre de 2020

AMA-SANDO

 AMA-SANDO 

Pepe golpea la masa como si lo insultara y quisiera callarla; la pellizca y mortifica con castigo medieval de aceite hirviendo. Los dulces parecen moldeados con guantillas de boxeo, no hay dos iguales pero que ricos le salen. 

La bandeja rebosante de borrachuelos sui géneris es puro arte conceptual que perfuma la casa volviéndola hogar, atrayendo a las avispillas crecidas, artífices ya de su propia vida.

Que la belleza está en los ojos del que mira y el gusto en la boca de quien cata.

D. W

 



domingo, 20 de diciembre de 2020

¡ZAPE!

  

¡ZAPE!  (1943)

“Lah pascuah encima y la ruina también... virgencita del Carmen ¡que ganitah tengo de podé llevá pan blanco a la mesa!”.

Marcelita servía en casa de militar lavando y remendando ropa que debía planchar dos veces por semana. Lo hacía con sumo cuidado, poniendo trapos blanquísimos entre la prenda y el artilugio repleto de brasas incandescentes, no fuera a malograr el uniforme del señor o el bordado embozo de una sábana. 

No le pagaban malamente, incluso a veces caía alguna cosilla rara de catar en malos tiempos. El ambiente de la casa era totalmente marcial; casi a toque de corneta se fijaban los horarios de la numerosa tropa pero la comida no tenía nada de rancho, privilegios de quienes velan por la patria.

Era digno de ver a la capitana durmiendo a sus hijos cantándoles el pasodoble de “Las corsarias”, sentada muy derecha en medio de las dos cunas, meciéndolas al compás .

—Banderita tu eres...

—Doja, - contestaba el mayorcito con media lengua.

—Banderita tu eres...

—Alda, -contestaba el benjamin con cuarto de ella.

Y así se quedaban dormidos, soñando que hacían una guerra con rifles de caña, embadurnados en salsa de tomate, sobrevolando la España reconquistada en una avioneta de tiovivo tripulada por el guerrero del antifaz. 

A Marcelita una súbita le quitó su nene, siendo aún de teta, y esta estampa siempre le sacaba las lágrimas. Enviudó pronto, ya no tendría más niños a los que arrullar, quedándole sólo en el mundo una hermana, cuñado y la sobrinilla morenucha que le tenía sorbido el seso. La niña crecía endeble, tragando más que nada aceite de hígado de bacalao para robustecerse y de ricino para purgarse (de no se sabe qué empacho si no comía). Pero así eran las cosas entonces.

A Marcelita se le fueron los ojos cuando entró, la víspera de Nochebuena, en la cocina. 

Una pirámide de albóndigas gordas como bolas de billar desafiaba la gravedad. “Son de carne de caballo”, -le confesó la cocinera-, los viejos pencos que ya no dan más de sí mira dónde acaban...”.

A Marcelita le dio repelús.

—Con salsa de almendras estarán fetén, -seguía diciendo la guisandera- y mira, esto es pan de molde, tierno como el agua, má encargáo la señora que haga canapies.

—¿Eso que é?.

—Pos unas rebanaillas de pan con toa clase de cosas por encima, a cual má güena. Un cachillo jamón con manteca Flande, tortilla, queso, bayonesa con espárragos, atún...

A Marcelita se le aguaba la boca oyendo el menú, estando como estaban a dieta de maimones y jurelillos cuando se pillaban. Se hizo paparreta pensando en lo contenta que estaría su niña si estas fiestas pudiera regalarse el pico con esas chalauras tan ricas. De momento tenían pensado poner coliflor en adobillo y detrás torrijas de pan negro, apenas manchaillas de azúcar. 

El diablillo azufrado que todos llevamos dentro le empezó a pinchar.

La señora le había ordenado que saliera un poco más tarde en Nochebuena “me tienes que planchar primorosamente, vienen a cenar compañeros de promoción del señor y no quiero quedar como zarrapastrosos. Mira, -le dijo poniendo en sus manos un sobre, -aquí tienes el aguinaldo, y en la fresquera un culillo de mortadela para que lo comas a nuestra salud, después se lo pides a Herminia. 

Marcelita, entre vapores, iba dejando la ropa niquelá. Tras terminar cada prenda las llevaba al dormitorio de cada cual dejándolas perfectamente acomodadas en perchas, enganchándolas a las lámparas del techo para que no arrastraran los vestidos y cubriendo los galanes de noche con chaquetas de brillantes entorchados. En cada viaje pasaba por delante de la mesa tocinera donde descansaban las bandejitas con los canapés. Daba gloria mirarlos, tan chicos y coloríos.

—Toma, -le dijo la pinche, -he sisado dos de gambas con bayonesa, no se ha dao cuenta nadie porque como me pusieron a pelarlah me las guardé ante. Se come de un bocao.

Nunca había paladeado algo tan delicioso. Hubiese querido alargar el gustillo pero la otra le instigaba, “trágala, que no nos pillen”.

El cuarto de plancha estaba dispuesto después que la cocina y cerca de la fresquera. Un ventanuco que nunca se abría le daba algo de luz.

—Herminia, ¿me jase osté un favó, podría entrabrí la ventana...?, con el caló de la plancha me va a dá er colorín.

—Gueno, una rajilla ná má a vé si van a entrá bichoh.

No pasaron diez minutos cuando se sintieron unos gritos, “¡Zape, zape, joíoporculo gato!, ¡barrabá!”, choques metálicos contra el suelo, escobazos y más chillidos.

Acudieron al cuarto plancha en tropel todas las féminas de la casa tal agustinas de Aragón.

—¡Ay, que he salió un momentillo a dejar su vestío y en esto... un gato negro mu grande ha entrao y lo he pilláo comiéndose a dos carillos los canapies ...

—¡Que diusto, que enrritasión!, ¡Herminia, ¿no le tengo dicho que la ventana tiene que está cerraaaaaá?, - a la señora, que era de Competa, le salía el acento cerrado cuando reñía.

Marcelina se inmoló, echándose las culpas. 

Herminia abanicaba a su ama con el soplillo cocina, “no se apure usté que tó tiene apaño, podemo sacá aceituna pá redondeá el entremé.

—¡Que horró, como en una fonda...!

—O altramuce, -apuntilló la pinche. 

—¡Que bochorno, por Dió..., Herminia ponte a avía el resto de mortadela con una bechamé  ezpecita y mucha nué noscá, pá hacer croquetah. Si salen con barba San Antón y si no... la Purísima Concepción.

Dirigiéndose a Marcelita le espetó:, “te queas sin el culillo, no abrirás má la ventana no, en mala hora.

Volando volvía esa noche a su casa la planchadora. Al llegar estaba su hermana rebanando el triste pan negruzco para el postre. 

—Mirah, -cuchicheó llevándose el índice a los labios, brillándole los ojos traviesos-.

Dentro de la cajita de costura, una lata que alguna vez fue molde para dulce de membrillo descansaban, alineados con esmero de joyero, los celestiales bocaditos .

—¿Eso se come tita?.

—Si, ia, si, se llaman canapiese.

El gato negro y gordo resultó ser menuda gata estratega.

D. W

*A Rivas, por la evocación. 

*Publicado en “El Observador” el 11 diciembre de 2020



martes, 15 de diciembre de 2020

CON ESPINAS

 CON ESPINAS

Entro aterida; la cafetería en ascuas rompe la niebla. 

-Un chocolate ardiendo, -pido.

El calor descongela mis labios tatuando el borde de la taza.

Vuelco el resto buscando futuro en posos inexistentes, se sale de los límites permitidos y ahoga una rosa.

Metáfora pluscuamperfecta de un amor invasivo.

D. W

*Publicado en “El Observador” el 11de diciembre de 2020


                                                   

domingo, 13 de diciembre de 2020

LUZ, CUENTOS E HILVANES

  LUZ, CUENTOS E HILVANES

Cada trece de diciembre se rinde tributo a una adolescente mártir que curiosamente es venerada por católicos, ortodoxos y luteranos. Santa Lucia, “la que porta la luz” simboliza el triunfo de esta sobre las tinieblas.

La tradición afirma que dada en matrimonio y deseando consagrase a Dios se arrancó los bellísimos ojos enviándolos a su prometido, quien juraba estar embrujado por ellos, para quedar libre del compromiso.

Se la nombró Patrona de la vista y de todos los oficios que se basan en ese sentido o tienen que ver con la luz: electricistas, cristaleros, fotógrafos y modistas.

Mi bisabuela, que “cosía para la calle” según expresión antigua, la veneraba. Nunca faltó en su taller mariposas para Lucía. También dejó sus ojos enjaretando mangas jamón y corsés. Su hija, mi abuela, bordaba primorosamente puños, cuellos y cinturillas, recortándose las luengas pestañas que le hacían sombra en la labor.

Aguja y dedal fueron las herramientas con las que muchas mujeres sacaron adelante a sus familias. Siento adoración entrañable por las modistas que adecúan perfectamente a cada cuerpo las telas con pinzas, alforzas y pliegues disponiéndolos para ensalzar lo mejor y hacer desaparecer defectillos. Nada que ver con la grosería del tallaje industrial para el que las medidas son clasificaciones, no formas. 

De vez en cuando en mis cuentos me nace una costurera, no me apercibo hasta que la veo inclinada, cosiendo o cortándome la historia a su gusto. Yo la dejo hacer para ver a donde me lleva.

En “Acompasados” relato incluido en la Antología “Labios rojos, chocolate y una rosa” este oficio tiene gran protagonismo:

“... Más de una vez se confeccionó por aburrimiento modelitos de impresión. Nunca confesó que habían salido de su aguja, descosía las etiquetas de los trajes de otras temporadas y las pegaba a su creación para que las “amigas” lo creyeran hecho en atelier...”

Al fin, cosiendo y escribiendo se hila, enhebra, se juega con las tramas y los nudos.

Hilvanadora de historias me llamo por algo.

D. W

 

 


lunes, 7 de diciembre de 2020

ACUSTICOFILIA

 ACUSTICOFILIA

Le gustó el piso por lo bien aislado a pesar de estar en medio de todo. Blindado como un fuerte, de anchos muros conventuales y con carpintería exterior súper PVC de triple cristal anti balas, anti calor, anti frío, anti luz casi pues al traspasarlos adquiría una tonalidad verdosa, de vientre de muerto.

Perfectamente insonorizado, una catedral pagana de único culto a escuchar-se. 

Dentro de su burbuja podía dar rienda suelta a sus heavys decibelios mientras que con taladros y sierra eléctrica hacía bricolaje extremo a las tres de la mañana, sin riesgo de que llamaran a la policía por escandaloso.

Un día, al entrar a la cocina buscando drogarse con café para enfrentarse al mundo, creyó oír voces. Se palmeó con las manos huecas los oídos porque eso era absolutamente imposible mas los murmullos seguían ahí. Guiado por ellos llegó a la campana extractora, quitando uno de los filtros. La voz ahora se hizo tan clara que distinguió una frase: “no te levantes, voy para allá con el desayuno”.

Se cabreó enormemente y decidió que al regresar del trabajo, cegaría el conducto con espuma aislante. 

De vuelta a casa traía media docena de tubos para ejecutar su plan pero al disponerse a hacerlo le llegaron unas risas quedas, después unos suspiros de amor, jadeos, chasquidos de lenguas entrechocando o entrando y saliendo de cavidades carnosas y húmedas. Palabras arrebatadas, inconexas, coloradas. Un aullido largo de placer femenino y poco después un gruñido liberador de hombre. Luego susurros, roces de piel y por fin, silencio.

No atrancó el conducto sino que allí mismo, bajo la cúpula argenta e inoxidable, descomprimió el suyo.

*Acusticofilia = excitarse sexualmente al oír sonidos específicos a través de las paredes. 

D. W

*Publicado por “El Observador” el 4 de diciembre de 2020.

 



domingo, 6 de diciembre de 2020

DICIEMBRE

 DICIEMBRE 

El mes con más números rojos en el calendario se ha caído del guindo. No sabrá igual el turrón digital, ¿como se parte un piñón con alguien confinado a 100Km?.

Solo media docena reunidos en torno a los langostinos descongelados, parientes de los peces que beben, beben y vuelven a beber. Y río Albal más seco que el gaznate de un cuñáo.

Tras pasar el acueducto, otrora inaugural del desmadre, no hará falta poner pesebre que el Belén lleva meses montado, si acaso un abeto made in China con adornos coreanos.

Las uvas de la suerte sabrán a palabrería, el champán de oferta sin embargo cumplirá su función de adormidera. Las céntricas luces pagadas a escote cantarán el “Last Christmas”, todo morbo, a los gatos sin botas. ¡Inclán, resucita y desempolva el esperpento!.

Se va diciembre recordándonos dos mil veinte veces lo frágil que es nuestra condición humana.

D. W

*Publicado en “El Observador” el 4 de diciembre de 2020.



sábado, 5 de diciembre de 2020

GAIA, HISTORIAS DE AMOR Y SANTUARIOS

 GAIA, HISTORIAS DE AMOR Y SANTUARIOS

“Los animales no fueron expulsados del Paraíso”

Milan Kundera (1929)

 

Os traigo un libro lleno de historias de AMOR, no al uso sino del bueno, “el que da y no pide porque es generoso”. 

Gaia, la diosa griega de la Tierra, dio nombre a la teoría de Lovelock que enuncia que esta no es una piedra sino que se comporta como un gigantesco organismo en la que todos estamos conectados. Hay científicos que la refutan pero tampoco ninguno ha sintetizado jamás la partícula de la compasión y existe. 

La palabra Santuario tiene varias acepciones, la primera reza: “lugar donde se veneran objetos sacros”. Y como nada hay más sagrado que la vida la segunda alude a los maltrechos y desheredados de la fortuna. “¡Asilo, Santuario!” , -clamaba la gitana Esmeralda a Notre Dame huyendo de su ajusticiamiento. Y mientras Víctor Hugo, su creador, la guareció allí fue intocable.

A semejanza se crearon los Santuario de animales, como refugio donde nadie volverá a hacerles daño. Por coherencia los humanos que lo sustentan son veganos; no se puede defender un ser con la misma boca con la que se le come.

Se diferencian de una Protectora convencional en que los asilados son los tristemente denominados “animales de consumo o explotación” y no se dan en adopción. Será su HOGAR hasta que de forma natural fallezcan.

Ismael López Dobarganes y su pareja Coque Fernández fundaron el SANTUARIO GAIA hace unos años. Ahora el primero ha plasmado en letras la experiencia con sus habitantes. Historias de maternidad, amor, risas, compañerismo, lecciones de vida recibidas de unos seres que son ANIMALES COMO TÚ.

Te invito a regresar a la niñez, al día que trataste como compañero de juegos a un pavo, gallina, conejito, chivillo... sin saber que esa noche acabaría siendo tu cena. Mete la mano en tu pecho y rememora lo que sentiste.

Leer este libro, escrito con el corazón, te hará replantear el respeto a la VIDA.

Si es que te atreves.

D. W



miércoles, 2 de diciembre de 2020

LUNES DE MIEL

 LUNES DE MIEL

Él decidió que la boda fuese en domingo para emprender la luna de miel en martes, día en que los vuelos son más baratos, además el de las 4:45 a.m. sumaba descuento por lo puñetero de la hora.

Esa madrugada pondrían rumbo a Estocolmo, destino bicoca al ser temporada baja. 

Se casaba con un hombre cabal, experto en cambalaches legales para desgravar en Hacienda y que nunca dejaba una gota del vino en la copa; su máxima era: “El dinero no lo regalan”.

Ella, que siempre huyó de las personas tacañas de bolsillo y corazón, estaba convencida de que entre los dos sería diferente y aceptaba sus “peculiaridades”.

Él se había negado a convivir hasta tener el piso totalmente decorado y estar casados, “es lo correcto” afirmaba colocando la foto de sus padres enmarcada en plata sobre el aparador del futuro hogar. 

Cierto que las relaciones íntimas eran más que excelentes, había que reconocerle ser un cariñoso compañero y hábil amante.  

Cuando despertaron tras una noche de bodas honoris causa, ella se hubiese dejado matar por él. Sobre todo cuando la volvió a tender a besos susurrándole:

—Yo me ocupo, reina.

Mientras lo oía trastear bulló las almohadas esperando disfrutar un inolvidable desayuno en la cama, con la informalidad inherente al sexo juguetón y satisfecho. La lluvia, que con textura de jazz actuaba tras la ventana espiando el romántico momento, arreció ante la orden inesperada: 

—Ven al comedor.

Extrañada obedeció. La mesa ganaba por goleada a todas las aparecidas y por aparecer en el HOLA;  deslumbrada tomó asiento mientras él le servía el café.

—¿No te has vestido?, -preguntó perplejo.

—No sabía que debía hacerlo...

—La corrección ante todo, querida, ve por la bata al menos, mientras traigo la miel.

—No hay... -dijo ella mordiendo culpablemente la tostada.

—¿CÓMO QUE NO HAY?”, -gritó convertido de repente  en Mr. Hyde-, ¡ES INCONCEBIBLE, NO SE EMPIEZA UNA LUNA DE MIEL SIN MIEL!, ¿NO TE LO ENSEÑÓ TU MADRE?.

Gotas de saliva salpicaron la brillante cafetera, bullendo con el calor y dejando puntitos blancos en la superficie. Sin poder dejar de mirarlos ella asintió mansamente.

—Llevas razón, bajo ahora mismo, esto no debe consentirse.

—¡A VER CUÁL ME TRAES...!

La reina destronada cambió bata por gabardina y llamó a un taxi. La ventaja de empezar la luna de miel en lunes es que están abiertos los supermercados y los bufetes de abogados.

Día ideal para tramitar un divorcio.

D. W 

*Publicado por “El Observador” el viernes 27 de noviembre de 2020


martes, 1 de diciembre de 2020

NO DA, SI DA

 SI DA, NO DA

La cantinela se oía en el 88 por todas partes. Provenía de un spot hecho para promocionar el uso de preservativos con el fin de evitar contagios de SIDA. 

Esas cuatro letras ya daban mucho miedo. Apenas cinco o seis años antes provocaban las risas de machirulos que se veían inmunes a tal enfermedad aunque la mayoría fuese, muy probablemente, puteros o promiscuos y llevaran en la bragueta el virus a su legítima y futuros hijos. Con “profesionales” no se ponían condón, pagaban para correrse a gusto que a disgusto ya tenían a su señora. “Los sidosos son maricones, se lo pegan entre ellos”. Un justo castigo de Dios por ser sodomitas, (se ve que algunos escaparon de la lluvia de fuego para caer en las brasas). “Ir contra natura no puede ser bueno, los vicios es lo que traen”.

A más de uno y dos gomosos oír soltar estas perlas lamentando que no resbalaran con ellas.  

Cuando se vio que el virus se cebaba también en heterosexuales, que las mujeres embarazadas lo pasaban al feto y que una transfusión de sangre podía llevar la enfermedad a las venas de cualquiera la cosa cambió. 

Y casi empieza una caza de brujas, ahí, esta vez si, anduvo rápido el mundo. Las campañas se sucedían concienciando, informando y combatiendo bulos.

Cuarenta años después aún no existe vacuna pero sí antirretrovirales y todos sabemos como protegernos. Cada primero de diciembre se conmemora el DÍA INTERNACIONAL DEL SIDA para recordar que el virus sigue ahí y se llevó a muchas personas por delante.

Un día quizá tengamos una jornada dedicada a la COVID 19, pero eso será cuando sepamos cómo dejarlo KO, de momento todos lo días son suyos. 

Póntela, pónsela a tus hijos, me refiero a la mascarilla pero también a la educación para que no desprecien al enemigo. Ni se rían de cosas que ignoran o creen superadas. 

Hace no tanto tiempo algunos de los que rieron fueron los que más lágrimas vertieron después.

D. W

*Publicado por “El Observador” el viernes 27 de noviembre de 2020



LO QUE NO SABES

  LO QUE NO SABES Se siente femenina cuando el cañón de luz enfoca su figura, perfilando su esbeltez sobre un fondo decadente. Baja las esca...