miércoles, 31 de marzo de 2021

VERDE SAL

 VERDE SAL 

Melusine pasea todas las mañanas por el arrecife de coral. Le basta un suave ondular del vientre para impulsarse. Su aleta sigue siendo poderosa; para las sirenas la edad no es nada. Son tan viejas como el mundo mas, igual que los amaneceres, renacen cada día.

Ellas comprenden en su hondura lo que es la muerte, porque todo inmortal está condenado a perder lo querido una y otra vez.

Gracias a su belleza logró, en sus albores, aparearse con un humano. Así sus hijos unieron las dos sangres y nacieron con piernas. Ella, por sus poderes de hada, las disfruta siempre que se purifique cada sábado con agua de mar. Para esta ceremonia debe estar sola, es condición que ni su más amado la vea en su forma primigenia.

 

Se acerca a la orilla para recoger una planta que deja un regusto a sal, recordatorio de su origen. Es verde como sus ojos y crece en delicada filigrana. La saborea servida en grandes conchas de nácar, cuyos dueños hace siglos que desaparecieron. Melusine no se alimenta con sus hermanos. Sería canibalismo si devorara a un pulpo, que con donaire se enreda en su cabellera, o delfines, con quienes compite en velocidad.

Llama a la planta Salicornia, por su apariencia de cuernecillos de caracol y su salobre paladar. La toma cruda, pero aprendió a condimentarla con ajos, chiles, azafrán y arroz para hacerla deseable a los humanos. 

Casi olvidada su historia, enterrados hace tiempo su marido e hijos ya es leyenda, aunque sus descendientes son granos de arena que conforman playas.

Ahora, Melusine está triste. Las aguas se están despoblando y hasta el coral, por más que lo pode y abone con sus lágrimas, languidece. Solo encuentra seres inertes que llaman plásticos. Los peces los comen, atraídos por sus vivos colores o quedan atrapados entre sus briznas y a ella le faltan manos para rescatarlos. Siente la misma opresión en las branquias, ocultas por el pelo, cuando un remolino de olas le arroja en el rostro esos velos infames.

En las noches sin luna, trepa por la borda de los barcos, y deja en los bolsillos de los navegantes dormidos un ramito de salicornia, mientras le susurra al oído, en el idioma de los cuatro vientos, sus bondades. Hay para todos, es maná sabroso y así vencerán al jinete del hambre, que aplasta bajo sus cascos a media humanidad.

Luego los besa en los ojos, rubricando su mensaje. Poco a poco los convencerá, la sutileza cala más que los gritos de las leonas de mar que el casquivano Ulises, los dioses lo perdonen, confundió con su canto.

D. W

*Publicado en “El Observador” el 26 de marzo de 2021





 

 

 

domingo, 28 de marzo de 2021

TULIPANES PARA LOLA

 TULIPANES PARA LOLA

Me llamo Lola por empeño de mi madre. Nací prematura y la comadrona, para que no acabase en el limbo, me llevó a bautizar a la iglesia que estaba frente a mi casa. Día impropio pues era Viernes de Dolores; pero el párroco, comprendiendo la premura, vertió agua bendita sobre aquella muñeca arrugada y azul, imponiéndome los nombres de María de los Dolores, sin consultar a mis padres que querían llamarme Libertad. La República estaba recién estrenada y venían otros aires, aunque sin haber ventilado la casa del rancio.

Con botellas de agua caliente y cucharaditas de leche de cabra, pues ni fuerza tenía para agarrarme al pezón, me sacaron adelante. Y pese a la solemnidad del nombre rompí por Lola, que nunca fue Lolita y a veces Loli. Mamá no quería que me llamaran por el del registro; le daba pálpito de que atraería a mi vida los sinsabores que encierra.

Y no anduvo descaminada, que pese al disfraz del hipocorístico me descubrió. Confieso que pasé fatigas y penas. La más grande, dejar mi España. Tuve que cambiar su sol, su mar y su alegría por el pan y el trabajo que me ofreció otra tierra, a la que, después de casi sesenta años, quiero como mía.

Aquí, en el país de los molinos, el verano dura muy poco pero tengo un jardín adornado como patio andaluz, con botijo, dama de noche y hasta una higuera. Y mis hijos hacen las paellas como nadie.

Leo mucho. Cuando no tengo a mis nietos me entretengo con los libros que mi marido fue atesorando en vida. Él marchó, dejando esa herencia.

Hace poco, ojeando uno, me enteré de que el tulipán proviene de Oriente, de Turquía nada menos. Por su parecido a un turbante, en Holanda se nombró como este, que en turco se pronuncia ”tulbend” pero allí llaman a esta flor Lâle. Su cultivo se fue extendiendo y con el tiempo, se erigió flor nacional de Uzbekistán; en lengua uzbeca, y ahí mi sorpresa, tulipán se dice “Lola” porque su deje velariza la “a larga” hasta convertirla en “o”. Allí, como en España, Lola es un nombre hermoso pero muy común para mujeres y niñas.

Hoy, que es mi onomástica oficial, bendigo a mi madre, que me llamó como una flor sin saberlo.  

D. W

*A todas las Lolas que tuvieron penas, en especial a mi Madrina, Lola Franco; con perdón por las licencias y muchos besos.

**Publicado en “El Observador” el 26 de marzo de 2021.




jueves, 25 de marzo de 2021

UN SÁBADO CUALQUIERA

 UN SÁBADO CUALQUIERA 

El goterón cayó sobre el parabrisas con ímpetu suicida. La lluvia se había marchado pero el paso elevado seguía escupiéndola a los coches que lo atravesaban; la velocidad hacía que el agua ascendiera por la luna con terquedad de insecto.

 —Papi, ¿de dónde salen esas gotas?

 —De los pájaros, escurriéndose las alas. 

Es sencillo encontrar respuestas si la entrevistadora tiene seis años.

Despacio, encaró la rotonda. Ladeáronse los cuerpos al curvarse la carretera. El de la niña menos, bien protegida en su butaca de seguridad, pero lo suficiente para que sintiera cosquillas en la barriga.

Se detuvieron ante una nave industrial. Las puertas plegadas eran rojas, así como las letras que indicaban sobre fondo blanco: “Atención: recogida de dientes”

 —¿Ves lo que dice ahí?, este es el sitio donde Ratón Pérez deja el dinero a los niños que se les cae un diente. 

 —Dice mami que lo pone bajo la almohada.

 —Es verdad, pero a veces tiene tantos encargos que los deja aquí. Vamos, y recuerda que debes estar calladita.

Bajaron del coche y entraron. Olía a madera cortada; el polvo de serrín le cosquilleaba la nariz pero, obediente, reprimió el estornudo. El estruendo de una serradora eléctrica tamborileaba su corazón.

Papá se acercó a la ventanilla, introduciendo medio cuerpo por ella, hurgando hasta encontrar lo debido y dejando en su lugar el colmillito. Sus piernas tijeretearon el aire unos segundos.

 —Toma -le dijo a la chiquilla alargándole un billete- ¿ves?

Ella tomó el papel, saltando de alegría.

 —Mételo en la hucha y no se lo digas a mamá. 

Doblándolo con cuidado lo guardó en un bolsillo del abrigo. 

Mientras se alejaban, dirigió una última mirada a la mágica franquicia ratonil; quería paladear las letras del rótulo, pero algo la inquietó.

 —¡Papi, papi, no pone “dientes” dice “clientes”, que no sé lo qué es!

 —Dice “dientes”, es que la lluvia ha arrancado dos trocitos de pintura y parecen dos letras, pero es una “d”.

 —Ahh, pues que lo arreglen que los papás se van a confundir.

 —No, cariño, todos los padres sabemos dónde está.

Encendió el motor, enfilando a la ciudad recién lavada, que ya empezaba a prender sus luces.

Dejó con la madre a la niña, guiñándole un ojo para recordarle el pacto. 

“Quizá tarde un tiempo en volver”, susurró a la mujer. “¿Y eso por qué?, “negocios, ya me conoces”. La puerta se cerró mientras la pequeña agitaba su manita: “¡adiós papi!”

Fue directo a comisaría, a confesar un robo que ni siquiera había sido descubierto, y se sentó bajo los fluorescentes de la sala de espera hasta que llegó el Sr. Pérez a denunciarlo.

D. W

*Publicado en “El Observador” el 19 de marzo de 2021

 

 

 


domingo, 21 de marzo de 2021

SAN PAPÁ PEPE

 SAN PAPÁ PEPE

 —Casemos a la niña con un carpintero -dijo Joaquín.

 —¡Eso!, así nunca faltará serrín para la caja del gato -aprobó Ana.

 —¿Y tú qué dices, Miriam? -preguntaron ambos. 

 —Que hágase vuestra voluntad, en estos tiempos de a. de C. no me queda otra.

A José, varón desde que nació y después santo, le pareció bien. No sabía que, a los siglos y por un baile de siglas, acabaría llamándose Pepe, por lo de PP (padre putativo) que no es insulto, sino bonhomía criar palomas.

Lo pintan viejo, para subrayar que nada carnal le movió hacia Miriam, como si la edad fuera óbice para ciertas cosas. A resaltar que se hizo el circuito: Nazaret, Belén-Egipto-Nazaret, andando.

Se escogió representante de los padres, solo de los buenos padres, aunque ahí está, con su báculo florecido, cual hombre jarrón sin ser tal, que crió al niño a cuerpo de dios, siendo autónomo de la madera. Con su ejemplo creció (entre olor a resina y cuentos sobre granos de mostaza y perlas) en sabiduría y amor al trabajo hecho a conciencia.

Así educado, Yeshúa, en sus horas postreras, no pudo por menos de clamar “¡Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen!”

El travesaño de su cruz estaba torcido.

D. W

*Publicado en “El Observador” el 19 de marzo de 2021




sábado, 20 de marzo de 2021

POR LEY

 POR LEY

A dieciocho de marzo de 2021 se aprueba en el Congreso la Ley de Eutanasia. Representantes de PP y VOX se levantan de sus escaños tecleando en sus tablets las palabras: “la derogaremos”. Ellos siempre metiéndose en camas ajenas, sea para impedir joder o para jodernos. No soy tan ingenua como para no pensar que habrá sitios en las que aplicarla sea más difícil que en otros, y eso que esta ley española es la más garante de Europa, pero aquí está. Por fin.

El masoquismo consiste en alcanzar el deleite mediante el dolor; para los creyentes acérrimos no se llega a la gloria sin el combo oración /padeceres. Los sacrificios agradan al Dios bíblico, cruel con sus propias criaturas.

Los no creyentes discrepamos en que la vida sea un valle de lágrimas. El demonio son quienes se dedican a coartar libertades. No queremos que defiendan nuestra vida sino que aboguen por bien vivirla y, si vienen mal dadas, dejarla dignamente.

Ellos tienen su fe, nosotros ética y ambas son respetables. Muy suyos son de morir rabiando o atontados con fármacos, y los demás nuestros de decidir asistencia para evitarnos el purgatorio, sin que la mano que nos ayude cargue con el castigo. 

El hombre que cumple la voluntad de su compañera, que ya no soporta más ser un vegetal, es tildado de asesino por una médica voxera que escarba en su dolor: “no estudié una carrera para matar” utilizando ese verbo agresivo con toda su (mala) fe; y que “existen paliativos” o sea: drogas que te dejan grogui.

Yo no quiero terminar babeando las sábanas, ni apartar de mí el cáliz que me libre de un cuerpo sin compostura.

Señorías disconformes: jódanse ustedes, que yo moriré como me dé la gana.

Por ley.

D. W

 


jueves, 18 de marzo de 2021

REBOBINAR

 REBOBINAR 

Se fue; espero que para siempre, ya no soportaba su vulgaridad.

Confieso, con rabia, que la discusión quebró mis nervios, aunque con los años aprendí a ensamblarlos con un buen coñac.

Lleno el vientre de la copa con el licor; a contraluz tiene los tonos de su pelo. Bebo un sorbo y otro, mis venas son alambique del tiempo destilando ausencia.

Con mano febril, abrazo las curvas del cristal y poco tarda el contenido en desplegar sus aromas, igual que su cuerpo al rozarlo respondía abriéndoseme.

No quiero recordar lo bueno, que lo hubo, mas apuro de un trago el resto y pulso su nombre en el teléfono:

 “Ven”.

Después; me cuenta que a ciruelas, madera y fuego le supieron mis besos.

D. W

*Publicado en “El Observador” el 12 de marzo de 2021




domingo, 14 de marzo de 2021

TRAMPANTOJOS

 TRAMPANTOJOS 

Mi ventana enmarca un cielo espléndido, no así la vista, que oculto con unos visillos blancos. He oído a las golondrinas antes de verlas, saliendo de la cama para darles la bienvenida. Revolotean ajenas a los problemas humanos, que bastante tienen con adecentar sus nidos a tiempo para la primera puesta.

Ayer fui a IKEA para acondicionar el mío. Me gustan sus diseños, puedo pagar sus precios y no tengo que dar explicaciones si necesito devolver algo. A cambio debo recorrer todos los pasillos para encontrar lo que busco y en el camino cae en la cesta (cuya réplica venden también), alguna que otra cosilla “imprescindible” como más toallas o un juego de medidas para repostería. Sé que critican su política, pero esos mismos usan vaqueros contaminantes, teñidos en India por manos descarnadas, y beben la dulzona tisana americana para trasegar la hamburguesa. De no ser por esas cuatro letras amarillas, mis libros estarían aún en cajas, por serme prohibitiva la soñada biblioteca a medida. Mi casa tiene planta trapezoide irregular.

Compre una estantería, larga y estrecha, que nos llevó una hora montar, y a mí toda la tarde llenarla de libros rescatados. Los había tenido oreando una semana, de pie y entreabiertos sobre la cómoda, y mientras los limpiaba y restañaba heridas, deseaba que se volvieran piñones para comérmelos a puñados. 

Es entre ellos donde me reconozco. Nunca fui de pingonear, aparte no me acostumbro a “esto”. Respingo cuando oigo: “recordamos a los señores clientes que el uso de mascarillas es obligatorio”, dicho con voz de señorita megafónica, mientras piso los adhesivos, ya despellejados, que marcan en el suelo la distancia de inseguridad. 

Varias conocidas mías se han hecho poner pestañas postizas permanentes, para que sus ojos parezcan más grandes, ahora que no pueden lucir el abullonado de labios. Una pequeña fortuna que a mí me escandaliza, no por cicatera, sino por considérala absurda. Por contra, no entienden mi dispendio en papel ya escrito o en alimentar bichos callejeros. 

El sol ya solo me gusta si me acaricia las piernas; le doy un cachete si se atreve a subir, ya no lo aguanto si espejea en mis ojos.

Será porque mis pestañas son las de serie, que no está una ya para trampantojos.

D. W

*Pingonear= buscar cualquier excusa para no estar en casa.

 


viernes, 12 de marzo de 2021

SEXPLORADORES SIN FRONTERAS

 SEXPLORADORES SIN FRONTERAS 

Al grupito se le veía contento, merendar brownies en un Coffe Shop es lo que tiene.

Habían aparcado la inhibición en las puertas del Barrio Rojo. 

 —¿Serán reales estas tías? -se preguntaban sobre las muchachas tras los vidrios, boquiabiertos y babosos como aquel “Rey pasmado”.

 —Estarán operás, las “normales” no son así.

Para calentar motores decidieron entrar a un Sex Shop, “le llevaría esto a mi novia - dijo un rubito, rozando un picardías casi invisible -pero, ¿cómo le explico...?” 

 “¡Calzonazos! -corearon- y lo arrastraron hasta una vitrina repleta de arreos y consoladores, ensuciándola con los dedazos, bromeando sobre agujeros gloriosos. Mil relámpagos cayeron sobre ellos a pesar de estar bajo techo. La propietaria, harta de tanto mirón insolvente, la tenía electrificada y mandaba calambrazos a los acaparadores.

Ante las protestas, una mole cuatridimensional salió de la trastienda látigo en mano, dispuesto a restaurar el orden. A pesar del cuelgue, los turistas corrieron como liebres hasta un local de “Live Sex Show”, refugiándose en las cabinas, quedando hipnotizados por una pareja acoplada en un tetris que les hizo la boca agua.

Envalentonados, pasearon la calle roja, escogiendo cada uno la maniquí viva que más le puso. Contrataron el servicio siguiendo los consejos de los veteranos que ya habían puesto su pica en Flandes.

Salieron ufanos, en Amsterdam se folla y se droga uno, ¡que cojones!.

El rubio optó por asignatura única y se quedó fuera, tomándose una tapa de hongos que lo alentaron a bucear por el canal, buscando quesos de bola. Tuvieron que llevarlo, chorreando cual torrija, hasta el apartamento. 

Aprovechando la bronca, dos de los sexploradores “se despistaron” y acabaron ante el Sex Shop de los dildos.

En inglés macarrónico pidieron a la Dómina : “can you show us...?” señalando los rabos.

Ella, larga por demás, puso sobre el mostrador todo el surtido.

Relamiéndose, comentaban: 

 —Uno igual que este me acaba de llevar al paraíso. ¡Como lo manejaba la tía!

 —¡Estas sí que saben!, y sin mariconeo.

 —Hay que trajinarse a “las caris” para que acepten al “amiguito”.

 —Les decimos que son para darles doble gusto y entrarán al juego.

Con un gesto indicaron dos para que los cobrara, silabeando en voz alta: “It’s ONLY for our wives, for PA RI EN TAS no for us” y señalaban el esternón propio con el índice y luego lo movían de izquierda a derecha.

La holandesa, que era de la Barceloneta, les contestó socarrona:

 —Molt bé, senyors, ¿los envuelvo o se los llevan puestos?

D. W 

*Publicado en “El Observador” el 12 de marzo de 2021



domingo, 7 de marzo de 2021

SE TERMINÓ EL ASUNTO

  

SE TERMINÓ EL ASUNTO (1939)

Cayó en la cuenta de que hacía tiempo que no tenía que poner en remojo sus trapos del mes, al ver en el lavadero los de una vecina.

Descartó la preñez, porque ella y su marido llevaban un año sin catarse. Eso es lo que tiene estar preso por mor de la maldita guerra que, si pierdes, te joden sin joder.

Treinta y ocho años es edad temprana para que la fábrica se pare y temió tener “argo malo”. Las mujeres poseen complejas entrañas para concebir y formar un hijo, no por maravillosas menos delicadas; si la enfermedad las ataca poco arreglo tiene con yerbas y emplastos. Ha oído que en el hospital les meten unas pinzas eléctricas para matar al bicho, cauterizándolo. Pero ninguna sale viva. Al artefacto le llaman “el perro” porque dicen, se siente como si una fiera te mordiera en lo más hondo.

Ella solo conoce la trabajosa bendición de medrar junto a la semilla. Nueve lunas de miedos y anhelos, hinchados tobillos, azules pechos. De sentir, durante el parto, como la muerte se arrima tres veces a la cabecera, excitada por el olor a sangre, ansiosa de presa. El llanto del recién nacido la echa de la alcoba.

Sabe que la tristeza del aborto es roja, la vida malograda se desliza por las piernas, acabando en charco.

Pensando en todo eso mejor quedarse seca; con un chiquillo y el marío preso ya lleva bastante penitencia sin haber pecado. 

 

La partera le baja la falda después de hurgarle con los dedos y palparle el vientre. Ella aguanta sumisa, los ojos perdidos en una lámina desvaída de San Ramón Nonato, protector de parturientas y calumniados. Dándole una palmada en la pantorrilla, la comadre la trae de vuelta.

 —Hija, no te noto ná, ni febroma, ni quiste... yo, pá mi, que ya se te acabó el asunto. 

 —¿Mu pronto, no?

 —Cá una tiene su cuerpo y con tanto sinsabore... milagro é que sigan naciendo criaturah.

 —Lástima por mi Manué que quería arguno má.

 —¡Como el no tiene que parirlo!, anda, no te apure que en tu circunstansia é lo mejó.

La mujer se baja de la mesa, algo dolorida por el trasteo, “¿que te debo?”, pregunta.

 —Si puede, dame un cuartillo de aseite. 

 —Mañana te lo traigo.

 —Sin bulla. Y alégrate, que er mundo sigue.

Esa noche, acurrucada con su hijo en el colchón de lana, molde de sus cuerpos, lloró un instante.

“Se terminó el asunto”, pensó. Y se quedó dormida.

D. W 



viernes, 5 de marzo de 2021

MARZO

 MARZO

Aparece la última violeta en la frontera del equinoccio, muriendo arrebatada de color mientras el infinito, erguido, entinta de morado el almanaque.

Regresan las golondrinas, sin pasaporte ni cartilla de vacunación, vistiendo esmoquin unisex y pajarita roja, dispuestas para la Ópera Magna.

Los gatos se relamen al verlas aunque solo se atreverán con los polluelos.

En primavera, también hay vencedores y vencidos.

D. W

*Publicado en “El Observador” el 5 de marzo de 2021 

 

 


jueves, 4 de marzo de 2021

OFRENDA

 OFRENDA

No hago el camino andando, ni debo tomar una barca protegida por el ojo de Isis para acceder a la otrora isla, los arrastres del rio Totalán la unieron a la costa.

Un modesto pabellón, rotulado como “Cueva del Tesoro”, guarda la entrada a esta catedral levantada por Natura. Entramos en cupo reducido dada la distópica situación. 

Siento una absurda aprensión bajo esas cúpulas orgánicas, inexplicable pues entonces no sabía de las leyendas que sitúan en la gruta apariciones espectrales, esferas de colores suspendidas en el aire, susurros de conversaciones en lenguas intraducibles, ruido de pasos y espontáneos fogonazos blanquecinos.

Imagino como sería a oscuras, qué juego de luces cortas trazarían las antorchas en las piedras horadadas, lamidas durante miles de milenios por el mar, emergidas de este como Afrodita.

 

En los años cincuenta, Manuel Laza, dueño del terreno, bautizó la antesala como “de la Virgen” por descubrirla un día del Pilar; debió ser emocionante, ¡lo que yo hubiera dado por vivirlo! Hay un socavón, llamado “el pozo del suizo”, que llega al dintel del infierno. La avaricia del helvético le costó la vida mientras dinamitaba galerías buscando el tesoro de Tasufín Ibn Alí, sin percatarse que la riqueza era la oquedad misma. No son pocos los que aseguran haber visto su fantasma, barbudo y desarrapado, en el limbo de los que mueren sin darse cuenta.

 

Unos pasos antes de llegar al Santuario de Noctiluca, razón principal de mi visita, el vigilante nos señala con su puntero rojo una roca que parece un camaleón y otra que simula un águila en pleno ataque. Hace falta imaginación pero se ven.

Atravieso un pasillo sinuoso y me giro, el gran betilo se yergue ante mi, poderoso.

Noctiluca tiene a sus pies un altar bicorne, en el que se encontraron cenizas de sacrificios, tal vez humanos en sus principios. Solo la presencia de un vigilante impide postrarme. En alguno de mis genes debo guardar memoria de su culto.

Seguimos hasta la “sala del volcán”. Nos advierten que sentiremos calor pues estamos a mucha profundidad, cerca quizá del corazón de la Tierra, pero no lo noto. Cuentan los viejos que, a veces cuando hay tormenta, desde la Cueva se oye el mar. Con probabilidad, alguna abertura conecta con este y sea posible acceder a ella nadando.

El recorrido turístico solo son 500 metros pero sigue, para arqueólogos y geólogos, otros 1.500. Una escalera de toscas gavillas y varios precintos lo manifiestan.

Vuelvo sobre mis pasos hasta Noctiluca. El vigilante continúa allí, perenne, quizá tema que la mancillen. Pero no puede impedir que me la lleve en las retinas. Prometo a la diosa lunar volver en peregrinación, tal como hacían las mujeres en tiempos lejanos, y ofrendarle mi mejor cuento.

Admiro la belleza de la “sala de los lagos”; allí la gruta sigue creciendo, las filtraciones de agua dulce entretejen nuevas formaciones, como uñas y pelo de un organismo vivo.

 

Salgo, vuelvo al siglo XXI, este que está siendo tan amargo. 

Puede que anuncie el principio de otra era.

D. W

*Ilustrado con el rostro de Noctiluca, según lo esculpió Jaime Pimentel.



 

 

martes, 2 de marzo de 2021

PRIMER VIAJE

   PRIMER VIAJE

Empieza el periplo mucho antes de hacer la maleta, en la infancia, cuando una se embelesa ante la estatua de Venus Bonaparte, reducida a foto en un libro escolar. 

El deseo es un bólido de carreras hasta que aprendes que el camino forma parte de la experiencia. 

Anhelar lo distante es muy de humanos; desconfiamos si existe realmente o son maravillas inventadas. 

Viajar para creer. 

D. W 

*Publicado en “El Observador” el 26 de febrero de 2021

Óleo de Eduardo Úrculo.




CÁLIZ

  CÁLIZ    Tú querías un vestido blanco con tren bordado infinito  y un viaje igual de largo  en el que acostumbrarte a vivir en brazos de u...