lunes, 25 de noviembre de 2019

LILITH Y CHIRIBITAS

LA FUERZA DE LILITH 
                      
                    “El tío Chiribita mató a su mujer, 
                      La hizo pedacitos y la echó a la sartén 
                      La gente que pasaba olía a carne frita, 
                      Y era la mujer del tío Chiribita”.

Celos y honor como excusas para matar, los hechos que narra la copla fueron fatalmente ciertos.
Bocas infantiles cantaron esta infamia alegremente durante siglos. Así se normaliza la violencia, vanalizándola.
Chiribitas existen, nos cruzamos con ellos cada día. Parecen simpáticos, buenos hombres. Pero no lo son.
Más de mil cadáveres de mujeres, contabilizados desde que hay estadísticas, lo corroboran. Más de mil asesinos pues.
Algunos siguen a su víctima en la muerte como rémora macabra. Otros las despedazan, las queman, las hacen desaparecer haciendo que las buscan, llorándolas hipócritamente.
A veces simplemente se entregan. Ya no tienen a quien martirizar y se sienten vacíos por su propia ignominia.
No hay perfil de maltratador ni víctima, cualquier edad, físico, clase social es susceptible de padecer la lacra. 
Oímos voces negarlo. Se sienten seguros tras la armadura de la política y el dinero. Opinan que la violencia no tiene sexo, aunque a un varón nunca lo matan por serlo. 
Son los cuerpos femeninos los que se pudren, son manos masculinas las que llenan los féretros.
La fosa empieza a abrirse cuando se ríe una machada al colega  bocón. No son chistes para morirse de risa, estos matan de verdad. Quien se vista por los pies debe atajarlo.
Los tíos Chiribita creen que toda mujer está a su disposición,  agujeros donde vaciar su mala leche. Los labios rojos, la falda corta  “lo están pidiendo”. Si no consiente se la obliga que para eso están. 
Cuando la agredida es tan niña o anciana que no quepa en ellas  indicio de llamada sexual ponen su deseo incontrolado como eximente. Repugnante. 
Por eso nos vestimos de morado, salimos a la calle con pancartas y denunciamos la barbarie. 
Somos muchas y  formamos marea, no nos compra el amor ni nos ata el miedo. 
Ya no somos Eva sino Lilith, que los adanes se vayan enterando.
D. W. 

jueves, 21 de noviembre de 2019

PURITA Y SU MUNDO

PURITA Y SU MUNDO
Me sale en la pantalla que ha muerto la madre literaria de mi  mejor amiga de adolescencia.
Todas las semanas compraba “Lily”, la revista para niñas donde conocí a Esther, con h intercalada. Poco después gozó de publicación propia. 
Como no tengo hermanas “Esther y su mundo” fueron mi tribu.
Aunque ambientada en Inglaterra con guiones de un británico la dibujaba la española PURITA CAMPOS.  Siempre me atrajeron los fondos de las viñetas con cabinas rojas y autobuses dobles.
Envidiaba la casa de Esther, su colegio, la ropa que lucía...  aquí aún con camiseta interior para que no transparentase el sostén. 
Sorprendían sus conversaciones sobre amores, el poco pecho, los escarceos, el misterio del sexo. Y todo eso en los setenta. Supongo que el ser una historieta para niñas la libró de ser espulgada por la censura. 
Pura, nacida en el 37 describía una muchacha que podía ser su hija pues se empezó a publicar en el 71. Desde luego las madres españolas no eran así.
Le gustaba mucho viajar, afición que sin duda amplió su horizonte reflejándose como nueva libertad en su obra. 
Agradezco a PURITA ser parte de mi vida, mentora semanal de mis entretelas. Algunos ejemplares guardo todavía, manoseados pero aún vivos los colores.
Dijo en una entrevista que con veinte años, quince antes de “parir” a Esther, un compañero comentó que siendo tan mona haría mejor trabajando en un prostíbulo que en una editorial. Lo soltó sin anestesia y como piropo, quedándose ella sin reacción para responder. 
Hoy, gracias a que nos alargó miras y lengua, todas sabríamos replicarle. 
D. W. 

sábado, 16 de noviembre de 2019

PARA MUESTRA, UN BOTÓN

PARA MUESTRA, UN BOTÓN 
Alícia es diputada de VOX con derecho a micrófono y sueldo por la gracia de sus votantes. 
Aprovecha tal privilegio gritando a través del espejo que el feminismo es un cáncer (haciendo suya la definición de Milo Yiannopoulos, un periodista ultraderechista de 35 años) y que lo que verdaderamente empodera a una mujer es coser botones. 
Como también se ha referido a la paridad como “cuota por entrepierna” supongo que los botones aludidos serán de braguetas. Los hombres no cosen que se pueden pinchar y convertirse en palomas. Para eso salieron de su costilla mamás, criadas y esposas. 
Mejor nos irá si cede su altavoz al señor Tapicero, que también va dando voces pero arregla culos de sillas y  asientos de discotecas. Y ese sabe coser, ya te digo.
Las palabras de Alícia son muestra fidedigna del pensamiento colmena de su partido. Digna astilla de tal garrote.
Vale pues. Que aprendan nuestros jóvenes a coserse el dobladillo. Será bonito ver en las aulas a muchachos y muchachas enhebrando agujas y conversaciones como en los talleres zarzueleros pero unisex.
Empoderémonos a la par.
Con personas como Alicia no necesita VOX mucho para hacerse odioso. Ha despejado la X del partido elevándolo a la enésima.
Alícia es profesora porque antes otras lucharon para que pudiese serlo, según ella con “pornofeminismo” y “lesboterrorismo”. 
Benditas sean.
Ali también niega la violencia de género. En el país de las maravillas no existe ese sinvergoncerío de feminazis que ponen denuncias falsas para sacarle dinero al marido y vivir sin dar golpe. Entendió mal, es VIVIR SIN QUE LE DEN GOLPES, que no es lo mismo.
Distorsionada tiene la memoria por juntarse con reinas que cortan cabezas.  Para muestra, este botón.
D. W. 






miércoles, 13 de noviembre de 2019

COMO DIOS MANDA

COMO DIOS MANDA  (1977)
Falita nació chacha, condenada a criar a sus tres hermanas mientras su madre fregaba escaleras. Poco pisó la escuela.
Crecieron temiendo al padre, que se lamentaba de no tener varones, “con tanta raja sa cabará cayendo la casa” protestaba, 
añadiendo: “Como me venga una preñá... ¡la mató!”.
Y preñaron todas menos Falita. Dos se casaron de aquella manera, cambiando malo por peor.
La pequeña se lío con un casáo quedando madre soltera, el padre sacó al canalla unas pesetas por silenciar la barriga. 
Viendo el panorama Falita se obsesionó en llegar pura al matrimonio. Quería lucir un vestido blanco bien ceñido, y un ramo de azahar que gritara a voces su honra.
Ennovió con un vecino soldador, buen muchacho aunque ya  apuntaba a un alcoholismo que ella encontraba muy varonil.
Un hombre verdadero bebe y fuma.
Le daba el puntillo por decir pedanterías leídas en Interviú. Se le escapaba la mano pero no para pegarle.
Insistía en tener relaciones prematrimoniales, como se le llamaba entonces al sexo para darle visos de seriedad. Corría 1977, lo hacían todas las parejas menos ellos.
“Hasta después de casaos... ná”. 
Su patrona la aplaudía “haces mu requetebién que luego ... si te he visto no ma acuerdo”. 
Escribió con seudónimo a Elena Francis, escuchando la respuesta como sentencia papal:
“Mi querida Piscis: 
De ninguna manera debes ceder ante los requerimientos de tu novio. Convéncele de que la espera valdrá la pena y que tendrá la dicha de poseer a una mujer que ha sabido guardarse solo para él”.
Asentía Falita en éxtasis, reconocido su tesón. A todo hombre le gusta estrenar esposa. Si por mano del demonio se entregara y no cumpliera quedaría soltera y deshonrá. Antes muerta.
El ardor masculino encontraba resistencia numantina cada vez que en el cine intentaba rozarle un pecho o el muslo. 
Salían de la sala crispados, ignorada la película. La dejaba en su casa y se iba por ahí, de putas o con alguna fresca.
Normal aunque doliera.
La negativa a casarse sin haber intimado la entristecía tanto como al otro le sublevaba su frialdad. Sus salidas se limitaron a tomar gambas y cerveza, ella viéndolo tragar cubatas hasta cocerse.
“Tú tienes la culpa de que me emborrache Falita” le aullaba  mientras se apoyaba en ella para no caerse.
Tras cinco años de tira y afloja la plantó. 
Falita dejó pasar un mes. Metió el anillo grabado por dentro en un sobre, lo esperó en la parada del autobús y se lo tiró a la cara.
No lo recogió “lo compré para ti” dijo. Quedó en el suelo, alguien se costeó unas rayas con él. 
Acabó viviendo con la hermana soltera, como Tata de sobrinos y nietos postizos. El peor colchón, el filete con más nervios, la noche toledana llevaban su nombre. 
Nada le quedó para la vejez, que jamás cotizaron por ella.
Le arreglaron una no contributiva que ni veía, teniendo que mendigar hasta para unas zapatillas.
En su santo le regalaban la peluquería,  “cortito, que le dure” ordenaba su hermanita.
Al atardecer parecía que seguía esperándolo planchando el vestido rosa de listitas burdeos que tanto le gustaba.
Tata Falita se enteró que su novio terminó rezumando ginebra en un sanatorio, completamente solo, y se alegró un poquito. 
Su victoria era haberse sabido guardar. 
Para los gusanos. 
D. W. 


martes, 12 de noviembre de 2019

El pollo del poyo

EL POLLO DEL POYO   (1870/195O)
Tan difícil resultaba en los corralones ganarse las habichuelas como guisarlas. 
Disponían de dos o tres cocinas repartidas por los corredores, poyos de obra de un metro de altura pegados a la pared, sobre los que se encastraban los fogones. Por su enrejado se echaba el carbón prendiéndolo por las bocas, unas puertecitas situadas en el frontal, con torcías de papel. 
El poyo hornilla se usaba por turnos aprovechándose las brasas para que el puchero prosperara. 
Cuentan que de vez en cuando desaparecía una olla con todo su avío dejando a su dueña cuajá de la impresión.
Las maldiciones de la burlada eran terribles, 
_”¡Me cago en vuehtro muerto, ojalá zé o jinche la barriga, zus cagueí pata abaho y que yo lo vea!”.
Después, asumida la pérdida se tiraba de los pelos.
_”¡Zin comé ze van a acostá mih sijo!”.
Con ventura alguna comadre le emprestaba pan sequito, si no café bebío, y al catre que el sueño alimenta.
Mucha era la solidaridad pero más las bocas y el hambre. 
Cuando el marido cobraba un chapú o las que servían sisaban las migajas de sus señores ponían en petestate el botín guisándolo sin despegarse de su vera, dándole soplillazos para expandir el aroma. 
_”¡Güele a gloria!”, decía empavonándose.
Las vecinas la miraban envidiosas pero antes muertas que reconocerlo. Con el dedo incrustado en los chupados carrillos se decían, “miralaaa...  que nunca tuvo camiza y ze encontró un cuello...”.
Había quienes chillaban a la prole antes de salir,
_”¡Niñoo..., límpiarze eza boca qué está de güevo!” Pregonando que habían comido lo que sólo conocían de zurcir. 
Si no se estaba al liquindoi los manojitos de boquerones menguaban al despiste de la cocinera.
El roá aceitoso en el bolsillo del ladronzuelo le delataba, enrojeciéndolo de vergüenza.
Solo quien ha pasado hambre comprende al hambriento.
_”Zi me pide te doy ¡pero no jinque la uña zo ího de la gran puta!, anda, ven pa cá”.
Y le daba un cacho pan, que más une la necesidad que la sangre. 
“¿Quien é tu pariente?
Er vesino enfrente”.
D. W. 

lunes, 4 de noviembre de 2019

Balancé, Balancé

BALANCÉ, BALANCÉ 
No la soporto más, es una infame que me amarga las mañanas cantando la verdades del barquero. 
Que digo yo que si, que la sinceridad es un don escaso y apreciable pero podría ser más piadosa.
Ella no. A primera hora me lo suelta y acabo por aceptar lo que no quiero reconocer. Una hace sus cuentas para creer lo que mejor convenga y va y lo estropea. 
No es que le pida que mienta, de hecho le agradezco que no lo haga así pongo remedio inmediato. Pero la odio.
Me es insoportablemente fiel a pesar que cada día la pisoteo, zarandeo e insulto. También la lleno de halagos cuando me muestra lo que quiero ver. 
Conveniencia se llama eso.
Yo la necesito y sin embargo, la culpo, torturo y critico. Ella estaría mucho mejor sin mi. 
Seguirá esta tortuosa relación hasta que su muerte nos separe y la sustituya por otra igual de cabrona.
Eso es lo que tienen las básculas de baño digitales además de su asquerosa precisión, que vienen con obsolescencia programada. 
D. W. 

CÁLIZ

  CÁLIZ    Tú querías un vestido blanco con tren bordado infinito  y un viaje igual de largo  en el que acostumbrarte a vivir en brazos de u...