DISPONIBLE A CONVENIENCIA 

La pantalla parpadea con rapidez cifras y letras:
MCV 1634
RJF 106
CSH 459
Acata sus órdenes luminosas la turba de hormiguero que pulula  por los pasillos. A poco la megafonía escupe un nombre con su garganta de lata, alguien se levanta y desaparece por una de las puertas blancas.
Zumba el móvil de una mujer que cubre su pelo con un pañuelo. 
La voz suena jovial pero trasluce que su dueña está acostumbrada a mandar.
_”Hola Fátima… ¿te acuerdas de las cortinas que lavaste el otro día?, verás… esta noche viene gente a casa y quisiera que las plancharas y colgaras… ¿vale?. Mira, que te dejo las llaves en casa de mi madre. Gracias, hasta luego”.
Como no conoce bien el idioma tiene que oír la parrafada cuatro veces hasta comprender el encargo.
Y entiende que esta tarde entrará más temprano a trabajar, se partirá la cintura planchando las seis hojas de pesado lino claro, paño mediante para no estropear la tela y después cargará a peso la escalera, (no vaya a ser que se ralle el parqué) para  colgar en los rieles los lienzos.
Tendrá que subir y bajar los peldaños cientoypico de veces buscando que los pliegues queden como en una foto de “Él Mueble”.  Antes deberá limpiar los cristales hasta que rechinen. Todo esto añadido a las tareas que deben ser ejecutadas sin falta en el día de hoy.
Tendrá suerte si la señora vieja está en casa y no tenga que esperarla fuera, cobijada de los caprichos meteorológicos en el cuco chaflán que hace el chalet. Las llaves no se le pueden confiar a cualquiera  (los hijos si, curiosamente).
Con toda seguridad saldrá más tarde pero cobrará igual.
La pantalla parpadea:
FR 1097
Es el suyo. Se levanta estirando las manos picadas por artrosis y lejía y desaparece tras la puerta rotulada con su dolencia. Reza a su Dios (hay dioses de pobres y de ricos) para que le receten algo fuerte y poder seguir en total disponibilidad.
D. W. 



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