jueves, 30 de junio de 2022

LO QUE NO SABES

 LO QUE NO SABES

Se siente femenina cuando el cañón de luz enfoca su figura, perfilando su esbeltez sobre un fondo decadente. Baja las escaleras con sabiduría de supervedette y se dirige al público, jugueteando con los hombres. A este le pasa el dedo por la barbilla para cerrarle la boca pasmada. Al otro le manosea la corbata ¡ay, la tienes doblada, machote! El respetable aúlla.

En la apoteosis se sienta en las rodillas del que aplaude más. Y le ve la cara. Salta como si el regazo masculino pinchara. Se repone, sube al escenario y, dando la espalda al mundo, desabrocha el sujetador de lentejuelas que cae sobre las tablas a la par que el telón.

                                                                                          

En esta casa se almuerza a las dos, sin excusas. Yo trabajo de noche y aquí estoy.

El hombre del bigote fino no alza nunca la voz. Rubrica sus frases con una mirada fría que lo hace innecesario. Su mujer, aun llevando la fuente humeante en las manos, se desvía hacia el pasillo y murmura ante una puerta: Pedro, hijo, que vamos a comer.

El joven aparece justo en el momento en que su madre sirve el guiso. Le dan bascas los trozos de ternera, sonrosados por dentro, y se concentra en chafar los guisantes y deshojar las alcachofas. 

Del televisor salen palabras que acaban arremolinadas ante la ventana, arañando los burletes que las impiden salir, oscureciendo la habitación al ennegrecerse, igual que la plata ante el sol.

El hombre del bigote fino empuja su plato a medio terminar con un mohín de desagrado. Ella le interroga con los ojos. Está bueno, mujer, solo que se me ha quitado el apetito. Por la pantalla desfilan carrozas de fantasía repletas de plumas y abalorios. Hombres y mujeresque no lo son de la forma en que deberían serlo, proclaman sobre ellas el Orgullo de ser invertidos profanando la divina promesa del arcoíris.

Yo los respeto, pero los vicios deben quedar en privado. Pellizca el botón rojo del mando, siempre a sus órdenes, y las imágenes desaparecen dejando vacío el rectángulo negro.

Ninguno de los otros dos protesta. El hijo come deprisa, quiere acabar cuanto antes ¿puedo irme a mi cuarto?Tengo mucho que estudiar.

Asiente el padre y enciende un cigarrillo. Tras un par de caladas hunde la incandescencia en un trozo de zanahoria, produciendo un siseo que parece un gemido.

 

Se quita la peluca antes de llegar al camerino, allí deja caer el cuerpo en la silla rotulada con su nombre artístico, Perla Marvel, frente al espejo enmarcado por la serie de fotos de su maquillaje transformador. Vanessa de Fresa se apercibe de su nerviosismo: ¿has visto un fantasma, nena?  y le acerca una cajita que saca de su corpiño para que tome de ella una gragea rosa. Perla la rechaza. 

  —Tú misma, chica. Es normal estar atacado el día del debut.

De Fresa se da el último toque, recomponiendo la pechera. Unta saliva en una incipiente carrera de la media de encaje, ya la aprovecho hoy, y sale a escena meneando las estrechas caderas, ahora redondeadas por el relleno de gel.

También se sentará sobre los muslos del hombre que aplaude más, el dadivoso espectador fijo del bigote fino.

D. W

 


 

 

 

 

 

jueves, 23 de junio de 2022

LOS JIGOS DE JUAN EL TUERTO

 Permítaseme rescatar de la memoria un cuento que debe ser más antiguo que el mundo, pues ya se lo contaba a mi tatarabuela la suya. Aprovecho la ocasión para desearles un feliz verano.

 

LOS JIGOS DE JUAN EL TUERTO

Ha mucho tiempo, cuando los ricos gastaban pelucas algodonás y los pobres eran tan míseros que si no le daban al magín no movían er bigote, ocurrió esta sucedía tan verdadera como que quien lo cuenta es ciego desde que su madre lo echó ar mundo. 

 

Había un tal Juan, enterradó y guarda del camposanto, hombre viejo y sarmentoso como una rama de vid, al que le había rebanado un ojo el arcabuzazo de un franchute del “Botella Bonaparte”, usurpador del trono de Don Fernando, padre de nuestra soberana niña Doña Isabel, a quien Dios guarde. 

Pos este Juan había plantáo en el cementerio y para su provecho, un puñáo de jigueras que daba gloria verlas. En llegando san Juan se preñaban de brevas, de esas de cuello de ajorcáo, ropa de pobre y ojo de viuda que son las mejores. 

A los vecinos se le iba la vista, pero solo podían comerse las que brotaban en las ramas salías pá afuera. Las demás las disfrutaba el tuerto, que tenía un solo ojo, pero dos buenos carrillos. Tan solo las compartía con el cura, pá estar a bien con Dios y el resto vendíaselas a cambio de favores, al alcalde y al boticario.

Como con la salú der cuerpo ni der alma ni con la autoriá se juega, los demás paisanos no se atrevían a tocarlas.

 

Empero he aquí, que, con el achaque de ver la quema de los júas, llegaron al pueblo tres mozos a los que tentó la dulzura de la fruta. Fuera por la tierra bendecía o por el alimento de tanta carne que allí pudríase, todo aquel que había catáo esos frutos juraba que eran de almíbar.

Los chavales aviaron de alargarse por las noches, saltar la tapia y darse la jitera. Al tercer día Juan el tuerto, extrañáo de que los frutos siempre estuvieran verdes, se dio cuenta del espolio y fue con las quejas al alcalde quien mandó dar tres cuartos al pregonero para que lo anunciara con trompetilla: 

 

Se pone en conocimiento der pueeeblo

que Juan el tuerto lleva un trabuuuco

a quien robe jigos del camposantoo

permiso tiene pá darle estuuuco.

 

Los mozuelos, por ser forasteros, no echaron cuentas y tornaron con la mula al trigo. El tuerto, resabiáo, los recibió con má que salvas. Huyeron los pobreticos dejando un reguerillo de sangre.

Poco endispués se empezó a cascar de si no habrían entregáo la pelleja. Como no hubo cuerpo que echar al hoyo nada se le inquirió al tuerto.

Pá alivio de la concurrencia digo que los raterillos, aparte de eszollarse las rodillas al saltar desde tan alto, estaban enteros, aunque ajumáos por la leña recibía. Rebinando, quedaron en dar pábulo a la bola de sus propias muertes.

 

Pasó el veranillo del membrillo y llegó la víspera de difuntos. El cementerio se cuajó de flores como está mandáo por la costumbre. 

Juan, que vivía en una casita dentro del camposanto, se encarruó, ya entre dó luce, a echar las llaves de la cancela. Prevenío como era se dio una vuelta por vé si a algún deudo se le había ido, además der fináo, el santo al cielo.

En llegando a las jigueras vio salí de entre ellas a tres fantasmas amortajáos haciendo aspavientos y recitando con voz patibularia:

 

Antes que estábamos vivos

veníamo a comé jigooss

Ahora que estamos muertooooss,

¡venimo a por Juan er tuerto!

 

El guarda se riló, corriendo como lebrato. Hasta el día de hoy no se le ha vuelto a ver el pico de las orejas.

Cuentan, dicen, yo digo lo que a un pobre cieguito aseguraron, que otro guarda más desprendío recibió su cargo, que malo es que se coman los gusanos gordos la breva y se quede in albis tanto cristiano.

 

Si les gustó la sucedía 

háganle al ciego un favó,

rebusquen en su alcancía

pá echarle un real o dó.

 

D. W



 

jueves, 16 de junio de 2022

VERANO DEL 82

 VERANO DEL 82

Recuerdo que ese domingo soplaba un terrá que hasta el sol remojaba sus tentáculos en la piscina de aquel hotel de Torremolinos, repleto de turistas y pudientes autóctonos, pues se podía disfrutar de él pagando una entrada. A nosotros nos gustaba ese ambiente porque solían frecuentarlo bastantes pijas y esa cualidad, a los chavales de barrio, nos ponía burros.

Celabrábase el Mundial del Naranjito y todos andábamos locos por el fútbol, máxime cuando varios de los partidos se disputaban en “La Rosaleda”, entre ellos el de la selección escocesa, cuya Tartan Army había tomado las calles malagueñas desde que bajaron del avión con faldas y a lo loco. Debido a las calores los encuentros no podían celebrarse antes de la caída de la tarde, así que los hooligans mataban el tiempo remojándose, más por dentro que por fuera.

Sonaba Miguel Ríos en un loro guapo de dos altavoces mientras los guiris entonaban cantos en gaélico, o a saber, que con la cogorza no los hubiera entendido ni un intérprete de la ONU.

Fue después de almorzar, con la modorra a la que induce una barra de pan con tortilla de papas, cuando se formó el guirigay. Aunque siempre alquilábamos las hamacas lejos de la bulla para evitar salpicones pudimos ver que de tanto besar los vasos uno del clan se había caído de culo. Acudieron en su ayuda los compinches que, escurridizos por el copertone y perjudicados por los tientos, iban derrapando encima del caído formando una almáciga de pelirrojos. La concurrencia, siempre cruel cuando se trata de trompazos ajenos, se desternillaba ante tal sketch de cine mudo. Confieso que nosotros también.

El accidentado Braveheart de pacotilla, incapaz de soportar la burla, se puso color carabinero, descargando su rabia sobre la espalda del espectador más cercano, tirándolo al suelo y apretándole el gaznate.

Me apena decir que asistimos al ataque apollardáos, incapaces de actuar, pero es natural, la poca edad y el bochorno del ambiente nos disculpan.

Durante unos segundos solo se oyeron los improperios del escocés salpicados de saliva de alta graduación mientras el muchacho se azulaba. Fue su novia la única que tuvo arrestos para subirse al lomo del charrán y arañarlo. Este se revolvió furioso, dispuesto a darle un puñetazo, aunque el brazo quedó en el aire al ver que quien se atrevía a retarle era una chavala en bikini que lo sacó del pasmo con un bofetón y la palabra justa: ¡cobarde! a la que el tono hizo no necesitar traducción.

 

Así amansado, la manada se lo llevó debajo de una sombrilla a rumiar su bellaquería con vergüenza Highland. Después de parlamentar entre ellos volvieron con una botella de whisky, ancestral costumbre celta para pedir disculpas y todo quedó zanjado a pesar de que la valentona no se fiaba. Entonces el arrepentido, en una ceremonia impropia del marco, se puso de rodillas ante ella ofreciéndole en prenda de buena voluntad una bufanda de lana a cuadros amarillos.

La muchacha aceptó el gesto, que no el agua de vida, ciñéndola a las caderas igual que un púgil su cinturón. Los guiris aullaron aplaudiéndola y nosotros deseamos que el destino nos hiciera topar con una paisana como esa para madre de nuestros hijos.

 

El resto de la tarde transcurrió tranquilo, mirando con disimulo a las tías tras los cristales verdes de las Rayban regaladas por terminar el COU y chupando un frigopié entre calada y calada al rubio. Los escocíos también estuvieron formalitos, quitando que uno casi se ahoga por quedarse dormido dentro del agua.

 

Hoy, que no peino canas porque carezco de pelo, me he acordado de la anécdota tras leer en algún sitio que han pasado cuarenta años desde la fiebre naranjil. Yo, menos por la calvicie, estoy igual que entonces. Sigo mirando tras las gafas de sol a las pijas, aspirando rubios y haciéndome el lila para no meterme en conflictos, lo que viene a ser un hombre cabal, un partidazo.

No me explico el por qué aún no he encontrado a la mujer dispuesta a dispensar por mí, si hiciera falta, una buena torta malagueña.

D. W



domingo, 12 de junio de 2022

PORTUGUÉS, DULCE ACENTO

 PORTUGUÉS, DULCE ACENTO

 

EN JUNIO FUE QUE NACIÓ EL POETA (por Dela Uvedoble, 5 de junio de 2022, traducido al portugués por Rosely A. Daltério 

 

Los escritores hacen la literatura nacional y los traductores hacen la literatura UNIVERSAL 

José Saramago 

 

EM JUNHO NASCEU O POETA

Que importa onde teu corpo jaz,

sei onde estāo teus versos,

bordados com fios verdes 

nas vestimentas da lua.

 

Recordo tua chegada ao mundo,

foi num cinco de junho, 

tal vez um día chuvoso.

Quem poderia saber, entāo, 

que quando partisses,

nāo te deixariam dizer 

sequer um adeus.

 

Mas lançaste o veleiro 

que transporta o sonho,

com dez senhoritas de Viena,

Yerma, a Solteira, a Prodigiosa, 

a que deseja amante e nāo dono.

Y en el ano treinta y seis

embarcaste em nova viagem 

(voltando de Nova York),

com um livro e um pāo pela metade,

isso se chama libertade.

 

Que importam teus alvos ossos,

sei onde estāo tuas letras,

para sempre em bibliotecas,

nas mesas de cabeceira,

no porta-luvas do carro,

nos plantāes de um hospital,

nas cançoes, 

nas cordas de un violāo,

na garganta do boia-fria, 

do maricas, do peāo…

Que diferença faz 

se nāo calaram túa voz! 

 

Oír las propias palabras dichas por labios ajenos es una experiencia fascinante. Cada grafía, convertida en sonido, toma un vuelo que pocas veces puede imaginar quién la escribe. Cuando el idioma es otro este efecto se multiplica. El aire vibra en cada verso de forma distinta, tiene diferente color y aroma conservando el mismo cuerpo. Nunca podré agradecer a Rosely Aparecida Daltério el que haya vertido mis sentimientos a su lengua portuguesa, llena de sal dulce, de saudade. Y a Conchi Vacas Simón por el cimbreo elegante del perfecto castellano y la cadencia exacta de su tono al pronunciar mi texto. Se nota su formación entre partituras, es música profesional e innata.

Ambas me han emocionado hasta las lágrimas, lágrimas de emoción que me saben a gloria. Aunque Rosely trajo la frase del mismo Federico “la traducción destroza el espíritu del poema” debo discrepar, eso sería si el intermediario fuese un simple traductor, pero en su caso siendo poeta, reina de los juegos de palabras, emperatriz del scrabble tanto en portugués como en español, no ha lugar, porque si algo hubiera cambiado de mi poema solo lo habría mejorado.

Ha sido un placer copiar la traducción en mi blog dibujando cada vocablo despacio, disfrutando al pronunciar a la vez que escribía, columpiándome en la vetusta cedilla y en las tejas de las aes. Lengua hermana, lengua amiga.

Para ver y oír a estas dos hadas os remito a Instagram. La magia de la tecnología nos une, aunque nos separe la mar océana, pues Rosely es brasileña y vive en aquel gran país.

https://www.Instagram.com/tv/

CeoubBnJaTB/?

igshid=YmMyMTA2M2Y=

D. W



 

jueves, 9 de junio de 2022

REX

  

REX 

Tengo ocho años. Me llamo Reynaldo por un poeta que a Mami le gusta mucho porque es de su tierra, pero me dice Rey. Soy hijo único y preferiría sufrir un dolor de orejas antes que tener hermanos. Lo sé porque Mami trabaja de noche, dejándome con los vecinos y sus cuatro hijos: dos hombretones que casi nunca están y dos medianos, pero altos como árboles.

Ella les deja mi comida preparada, casi todo me da alergia así que no puedo alimentarme con lo mismo que ellos. Cuando me ofrecen una chuleta grasienta “para quitarme la tontería” finjo chuperretearla, evitándome problemas. Hacen burla con mi nombre, criticando que Mami se las da de sabihonda y fina siendo lo que es, pero no son capaces de echarle esas palabras a la cara, incluso agachan la cabeza, como si quisieran que los rascara, cuando saca el dinero de entre la blusa y les paga por cuidarme.

Si salimos, les divierte revolcarme en la hierba y en los charcos. Saben que me disgusta ensuciar los bonitos jerséis que me teje Mami. No veo el momento de regresar, esconderme bajo la manta y dormir para que corra el tiempo. Lo malo es cuando sueño que Mami no vuelve y debo quedarme allí para siempre; entonces lloro de tal manera que me callan con un puntapié.

Al fin, el amanecer me devuelve el taconeo y la voz baldada de Mami: “Abreee, Carlota, que soy yooo”. Noto mi corazón a mil octanos y corro por el pasillo a su encuentro. Abrazo sus pantorrillas, me aúpa y besuquea: “mi papasito, mi Rey”. Debajo de los mil olores ajenos que trae pegados al cuerpo encuentro el suyo. Le lamo las manos para limpiarla de todos y que huela solo a mí. Sabe que le perdono la ausencia por la inhumana velocidad con la que oscila mi rabo.

D. W



 

 

 

 

 

 

 

 

sábado, 4 de junio de 2022

EN JUNIO FUE QUE NACIÓ EL POETA

 EN JUNIO FUE QUE NACIÓ EL POETA 

 

No importa donde yazgas,

sé donde están tus versos:

bordados con hilo verde

en el polisón de la luna.

 

Recuerdo tu llegada al mundo 

fue un cinco de junio

que tal vez lloviera.

Quien hubiese dicho entonces 

que cuando partieras

no te dejarían decir 

ni un adiós siquiera 

 

Pero botaste el velero 

que transporta el sueño

con diez muchachas de Viena, 

la Yerma, la Soltera, la Prodigiosa…

la que quiere amante y no dueño.

Y en el año treinta y seis

te subiste a una carreta, 

(viniendo de Nueva York)

con medio pan y un libro 

para enseñar que eso mismo 

se llama Libertad.

 

No importan tus mondos huesos,

sé donde están tus letras

para siempre en bibliotecas,

en el mueble del salón,

en las mesitas de noche,

en las guanteras del coche 

en las guardias de hospital,

en las canciones,

en las tripas de una guitarra,  

en la garganta del jornalero, del marica,

del obrero…

¡Qué más da qué fue de tus huesos 

si no acallaron tu voz!

 

Dela Uvedoble, a cinco de junio de 2022



 

 

 

 

 

jueves, 2 de junio de 2022

HÚCHAME

 HÚCHAME

Soy una niña que corre por un tortuoso pasillo esquivando fantasmagóricas manos que intentan agarrarme. Llego a mi cuarto y atranco la puerta para que no puedan entrar. Está vacío de mobiliario, pero en su centro, brillando bajo los rayos de sol que convergen con las llagas del suelo, está mi hucha de metal verde. La alzo a dos manos y noto su peso. Siento esa debilidad que a veces me invade aflojando mis músculos, mi mente y la hucha cae al suelo. Se hunde en él como una cuchara en un tazón de papilla.

 

No dan comida caliente los festivos en el comedor social, pero sí una pistola cargada con mortadela. Roo la corteza y dono el embutido a los gatos callejeros. La miga la reparto a las palomas, sin temor a las multas porque nada tengo que puedan embargarme.

 

Hoy domingo han plantado en la plaza casetas blancas. Parecen arabescos de merengue sobre una tarta de yema. Paseo curioseando los puestos. Aún conservo ropa buena así que no causo rechazo.

Entonces la veo. Entre una muñeca Nancy desmejorada y un encendedor de yesca ofrecen a mi hucha. Tal vez no fuera aquella que tuve, pero sí una idéntica. 

La tomo y me resulta muy ligera. 

  —Veinticinco euros y es suya.

   —Gracias -contesto dejándola en su sitio.

   —Es una pieza que pasa del medio siglo. Fueron una serie limitada que una entidad bancaria, ya desaparecida, alquilaba a sus clientes. No la encontrará por menos.

Quiero gritar al despiadado vendedor que la hucha me pertenece, pero no lo hago. La tomo otra vez fingiendo despego. Se me dilatan las pupilas a pesar del sol condensado. Las seis cifras de su número de serie coinciden con mi fecha de nacimiento.

Estoy rabiosa de miseria y los nervios me hacen deambular por allí, fingiendo la estúpida placidez dominguera que veo en los demás rostros.

 

Atardece cuando una pareja la adquiere sin regatear, para usarla como pisapapeles. El vendedor la mete en una bolsa y se la llevan, ajenos al corazón que destazan.

 ¡Ladrones! casi les grito. Y sin mandar en mis piernas los sigo.

Nunca he mendigado. Ni cuando tuve hambre. Ni para el autobús cuando debo andar kilómetros para ir a salud mental. Y jamás había robado. Hasta hoy. Me ha resultado muy fácil. 

Ellos se han sentado en una terraza a merendar, dejando la bolsa colgada del respaldo de la silla. Yo he pasado por detrás y la he cogido.

 

Bajo la cama me guarda, a falta de ángeles esquineros. La tiento cada noche antes de dormir y entro en letargo como si fuera un narcótico vía tópica. Intento explicarme tanta casualidad sin hallar respuesta. Y menos aún sobre la coincidencia con esa fecha idéntica a la que marcó el inicio de mi vida. Espero mi cumpleaños con ansia, quizás esto sea una señal de que va a cambiar mi suerte. Puede incluso que anuncie mi fin; no me importa, pero si vuelven los fantasmas ya tengo con qué machacar sus cabezas de barro hasta convertirlas en polvo.

D. W

 


miércoles, 1 de junio de 2022

ESTE JUNIO

  ESTE JUNIO 

 

Mi junio fue crucifixión,

con clavos algebraicos,

en el madero del pupitre,

añorando a Lorca.

 

Mi junio es tormentoso,

cerezas desangra,

sonroja labios púberes

y adorna orejas. 

 

Mi junio planea sobre

el solsticio de la hoguera 

volviendo a las pavesas 

mariposas de oficio.

 

Mi junio será dual y loco,

solo mío. 

Me obsequiará la inquietud 

de la libertad. 

 

D. W



LES ESCUECE

  LES ESCUECE El reloj me dice que son las cuatro y veinte de la madrugada. Llovizna con timidez  en Madrid, oigo las gotas quebrase contra ...