sábado, 28 de noviembre de 2020

ROUGE

 ROUGE

Me he pintado los labios de rojo guinda a sabiendas que nadie los verá, ocultos tras la mascarilla; pero yo lo sé y basta.

Ayer me parecía desperdicio colorearlos pero hoy no.

Esta mañana me enfrenté al espejo de aumento y con el perfilador seguí las curvas de mi boca sin salirme. Luego hice rotar lentamente el cilindro disfrutando la salida del inofensivo, que no inocente, misil de color.

La pintura huele y sabe rica. La extiendo dentro de la marca del lápiz uniendo mis labios en un fugaz beso a mi misma.

Muerdo un kleenex como mordería el pie de un bebé y compruebo que el resultado es perfecto. Queda un redondel asombrado en medio de la blancura del tisú por si hiciera falta identificar mi ADN.

Soy la YO verdadera con rouge y rímel.

La otra, la que sólo usa bálsamo labial, es una impostora.

D. W

*Publicado por la revista “El Observador” 



jueves, 26 de noviembre de 2020

ABUELITO DIME TÚ

 ABUELITO DIME TÚ 

—¡Nene, tíralo ar suelo así le damo trabao a loh barrendero!, -así educaba el abuelo al nieto-, que hay muncho paráo.

La hija de uno y madre del otro no pudo callar su enfado.

—¡Papá, no le digas eso al niño! -con la mirada invitó al hijo a llevar el celofán del caramelo en la mano hasta encontrar papelera donde tirarlo. “Y si no hay ninguna, te lo guardas en el bolsillo para dejarla en la basura de la la casa”.

—Estás amariconando ar niño...

—Por favor, no desbarres.

—¡Po no vé como está er suelo de mierda... eso é curpa de ello que no limpian... pero si que cobran.

La mujerya harta, le cortó:

—Si está sucio es por gente como tú que empuerca.

Una señora que pasaba la aplaudió, “¡muy bien dicho hija!”.

El entrañable abuelito bramó: “otra chalá perdía, y tú vaya boquita llamando puerco a tu padre”.

—Vale ya, mejor nos vamos que no quiero discutir, ven hijo, despídete del abuelo.

El chavalillo trotó como un gamo, meneando graciosamente el culo abultado aún por el pañal. Paró en seco al ver una cáscara de plátano cuyo amarillo resaltaba impúdico sobre el gris de la acera, muy cerca de una papelera. Recogiéndola y poniéndose de puntillas, la arrojó dentro.

—¡Niño, no coja ná der suelo! - vociferó el patriarca-

El chavea, con cara de tener cuarenta años, respondió muy serio:

—Abuelito é para que tú no la pise y te caiga.

El orgullo que sintió la mujer le hizo abrazarlo, llenándolo de besos maternalmente caníbales, “Ay hijo, ¡que te quiero!”.

Y se fueron los dos hechos uno, el inocente en brazos diciéndole adiós a su abuelo moviendo una manita, aferrado al cuello de su madre con la otra.

El viejo buscó un banco, sacando de la riñonera los Ducados y el encendedor. Cuando terminó el pitillo tiró al suelo la colilla, el paquete vacío y después de un repulsivo sonido gutural, un gargajo verde.

Luego se puso a chamullar: “cría cuerva en colegio pago pá que te deje malamente delante er nieto. Este sale cáscara amarga”. 

Y volvió a escupir. 

D. W

*Publicado por “El Observador” el viernes 13 de noviembre de 2020.


sábado, 21 de noviembre de 2020

ASÍ ÉRAMOS

 ASÍ ÉRAMOS 

Me sacaba del duermevela la tenue caricia en la mejilla. “¡Ay, pero si tieneh calentura!, abre la boca... otra vé anginah”, decía mi abuela y remataba, “hoy no vá a la escuela”.

Palabras mágicas. Cambiaba gustosamente no poder tragar ni agua por pasar unos días enchoclá en la cama de mis padres, rodeada de tebeos y cuentos. Detrás de la luna del ropero guardaba mi madre un joyero en el que me dejaba cancanear para distraerme. Era como una matrioska con un sinfín de estuchitos dentro. Al abrirlos me deslumbraban las baratijas con las que yo soñaba adornarme cuando “fuera grande”.

A veces me hacía compañía una Virgen que vivía en una urna y visitaba las casas, acampando en aparadores o coquetas. Gracias a ella nunca temí a las serpientes, tenía una bajo las sandalias y como si nada.

Arrebujada en la bata enguatá, sentada en la descalzadora de terciopelo ralo miraba tras los cristales del balcón. Poca vista se abarcaba pero en los setenta el barrio de la Trinidad era un bulle bulle. 

Enfrente estaba la mercería mejor surtida del mundo, lo que no tuviera lo traían. Todas las familias vestíamos de allí y se pagaba según convenio particular con la dueña.

Hacia media mañana oía el grito de Diego el pescaero: “Niña, vivitoh loh traigo” y salían todas las mujeres con platos y fuentes.

Él desplegaba su romanilla y despachaba generosamente los jureles pa el emblanco, las sardinas pa moraga y las pescaillas, que se freían mordiéndose la cola cual extravagantes pulseras de Cartier. 

Las almejas y coquinas caían en los platos con ruido de redoble. Y los chanquetes en almáciga gelatinosa como alienígenas de inquietante transparencia.

Lo vi siempre escoltado por una corte de gatos a los que daba morralla y nombre, cuidando que ninguno se quedara sin comer, apartando a los más glotones que avasallaban a los tímidos.

Después de almorzar se presentaba el cabrero trayendo en una gran lechera su mercancía. Igual revuelo de comadres con jarras, y el soniquete pedigüeño “despáchame con chorreón”.

La leche había que hervirla sin quitarle ojo pues de buenas a primeras aquello parecía un volcán escupiendo lava. Al derroche de lo perdido se añadía el tener que volver a limpiar los quemadores de la hornilla, empresa harto jartible, valga la redundancia, que se hacía con asperón y limón y dejaba las manos esollás. La ventaja de estar enferma era que te ahorrabas el engorro y encima te llevaban a la cama la  costra de nata que cuajaba en la superficie, pura grasa que me sabía entonces, quizá por la deferencia y sin azúcar siquiera, a gloria.

Si había suerte aún podía venir el tío de “¡Al riiiicooo cokiiii!”, golosina singular de cucurucho coronado con crema Dios sabe de qué fucsia y blanca, calentona de sol. Venían dispuestos como las biznagas, en bandeja con agujeros. Unas dos pesetas costarían. Era oír el pregón y las madres hurgaban en los monederos buscando las monedillas para regalar el pico hasta del más zangón. Contra todo pronóstico jamás conocí a nadie que tuviera cagaletas después de jamárselos, imagino que estaban recién hechos y a las bacterias no les daba tiempo a atacar.

Estos paréntesis constituían mi reloj particular en los días de fiebre y deberes postergados, el ajetreo me daba noción de la vida real, la que vivían los adultos hace cincuenta años.

No olvidare nunca los haces de luz arrancando oro a la manta amarilla ni las visitas de mi vecina Conchita que se asomaba para preguntar “¿como está la niña?” blandiendo un ejemplar de “Liiy” o “El príncipe Valiente” que me prevelicaban.

Ya no existe esa casa como hogar, jamás volveré a asomarme a sus balcones, el tiempo desgrana suavonamente.

Únicamente el sol es el mismo en esta Málaga bendita que sobrevive alegre pese a todo.

D. W

*Publicado por “El Observador” el 20 de noviembre de 2020.

 

 

 



 

 

viernes, 20 de noviembre de 2020

COSAS DE MUJERES

 COSAS DE MUJERES 

Amadea mandaba comprar todos los jueves media docena de dulces: dos caracolas, dos merengues y dos locas porque ese día la visitaba Catalina, una prima hermana muy querida. 

Cercanas a los ochenta las dos seguían con su costumbre, Amadea vivía con su hija, yerno y dos nietos; Catalina más sola que la una.

Las dos mujeres tomaban su vaso de cebá con leche condensada en la cocina si era invierno o en la mesita del cierro si era verano pero siempre muy calentita, “fría no vale ná” se decían sorbiendo sonoramente para no quemarse. Al fin las dos eran casi sordas.

Comían un dulce cada una y según pacto tácito, Catalina se llevaba otros dos para su cena y desayuno del día siguiente. Las caracolas, más duras de hincar el diente, eran para los niños que jugaban alrededor de ellas.

Catalina suspiraba entre bocado y bocado, derramando alguna lágrima y lamentando el no haber tenido hijos, “con lo que el Mariano y yo hicimo pá no tenerlo... creyendo que tiempo habría y mira, con treinta y seí año se lo llevó un mal aire”.

La nieta, que despuntaba ya tetillas, al oír estas cosas aguzaba el oído. En el colegio le habían explicado, más o menos, como se hacían los críos pero no como no hacerlos.

—Yo tuve una y es mi vejé... pero no vinieron má porque nos casamos ya polletones, sabe tú que el Teodoro no quiso tomá estado hasta que su madre murió, que llega a tardá má mi suegra en espicharla y me muero mosita. Nosotro nunca hisimo trampa, a los treinta y ocho dejó de venirme “el primo” y sé serró la fábrica.

—Po yo hice de tó, desde estornúa despué y lavarme con vinagre hasta la goma, aunque a mi marío poca gracia le hasia... la lavaba y entalcaba hasta que se rompía y había que comprá otra... de mientra fiarme de que la sacara a tiempo.

—Niña, ¿pero a ti te gustaba tanto...el asunto?

—¡Digo, má que este durse!

—¡Ay, pos a mi no!, ¿tú sabe que nunca le di un beso en la boca al Teodoro?

—¿Y por qué?, -preguntó la otra dejando el pastel a medio roer-

—Con la de mecrobio que hay... ¡eso é ezquerozo!

—¡Ou, prima po entose, de meterse el pito en la boca meno, ¿no?

La niña hacía como que estaba entretenida haciendo pulseras con plásticos de colores pero no perdía puntá de la charla.

—¿Y tú sí?, ¡vargame Dio de lo que se entera una!

—Chocho, tú te lo perdiste, y ¿él a ti tampoco te comía...?

—¡Meno!, -cortó tajante- eso son visios, un hombre que quiera bien a su mujé no la obliga a eso.

—Que no me obligaba, que a mi me gustaba...

—Come y calla, anda, que hay ropa tendía, -advirtió Amadea a su prima al ver a la niña demasiado quieta.

Esa noche, mucho después de irse Catalina merendá y con sus dos dulcecitos, ya acostadas abuela y nieta que compartían cuarto le dio a la primera por preguntar a la segunda.

—Niña, ¿tu ha escucháo argo de lo que hemo hablao la prima y yo? 

—Sí, ágüela... que hacía sesenta y nueve con er marío, -le contestó muy formal.

Amadea se quedó pensativa echando cuentas; no le cuadraba que fuesen tantos de familia. 

D. W






martes, 17 de noviembre de 2020

PURA BELLEZA

  

PURA BELLEZA

¿Existen las casualidades o es el destino?. Una se cree un ser raro, porque vive para adentro y su undécimo es “no molestar”. Que su imaginación es demasiado alocada y debe ponerle riendas, anteponiendo deberes a expansiones del alma, ignorando que son tan necesarias...y un día navegando por las eclécticas aguas de las redes encuentra extraños peces transparentes que resultan sernos pares.

Y se crea un cardumen perfecto. Y una es feliz hallando, por fin, su hábitat.

Segundo domingo de noviembre, feria del libro parido por malagueños. Luce un sol perfecto cuando acudo a la Alameda buscando con la mirada a mi compañera en una Antología de cuentos seleccionados entre narradores de veintitrés países. Únicamente treinta autores y dos somos de Málaga. Si eso no es milagroso... Solo hemos compartido un zoom, hablado un poco y leído mutuamente mucho. “¡Hola, Puri, soy Dela!”.

Alegría en sus ojos y humedad de emoción en los míos. Las circunstancias nos prohiben los abrazos pero no el gozo. Charlamos mientras ella firma su novela “Actrices secundarias”, sonriendo con los ojos a sus lectores. Recibo mi ejemplar llevándome sus letras de cariño azul. Me llama “compañera de letras y viaje” y muero de timidez y orgullo. Con ganas de que nazca su nueva novela, ya coronando, “La raíz de la memoria” para disfrutarla.

Me he desayunado con “Actrices...”, suelo empezar el día escribiendo mas hoy lo he hecho engullendo golosamente las letras de Puri García Díaz. Me han llenado de fuerza en una jornada agria por las nuevas medidas de contención del virus. Por eso digo que no sé si es casualidad o destino encontrarnos con ciertos seres en el momento preciso, ángeles que te prestan sus gafas para ver lo que tú no ves.

Decir simplemente que el libro me ha gustado sería imperdonable. Su trabajo induce a pensar, traspasa y llega como un dardo perforando las más remotas emociones; es la grandeza de la cotidianidad de la mujer planteando, con dulce maestría, circunstancias difíciles de abordar, casi tabúes aún.

Me quedo con una frase del microrelato “Poética del agua”:

“...Y es que no llueve igual cuando una está sola. Eso dice mi amiga”.

*Para Puri García Díaz, con toda mi admiración.

D. W

*Publicado por “El Observador” el viernes 13 de noviembre de 2020.



sábado, 14 de noviembre de 2020

AUSENCIA ABIERTA

 AUSENCIA ABIERTA 

La rosa malhadada sigue siendo bella para el jardinero mas con dolor la corta, es preciso para que el rosal siga creciendo.

La deposita, junto a las demás flores yertas, en un lecho compactado y allí amalgaman el néctar que nutre a quienes las añoran. 

En la naturaleza todo es circular, nada se pierde. El amante encuentra a su amada en los idénticos pétalos de sus vástagos, en la tenue estela de su perfume inolvidable.

La condición mortal nos ciega, negamos todo lo impalpable pero sigue aquí encarnada en lluvia o viento.

Dejarla ir para tenerla cerca es la dura lección impuesta, la más difícil, la única necesaria.

Aunque el jardinero cada víspera ruja como animal herido, buscándola.

 D. W

*Para J. F. y su eternamente ELLA.



miércoles, 11 de noviembre de 2020

CASERONES Y ECTOPLASMAS

 

 CASERONES Y ECTOPLASMAS

Postergaba el momento de llevar la cena a mi padre todo lo que podía. El lugar donde trabajaba de guarda, aunque siniestro, no me daba miedo pero me aterraban los tironeros que infestaban el barrio.

Mientras hacía la primera ronda le preparaba la mesa, sentándome a esperarlo en el destartalado sofá que se había procurado, frente a una escalera de piedra sin barandilla.

Una noche vi bajar por ella un hombre corpulento y algo giboso, calvo en la coronilla pero con la cabellera, que percibí blanca, larga por detrás. Parecía llevar una camisa blanca abierta, como flotando. Todo él era alabastro.

En un segundo desapareció entre las sombras. 

Volvió mi padre y tomó su cena, de fondo oíamos la radio que nunca apagaba. De repente solté: 

—He visto un fantasma.

—¿El médico?, baja toas las noches -me dijo tranquilamente.

—¿Por qué le dices médico?.

—Porque lleva bata.

Aquel lugar fue Casa de Socorro.

No era mi primera experiencia con espectros, ya había convivido con uno encontrado un día que acompañé a mi madre al cementerio.

Estuvimos una temporada juntos pero lo emplacé a irse porque leía sobre mi hombro y eso no se lo tolero a nadie.

Años después me alojé en un parador del siglo XVI que había sido convento de clausura. Durante dos noches las monjas no pararon de despertarme para que las acompañara a rezos y maitines, “que soy atea hermanas”, - les decía pero ni puñetero caso, ni en el aseo respetaban mi intimidad.

Para ignorarlas me deslizaba descalza por las baldosas heladas hasta la ventana, enjuta y oscura, y me ensimismaba admirando la silueta de un nido de cigüeñas en dulce espera. Mientras, a mi  espalda, las sores seguían ora que ora a ídem (con h) intempestivas. 

No le temo a los fantasmas pero me dan tirria las ánimas purgantes cabezonas, sobre todo las vengativas que al marchar dejan un reguero pegajoso en el suelo. 

Por fastidiar.

Todos sabemos que los espectros flotan.

D. W 

*Publicado en “El Observador” el 6 de noviembre de 2020. 

 


martes, 10 de noviembre de 2020

11 DEL 11, DÍA INTERNACIONAL DEL SOLTERO

 11 DE NOVIEMBRE, DÍA INTERNACIONAL DEL SOLTERO*

*En masculino en su origen (1993) pero ya unisex)

 

Este día, dedicado al orgullo del celibato por convicción o fuerza mayor, se instituyó en China. Se escogió esta fecha por tener cuatro unos, 11/11, número que define tan gráficamente la soledad (estar más solo que la una). Lo celebraban dándose algún capricho aunque hoy ha derribado, como todo, en un derroche compulsivo de compras. 

Me recuerda a uno de los personajes comunes a los treinta relatos de “Labios rojos, chocolate y una rosa”; en mi cuento, “Acompasados” lo imagino viviendo así: 

 

“...Cuando heredó de sus padres una céntrica finca se instaló en el ático llenándolo de estanterías repletas de viejos volúmenes, un samovar, la enorme cama de latón dorado que fuera de sus abuelos y un chester gastado...”

 

#labiosrojoschocolateyunarosa es un compendio de treinta cuentos alrededor de dos excéntricos personajes. Los autores cedemos las regalías en favor de la ONG “Familie4peace” de ayuda al refugiado. Saldrá a la venta en 18 días publicado por la editorial mexicana Ediciones de Educación y Cultura, bajo la supervisión de la gestora cultural Maru San Martín y con las bendiciones de Rosa Montero.

#MaruSanMartin

#RosaMontero

#escritoresdelmundo

#delauvedoble 

#Acompasados

 


viernes, 6 de noviembre de 2020

ESTO ES HALLOWEEN

 ESTO ES HALLOWEEN

Cada víspera de Todos Los Santos esperaba impaciente las traviesas turbas infantiles que llamaban a su puerta nada más anochecido. Le encantaba ceder al dulce chantaje, ver como se iluminaban las caritas pintarrajeadas de monstruos de pacotilla.

Se creía una Reina Maga de octubre.

A cada timbrazo tomaba la bandeja de golosinas y bajaba hasta la verja en dos zancadas de sus largas piernas, calmando a la adorable hueste con la promesa de que habría para todos, dejando en cada manita un puñado de arañas de azúcar y gusanos de regaliz.

Ya era tarde y no esperaba que nadie más llegara cuando sintió zarandear la cancela, pocos caramelos quedaban pero bajó para dar aunque fuese uno a cada pedigüeño.

Se paró en seco escamada al encontrarse una figura oscura, como de criatura de ocho años, oculta por una capa con la capucha adelantada sobre el rostro. Se preguntaba porque no había ningún adulto al lado cuando una inverosímil voz de barítono salió del disfraz:

—Truco o trato.

—Trato, trato... -balbuceó nerviosa.

—No pido dulces, solo hablar contigo cara a cara.

Noto un rayo helado recorriéndole el espinazo, tiró los caramelos por encima de la verja, agradeciendo haberle echado la llave y volvió a subir.

Refugiada tras la puerta y con el corazón dolorosamente palpitante cerró los ojos como si así no oyera las piedrecitas golpeando la ventana. Iba a llamar al 091 cuando la voz varonil empezó a recitar los versos de Poe de donde ella había tomado su nickname.

“Pues la luna jamás brilla sin traerme sueños

de la preciosa Annabel Lee

Y las estrellas nunca saldrán, pero veo el brillo de los ojos

de la bella Annabel Lee”.

—¡Vete o llamo a la policía!, - le gritó deslizando diez centímetros la ventana corredera.

—¿Y qué les vas a decir, que hay alguien disfrazado en tu puerta, hoy que es Halloween?. No seas niña y escúchame.

—¿Qué quieres?

—Primero no asustarte

—Pues no lo has conseguido...- y cerró violentamente la hoja.

—¡Espera, soy Jonathan Swift!.

La ventana volvió a abrirse, “¿que has dicho?” susurró sin apenas resuello. Siendo verdad lo que oía estaba hablando con un amigo de face book que era, según su perfil, profesor de ciencias puras, amante de la literatura fantástica y del antiguo Egipto y con quien había mantenido virtualmente multitud de estimulantes debates; no es que lo hubiera imaginado de ninguna forma concreta pero... la persona que tenía delante mediría poco más de un metro; era, como él mismo se había definido, un enano. Elegir como avatar el nombre del autor de “Gulliver” tenía su retranca.

—Vale que la puesta en escena es friki pero no encontré mejor modo de abordarte en la vida real.

—Aléjate hasta la acera de enfrente y bajaré.

Solo cuando vio que lo hacía descendió lentamente los escalones. Al contraluz de la farola su figura se recortaba sobre la pared vecina ocultando cualquier rasgo.

—Hablemos. 

—Como ves soy enano, -empezó diciendo y se río- por si no te habías dado cuenta aunque el término correcto es acondroplásico. Mido un metro dieciocho centímetros, con alzas dentro del calzado algo más. Todo lo que ves en mi muro es cierto, doy clases de matemáticas en un colegio para “personas con distintas capacidades” por lo que allí mi “peculiaridad” no se tiene en cuenta. Llevo meses queriendo pedirte una cita, pero no me atreví, creía haber superado prejuicios pero vi que no...llegaba esta fecha y se me ocurrió esto. - Así hablaba mientras abría los brazos para mostrarse en su pequeñez, aturrullado; se notaba que eran palabras que llevaban prisioneras mucho tiempo. Pasaron tres ángeles antes de que decidiera pedirle que se acercara y descubriera. Él cruzó la calle y retirándose la capucha dejó ver unas facciones no mal dispuestas.

—Eres muy atractivo.

—No tengo apenas rasgos de enanismo en el rostro, es verdad pero no te sientas obligada a ser amable.

—Si me conoces sabrás que soy sincera.

—Y piadosa también, no quiero lástima sino amistad.

La mujer se acercó y quedaron muy cerca, separados por los barrotes de la cancela que dibujaban sombras en el rostro de ella; agachándose para adecuarse a su estatura le preguntó:       ¿Cuantos años tienes?

—Cuarenta y seis.

Ser rubio le hacía parecer más joven pero en el extremo de sus ojos grises se leían las primeras arrugas que inauguran la madurez.

—¿Por qué yo?.

—¿Por qué tú no?, eres una magnífica conversadora y creo que yo te doy bien la réplica.

Cierto era que no solía subir fotos de sí misma, si acaso alguna con grupos de amigos, así que su apariencia no podía ser lo que lo había llevado hasta allí.

—¿Cómo supiste mi dirección?.

—Pusiste una foto de la fachada de la casa cuando la compraste y la rastreé por google map.

—¡Coño, tío, eso es casi de psicópata!, - exclamó dando un respingo.

 —Lo siento, pero comprende mi posición. O te pongo en un comentario, como quien no quiere la cosa, “oye, ¿te he dicho ya  que soy enano?” o quedamos directamente y te llevas la sorpresa. Así será una anécdota que contar y si no te parece oportuno que salgamos fingiremos que nunca pasó; esta noche es propia para recibir calabazas.

Ella sonrió, más relajada.

—Perdona por haberte bombardeado con caramelos. 

—No te preocupes, cosas peores me han tirado.

La mujer sintió un ramalazo de pena pero recordó que debía tener los pies en la tierra, no cumplía una cuarenta años sin volverse recelosa.

—Déjame pensarlo, no salgo con cualquiera y debo asimilar que “tú” eres “él”.

—Si, comprendo. 

—Voy a subir que es muy tarde. Buenas noches Jonathan... espera ¿como te llamas de verdad?.

—Ramón, fíjate que prosaico.

Ella río, “yo, Angustias, te gano”.

—Buenas noches, Angustias.

—Que duermas bien, Ramón.

El hombre se quitó la capa y la echó sobre su bracito, le quedaba tan larga que tuvo que hacer cuatro dobleces para no arrastrarla. 

Entonces la sorprendió observando las maniobras con ojos incómodos.

Ambos supieron que siempre les quedaría Messenger.

D. W

*Ilustración de Guillermo Pérez Villalta, para el libro “Los viajes de Gulliver”.

Publicado en “El Observador” el 30 de octubre de 2020.




 

 

 

 

miércoles, 4 de noviembre de 2020

INJUSTO

 INJUSTO 

Noche de viento feroz y lluvia loca, de esa que no sabe dónde va y golpea por los cuatro costados. Lejanos truenos y fuertes relámpagos confirman que la tormenta es de Murube pero va lejana.

Protegida por mi manta gris, cálida y sintética, y un techo seguro sé que estoy a salvo pero eso no me basta para poder dormir. Siempre me asaltan las ganas de tirarme de la cama, agarrar un paraguas y resguardar a los desamparados que, fuera, no tienen un lugar donde caerse vivos.

En mi duermevela veo jóvenes precarios llevando comida basura a gente que no les importa la que está cayendo. A sintechos cubiertos con cartones empapados, refugiados en trincheras de cajeros y portales solo hasta las siete de la mañana. Hago míos el miedo de los perros encerrados en zulos donde morirán ahogados y la tristeza de los que penan con cadena perpetua. 

Percibo la angustia de los gatos escondidos debajo de los coches, aterrorizados por el ruido del agua sobre la chapa, trepando hasta el motor buscando calor y encontrando la muerte.

Algunas buenas almas les llevan comida, entre las sombras de la noche como criminales, porque hay desgraciados a los que molesta que otros tengan el corazón del que ellos carecen.

Si a estas alturas no me he acostumbrado a este mundo es porque no pertenezco a él.

Injusto.

D. W



martes, 3 de noviembre de 2020

EMBARCADOS

 EMBARCADOS

Anoche estrené camisón. No se vayan a esperar una historia verduscona que no va por ahí. Hace un tiempo que siento destemplanza por las noches y tengo feísimos sueños, así que decido cómprame camisones abrigaditos. Uno es rosa pastel, salpicado de diminutas estrellas y... ¡con un unicornio que ocupa todo el delantero!, de niña, si, pero los de “señora” eran tan de vieja que más los veía para mortaja.

Pues calentita si he dormido pero con pesadillas. Toda la noche llorando con mis dientes en las manos. Se me caían, sin dolor físico, pero sufriendo el ego. Los recogía en un pañuelo y buscaba un dentista con desesperación. Una nochecita toledana.

Y eso que lo último que vi antes de acostarme fue la película de los hermanos Marx “Una noche en la ópera”. A pesar de conocer los gags me seguí partiendo de risa pero se ve que el telediario que me comí antes me sentó mal.

Una frase del genial Groucho me mantuvo cinco minutos retorciéndome por las carcajadas; os pongo en situación: 

Cena inaugural de gala en un crucero de lujo. Entran en el comedor tres señores barbudos y pelirrojos, vestidos de uniforme. Parecen cromos repetidos. El capitán les hace los honores de invitados especiales presentándolos así: “Señoras, señores, he aquí a los hermanos Tal, los mejores aviadores del mundo”, a lo que Groucho, volviéndose a su inalcanzable multimillonaria le dice, ladeando el sempiterno puro: “Serán los mejores aviadores del mundo pero ellos van en barco”.

Pensándolo bien así estamos. Cuando paré de reír me di cuenta que si enferman Trump, I.D.A. o Merkel, tendrán la medicina más avanzada a su disposición pero si cae mi hijo y necesita un respirador habrá de entrar en sorteo. 

“Ellos son los mejores aviadores pero van en barco”.

Mientras... los negacionistas, más “listos” que nadie se despiporran pidiendo “Libertad” para salir de noche a emborracharse, de paso se suman los de siempre quemando contenedores y rompiendo escaparates. Todos esparciendo el virus con dos huevos...duros.

Que nos vamos a tomar por culo, lo tengo clarísimo. Los únicos que quedarán de muestra serán lo peorcito de la especie.

Aviadores de piloto automático manejando el barco .

D. W

 


domingo, 1 de noviembre de 2020

NOVIEMBRE

NOVIEMBRE 

La manta sobre la cama y los platos de cuchara con sonsonete de loza son ya bienes necesarios. Buscan el perro, el gato y cualquier alma en cuerpo mortal el calor de radiador o lumbre, con suerte en un regazo cóncavo y amado. 

En el hemisferio norte recogemos las alas, guardándolas planchadas para encontrarlas prestas en primavera; allá en el sur surgen las primeras flores, los colibríes de mi amiga Juana alegran su jardín y su árbol rebrota con más fuerza.

Cada cosa a su tiempo y el mundo girando.

D. W

*Para Juani Buenosaires.

(Publicado en “El Observador” el 30 de octubre de 2020).


CÁLIZ

  CÁLIZ    Tú querías un vestido blanco con tren bordado infinito  y un viaje igual de largo  en el que acostumbrarte a vivir en brazos de u...