sábado, 16 de octubre de 2021

LA CONTABLE

 LA CONTABLE

Poco fue al colegio, que la pusieron a servir a los diez años. Apenas sabía firmar y leer palabras que no tuvieran muchas letras. A los números no llegó y al serles precisos ideó un sistema de contabilidad a base de garbanzos.

Por cada hora que echaba fregando para otras ponía un trompito en un tarro, después los contaba y a cada uno le arrimaba tantos garbanzos como duros le debían. Y jamás se equivocó.

Hecha a esa vida de burra en la noria solo le mortificaba haber dado con un hombre que no iba a su par. Borrachín, vago y presumido, era más otro cargo que añadir a los seis chicuelos que le había hecho. 

Cuando al Mambrú se le acababa la brillantina o la colonia y en la casa no quedaba ni un chavo para reponerla, se enfurecía. Y el hombre que en la calle era arropía tornaba a cicuta en el hogar.

   —Ni que me pongas bocabajo sale una perra chica -lloraba la infeliz-

   —¿No te pagaron ayer?

  —Lo solté en el Colmáo, que ya no me fiaban más.

  —¡Pues ahora sí que vas a cobrar! -y la ponía de tortazos por manirrota.

 

Esto acontecía desde poco después de tomarse las bendiciones. Moraíta fue hasta el cura para ver si se podían anular los votos, pero este la despachó con que consumado el matrimonio y por motivo tan baladí no había lugar. Que aprendiera a darle siempre gusto al esposo y así evitaría los palos. 

Y le puso de penitencia tres padresnuestros, dos avemarías y un Credo, con lo larguisímo que es.

 

Ella no volvió a la Iglesia más que para bautizar a sus hijos, y eso porque su señora que era huera, los amadrinaba, regalándole una somera canastilla y las monas cada domingo de Pascua. Por supuesto también escogía sus gracias, así que las criaturas tenían nombres finos. A la niña chica mismamente le puso Lourdes, aunque a ella le hubiera gustado cristianarla Sebastiana, como su abuela quenpádescanse.

 

Los rezos no conseguían apagar la furia sentida cada vez que le pegaba. Quería que lo partiera un rayo, hincarle la aguja de tejer en la vena palpitante e impúdica del cuello mientras resoplaba sobre ella, rellenándole otra vez la barriga. 

Pero si Dios le había vuelto el culo el demonio no. Una noche lo encontraron tras la Casa Colorá, con el gaznate sajáo. Líos de tapete verde. El desgraciado se jugaba lo que no tenía hasta que la suerte lo destetó.

 

El día del velorio todos se extrañaron de que se pusiera a guisar un potaje de garbanzos en vez de aullar lo correspondiente a una viuda dolorida. “Hija, deja eso, que ya mandaré traer de la fonda avíos para los que vengan a pasar el duelo” se ofreció la huera. 

   —Agradecía, Doña, pero esto tengo que hacerlo yo.

 

Llegó de lejos la parentela del finado y cuando la casa estuvo como hormiguero en invierno sacó la mujer un perol descomunal, emprestado por el tabernero.

A falta de tanto plato cada uno sacó su cuchara y la hundió en el guiso. Varios escupieron.

  —Hija, no es por poné falta , pero estos gabrieles están agusanáos.

Ella se irguió:

  —Desde el día de mi boda he ido guardando un garbanzo por cada bofetón que el difunto me daba. Llené un tarro, dos… al año ya los tuve que pasar a un saco. En ocho he juntado cincuenta kilos de lágrimas. Ese es el aderezo que amarga el potaje.

 

Unos dicen que siguieron comiendo sin chistar, otros que los parientes del vago se fueron muy ofendidos. Cuentan que el cura tuvo mandanga que largar en el púlpito sobre las mujeres vengativas que no saben guardar el decoro.

Lo cierto es que ella tomó a sus hijos, vendió su casa y se fue a la capital donde se colocó en una fábrica. La seguían explotando, pero nadie le ponía la mano encima. Los domingos los pasaba con sus niños, mediopensionistas en un buen colegio en el que entraron por mano de su madrina. 

 

Su Lourdes la enseñaba a contar con números, asombrándose de que para los romanos del año María Castaña fueran letras, mientras bullían en el puchero gabrieles de gloria.

 D. W

*A Carmen Manzano, agradeciendo la sugerencia del personaje.



martes, 12 de octubre de 2021

HUIDA

 HUIDA

Te dejas engullir, sin sedantes, por esa mole de mil ojos facultada para traspasar tu cuerpo sin rasgarlo, buscando el desorden de alguna célula, el desnivel de un hueso. A cambio debes quedarte quieta como Lot, inmóvil por desobediencia.

Los auriculares amortiguan el ruido a caldera, asemejándolo a un latido. Te relajas con ese palpitar primigenio; quizá te recuerde la seguridad del saco amniótico.

Dentro no hay gente que hable a gritos, que sonría y abra la boca tan cerca de ti que temas caer por ella y bajar hasta sus tripas. Aquí no te tocarán el hombro ni te palmearán el antebrazo graznando: “¿comprendes?”.

 

Hace unos días, en una de esas fiestas a las que siempre vas obligada, alguien te tomó por diana, ametrallándote con vocablos, como si te arrojaran al rostro las cuentas de un collar roto.

Intentaste huir, dejando tu hipócrita avatar sonriente, volando a otra dimensión donde huele a caramelo de menta y suena la guitarra de tu abuelo. Eres muy pequeña e intentas atrapar las notas como si fueran mariposas y pudieras verlas. No sabes hablar, pero os entendéis. Te ofrece su compañera para que la acaricies y tus deditos se cuelan entre las cuerdas. Él los libera, riendo como un pájaro, y te lleva a ver las palomas, todas con nombre, mensajeras divinas, emplumadas huríes con ajorcas de colores en los tobillos y zureo en el buche.

La voz de tu abuelo se agria contestando a los que amenazan con matarlas a perdigonazos y los gritos te hacen llorar.

 

“¿Comprendes?”. Asientes, pero no soportas la décima palmada empeñada en incrustar la frase en tu piel. Cortocircuitan tus inhabilidades sociales.

 

Dicen que te desmayaste, por eso te castigan metiéndote en el escáner. 

Hoy has conocido de ti lo que hasta ahora estaba en sombras. Te creías incapaz de odiar, y sin embargo odio es lo que sientes antes parlanchines y violentos que ensucian tu espacio destripando palabras.

¿Podrá la tecnología médica captar eso?

D. W

 



domingo, 10 de octubre de 2021

EMPEZAMOS BIEN

 EMPEZAMOS BIEN

La tarta tenía un aspecto delicioso, su cobertura de chocolate brillaba como el charol prometiendo recordar al paladar la dulzura de la infancia. 

Fue al cortarla cuando aconteció la tragedia, la pala catapultó una de las estrellas de azúcar que la adornaban al ojo de una de las salivantes dejándola temporalmente tuerta.

En urgencias la sentaron en una sala de espera atestada de manazas atravesadas por tajos al haber intentado lonchear jamón.

   —¿Y lo de usted como ha sido? -le preguntaban los demás accidentados al ver el ojo y media cabeza envueltos en un fular, a modo de pirata urbano.

   —Una esquirla de caramelo.

   —¡Ah ya, la diabetis!

   —No, mi nuera partiendo una tarta... sin mala intención, desde luego -por el tono era obvio que la mujer deseaba que le tiraran de la lengua, pero los chismosos, satisfecha la curiosidad, carraspeaban y volvían a meter el hocico en el móvil

El asunto se saldó con una pomada oftálmica y tres días como la princesa de Éboli. 

 

A la siguiente celebración se sirvieron raciones individuales, por si las aristas.

Después de comer quedóse traspuesta la ex tuerta en un cómodo orejero enfrente del aparador, roncando a gusto. Un guantazo de frío líquido arrojado al rostro la sacó del ensueño. Gritó, enfurecida, maldiciones a la nuera, acusándola de semejante segundo ultraje.

La mal mentada argumentó en su defensa que no había salido de la cocina desde que terminaran la sobremesa

    —¡Embustera! -embestía la suegra.

El hijo de sus entrañas y marido de la otra viéndose en un brete se aplicó a secarla con la toalla más mullida.

   —Madre, hueles a champán.

   —¿Encima me pones de borracha? bebí solo un sorbo. ¡Mira!, ahí está la botella, tal como la dejaste. 

Sobre el aparador yacía tumbada y abierta, flotando en el charco de su propio contenido. El corcho debió saltar por efecto del gas e impericia del sellado, regando a la marchita doña Pupas.

Aclarada la cosa pidieron los deudos que ambas mujeres se besaran. La nuera no quería y arrugaba la nariz manteniendo que ella era la insultada. La matriarca reventaba de rabia por no poder culparla, negándose a rebajarse. Al final la Pupas accedió por temor a salir perdiendo. Acercaron sus mejillas menos de lo justo, mirando al infinito y torciendo los labios para no rozarse.  Así el pobre hombre se libró de lo que casi le pasa al niño bíblico si no hubiera mediado Salomón.

Ese día se instauró en la familia una nueva tradición: celebrar los saraos en un ventorrillo.

D. W

* “El Observador” 8 de octubre 2021



miércoles, 6 de octubre de 2021

CUADERNILLO DE VIAJE

 CUADERNILLO DE VIAJE 

Lisboa septembrina 

 

El viajero siente que Lisboa es una ciudad detenida en el tiempo, que no en la modernidad. Conserva las casas alicatadas de azul, la generosidad de sus largos y es posible, sin que el bolsillo se resienta, tomar el mejor café del mundo que el portugués llama bica en La Brasileira, establecimiento donde Pessoa sigue saboreándolo.

 

El tranvía veintiocho cruza la urbe de este a oeste. Se ha convertido sin pretenderlo en una plataforma rodante para el turista que quiera echarle una primera ojeada desde la perspectiva de sus habitantes. Sube y baja por calles empinadas y estrechas acabando, como una parodia de la vida, en el Cementerio de Dos Prazeres.

Los placeres, nombre de la  Quinta que fue y que ahora ocupan los muertos. La gran epidemia de cólera en 1833 hizo necesario sitio presto a tanto enterramiento. No más pisarlo siento que la saudade empieza a entenderse aquí.

Descansan los difuntos en pequeños mausoleos familiares, algunos deteriorados, con las puertas rotas y los féretros al aire. Otros parecen muy cuidados, con puerta acristalada a la que atraviesa el sol tamizado por coquetos visillos, creando atmósfera de salita hogareña dónde solo falta el televisor. A lado y lado, los ataúdes descansan en nichos abiertos, como literas. Al fondo, un pequeño altar con vidriera pinta de colores el luto. 

Parece que el portugués, al menos el lisboeta, no soporta dejar a sus seres amados en solitaria oscuridad, incluso los coches funerarios son carrozas transparentes. El finado no se pierde nunca de vista, no se despide, simplemente ele é transferido para a casa dos prazeres hasta la hora ineludible de volver a encontrarse.

El tranvía vuelve al centro donde el bullicio me saca del misticismo. Toda la urbe está pavimentada de piedras blancas y negras, compactadas sobre el suelo sin argamasa para que las frecuentes lluvias drenen. Es un trabajo ímprobo cuyos artífices tienen estatuas que los representan cerca de la manuelina Estación Central, la que cobija el tren que lleva a Sintra, ciudad de hermosos palacios, en cuarenta y cinco minutos.

 

Lisboa, vista desde cualquiera de sus miradores, es un valle de luz rodeado de colinas. Duele imaginársela destruida cuando se habla del terremoto que en 1755 la arrasó cambiando su perfil costero. La templanza del marqués de Pombal, la hizo renacer trazando la ciudad moderna que hoy nos acoge. 

Librería Bertrand ya vendía libros más de veinte años antes de esa desgracia, en su tienda de calle Loreto en el Chiado. Tras esta se volvió a levantar en la calle Garret. Tiene a gala el ser la más antigua de Europa. Si compras un libro te estampan en el interior un sello confirmado su solera. 

No hay que dejar atrás la Confeitaria Nacional, que desde 1829 endulza la vida a foráneos y extranjeros con sus bolos y meias lúas.

 

Apuntaba Pessoa: los portugueses somos tiernos y poco intensos, al contrario que los españoles -nuestro absoluto reverso- que son apasionados y fríos. Tal vez por eso consiguieron su democracia sin brusquedades, en un levantamiento pacifico sin precedentes.

La dictadura más duradera del siglo XX en Europa terminó en abril de 1974, tras cuarenta y ocho años de oscuridad. Contaré solo el final del principio:

Celeste Caerio regresaba a su casa cargada con una brazada de claveles que no pudo acercar al restaurante donde trabajaba debido a la situación tensa del momento. Al pasar por el Rossio cercano al Largo do Carmo, un soldado que esperaba nervioso el resultado de las capitulaciones le pidió un cigarrillo. Como no llevaba le ofreció una de las flores. Él, de manera impulsiva, lo colocó en el cañón del fusil, gesto que sus compañeros imitaron, simbolizando que no querían dispararlos. El ejemplo siguió por toda la ciudad bautizando a la revolución como Dos claveles.

Imposible no sentir emoción cuando oyes esta historia de labios portugueses.

 

Anochece en Lisboa con aroma a café y a fado. Del Tajo llega la brisa que hace las veladas deliciosas sobre todo cuando el paladar se colorea del verdor del vino, del rosa de la ginjinha.

Se comprende que el lisboeta quiera tener una ventana para mirar su ciudad desde detrás de la muerte.

D. W


martes, 5 de octubre de 2021

ASÍ ME HABLÓ ZARATHUSTRA

 ASÍ ME HABLÓ ZARATHUSTRA

Andurreando por esos caminos de España me topé con un negocio inclasificable; su rótulo decía “Zarathustra, arte y parte”. El escaparate bullía de caprichosos objetos cubiertos de polvo.

Entré por curiosidad, sorprendiéndome de la profundidad del establecimiento. Una réplica de la “Bocca della veritá” convertida en fuente proporcionaba el hilo musical perfecto para engatusar a la clientela.

El dueño, un imponente barbudo con acento francés (oh là là) era más que convincente endosando su mercancía, tanto que me hice con tres colgantes y un anillo. Ante mi proposición de que me hiciera algún descuento dada la buena cantidad gastada me dijo, “eso no es posible, madame, pero le voy a dag algo que vale más: la buena suegte”.  

Expurgando en un cajón sacó un perdigón grueso llevándoselo a la trastienda. Como tardaba entré, justo a tiempo de ver como salía del troquel el proyectil convertido en moneda. El perfil de un olvidado, quizá inventado, emperador romano me miraba estrábico. Aún caliente la depositó en mi palma cerrando con suavidad mi puño a la vez que lo cubría con sus manos y perforaba con ojos punzantes los míos. Una letanía ininteligible se coló por mi oreja. Luego, en un francés arrebatador, me aseguró que si acariciaba la moneda cada día el amor y la fortuna vendrían a mi vida.

 

Salí de allí sonriendo, despeinada, con la cremallera de la falda a la derecha y dejándole al truhan los labios manchados de carmín.

 

Aunque incrédula incorporé a mis manías la de tener a mano la moneda. Me gustaba sentir su redondez imperfecta corretear entre mis dedos.

Y entonces, empezaron a florecer mis plantas, a elevarse mi pan y a dolerme menos los huesos.

 

Unos años después volví a la olvidada ciudad encontrándome la tienda convertida en Bazar Chino. Preguntado el encargado sobre qué fue de Zarathustra me señaló una estantería donde borboteaba una almáciga chillona de dioses y santos. “No, no, el de carne y hueso, el dueño del negocio que había antes” -aclaré- “no sabel, yo empleado sólo” -respondió.

Me volvía mohína cuando vi la fuente seca, casi oculta por el ecléctico género.

La versión legal de Erick el belga estaría tomando sol y aperitivo en Benidorm. Lo vislumbré siendo el centro de atención de un corro de madames embelesadas con su labia, viviendo un espléndido ocaso con lo ganado vendiendo réplicas y esperanzas.

No le deseé buena suerte pues él la tenía toda.

Sin disimulo acerqué mi boca a la Veritá, besándola en la nariz.

El chino ni se inmutó.

D. W

“El Observador” 1 de octubre de 2021



 

 

 

 

 

lunes, 4 de octubre de 2021

NOCTURNO

 NOCTURNO 

Indefectiblemente a las cuatro en punto de la mañana abre los ojos sin estar despierta, pero incapaz de mantenerse asida al hilo que la une al sueño.

La habitación a oscuras, la noche vislumbrada por la ventana y el fresco de la madrugada invitan a seguir entre las sábanas, alegrándose de no ser uno de los que tosen de camino a la fábrica ni inquilina de la ambulancia que corre con sirena deslenguada al hospital.

A esa hora su amiga María, alentada por el combustible del amor, se levanta para llevar alimento y cariño a un sinfín de gatos sintecho. Le desea en la distancia un buen día y que le toque el Gordo para que funde un gran Refugio de felinos.

 

Convencida de que no puede volver a dormirse acomoda la espalda en el cuadrante bordado de flores, enciende la luz de la mesita y pone al día sus correos.

Si mira de reojo puede verse reflejada en el espejo de la coqueta, un rostro pálido al que vuelve fantasmal la iluminada pantalla.

Empieza un día que no verá quien murió ayer; llantos lejanos le hicieron asomarse al balcón justo cuando pasaba el largo coche enlutado. Dicen que los perros aúllan a la muerte, pero no oyó a ninguno. La Parca esta vez anduvo sigilosa.

Después, en la panadería, le darán norte del finado, no en vano la dueña heredó de su madre, muchos años ha y aparte del negocio, el mote de “la emisora”.

Habrá que cumplir, ir un ratito al cementerio, a la misa al menos. El autobús no cae lejos de casa y deja en las mismas puertas del Camposanto.

 

Se levanta y saca del congelador un taper de caldo, hoy no le apetece guisar y además llegará con mal cuerpo del entierro.

Cubre sus hombros con una rebeca y sale a por su albardilla. 

Encuentra echada la persiana de la tahona, un gran párpado cerrado sobre el que un papel de orillas negras pregona en silencio la ausencia.

Así se entera del verdadero nombre de la panadera.

Ya no habrá pan ni noticias calientes cada mañana a las siete.

D. W



 

sábado, 2 de octubre de 2021

APPLE GATE

 APPLE GATE

Vuelvo empapado y sucio del trabajo por culpa de la maldición bíblica que me condenó a “ganarme el pan (es un decir pues aún no estaba inventado) con el sudor de mi frente”. Lo de Eva fue peor, haciéndola sangrar cada mes y parir con dolor en un tiempo tan lejano al tampax y la epidural, con el agravante del “creced y multiplicaos”. Aun cuando deje en mal lugar a mi sexo he de decir que a este Dios se le nota que es macho.

Por mis palabras habréis deducido que soy vuestro “primer padre” Adán, que pasé a la historia por calzonazos al hacerle caso a mi mujer y comerme la manzana que me ofrecía. ¿Y que quería el Creador que hiciera, desairarla? me hubiera dejado esa noche y no se sabe cuántas más sin coyunda. Y dos tetas pueden más que dos carretas o dos arcángeles matones armados con espadas de fuego. 

Os digo también, hijos e hijas, que vuestra santa madre Eva no fue mi única esposa. En principio Dios creó, a mi par y del mismo barro, a una mujer guapísima experta en hacer las más deliciosas desvergüenzas (que entonces no eran tal porque desconocíamos el pudor). Es cierto que Lilith, como así la llamó el Jefe, resultó peculiar. Era feliz montándose a horcajadas en el lomo de los ángeles más picarones, sobrevolando el Paraíso Terrenal mientras restregaba su hendidura con las alas hasta llegar a un éxtasis que, al parecer, yo no sabía proporcionarle. Como los celos estaban por idear no se lo tenía en cuenta, al revés, la sabiduría adquirida la gozaba yo.

Acabó abandonándome por aburrido y el Señor dijo aquello de “no es bueno que el hombre esté solo” esperando a que estuviera dormido para extirparme una costilla y fabricar con ella otra hembra más afín a mí.

Eva salió sumisa y para una vez que erró ¡zasca! No estuvo bien, nada bien tan desproporcionado castigo. Hoy le hubiéramos puesto al mister una denuncia por desahucio improcedente.

 

Luego vino lo de Abel y Cain que nunca superamos, este se largó con la demoníaca tribu de Lilith a poblar medio mundo. Nosotros engendramos a Set, Awan y Azura y entre los cinco repoblamos el otro medio. Así que cuando oigáis decir que todos sois hermanos creedlo. Yo viví novecientos treinta años y estuve retozando con mis tataranietas hasta que dejó de levantárseme, allá por los ochocientos. Eva murió mucho antes y sin dientes por mor de tanto parto.

Ella fue quien puso nombre a los demás animales pues en esto del lenguaje me superaba, diga lo que diga Bob Dylan. Años después, con la construcción de la Torre de Babel por si los diluvios, el Creador tuvo otro cabreo con la humanidad y nacieron las escuelas de idiomas. Pero eso es de otro cuento.

 

Es hora de que sepáis la verdad sobre la expulsión: Serpiente era la más lista de todas las criaturas y Eva dedujo que podría ser por saborear a escondidas las manzanas del único árbol prohibido (aclaro que nadie se comía a nadie en aquel Jardín y no pasábamos hambre, pero ¡ay, la atracción de lo tabú!) No bien vuestra madre dio un mordisco empezó a cuestionarlo todo. Preguntó a la ofidia por el origen de Dios y el motivo de deberle sometimiento y esta la puso al tanto de que se había construido este planeta para mangonearlo después de que en el suyo suspendiera las oposiciones a Deidad Subalterna. Se lo había chivado, tras una noche loca, un Serafín miembro de la corte celestial.

El Señor impidió que su reputación quedara manchada desacreditando a Serpiente, maldiciendo su lengua con la bifurcación que le privaba del habla, además de condenarla a arrastrase (antes se desplazaba de pie y tenía manos). A Eva la calló cargándola de inseguridades y dolores y a mí me puso en el gaznate el perenne bocado de la fruta para que no olvidara serle dócil. El signo pasa de hombre a hombre sin tragarse jamás por más vino que bebamos para empujarlo.

Hijos míos, si alguna vez nos habéis maldecido por ser los culpables de perder el Paraíso poneos en mi lugar, no en vano se llama adanes a los varones que somos un desastre. Eva solo quiso ampliar miras y menú y aún lo está pagando.

Dela Uvedoble

#HistoriasDeLaHistoria

#Zenda

 


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