lunes, 27 de enero de 2020

LA SOTA DE BASTOS

LA SOTA DE BASTOS    (1905)
Carmela es una gitana espabilá con un marido que trabaja sosteniendo el mostrador de la taberna, que entre moscateles y blancos le ha hecho siete churumbeles.
Ella lo respeta como su hombre que es y procura que no le falte  parné para alpiste, cigarros y pañuelos. El marío de una no debe parecer un muerto de hambre, cuestión de orgullo calé, aunque malvivan pegaos a la Alcazaba.
Carmela se ha colocao en una Venta haciendo de comé pues buena mano tiene. La nombran por Sota porque enternece los pulpos con un garrote. Eso la encorajina: 
_”¡Mar doló óz den”, bufa como gata rabiosa, “Pa Zote er connúo tu padre!”.
Como siempre está amamantando sirve de ama de cría tomando unas hierbas que son propias pa dar leche.
De aquí y allá araña perrillas y saca a la troupe palante.  
Tomá, su gitano, a veces toca la guitarra con mucha maña animando las francachelas de los payos ricos.
Cuando era una espigada gitanilla le hacía de bailaora. Celos incontables se había tragáo el menda viendo caer la baba a los crápulas que con ojos hambrientos recorrían su cuerpo de diosa. Le parecía que profanaban la pureza de sus senos, la firmeza de las ágiles pantorrillas.
No paró hasta llevársela y hacerla suya. 
Con la posesión continuada se le fue yendo el demonio del cuerpo. Aún le gustaba arrimarse al calor de sus carnes en invierno cuando el ardor con el frío se aviva, pero ya respiraba tranquilo porque solamente él la gozaba. 
El tiempo no pasa en balde y amortiguó su brillo. Er Tomá daba gracias al cielo. Si hubiera seguido siempre hermosa la hubiese  matado o perdido la vida en desazones.
Carmela ha engordado. Las preñeces dejaron huella en su cuerpo y ahora son sus hijas las que divierten a los señoritos en el café del Turco.
Jamás ninguno se atrevió a propasarse con ellas pues para eso va siempre de palmera, llevando el compás con un bastón de gran calibre que más parece garrota disuasoria. 
“A mis astillas ni rozarles el dobladillo”, golpea en morse.
Le dicen por bajini, temiendo su genio, “la Sota de bastos”.
Reblandecío como a los pulpos deja el tablao.
Dela Uvedoble 

*Este relato fue publicado en la revista “EL OBSERVADOR” el viernes 17 de enero de 2020. 

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