jueves, 30 de julio de 2020

PA LUEGO

PA LUEGO 
Llevo un lustro dando largas a pintar la estantería que ocupa un testero del cuarto donde discurre la vida familiar. Compré la pintura y la gasté en otros usos por no enfréntame al desalojo de tanta balda aunque me mortificaba verla oscurecida por los efluvios de la chimenea, el calor de la televisión y el roce, rechinando con el resto de paredes menos temibles.
Echándole valor adquirí otro par de latas, aunque al final la sedienta escayola se ha bebido casi cuatro, de esmalte ecológico, inodoro e inocuo. La primera vez que la pinté el olor me hizo echar las túrdigas.
Duración del tortuoso proceso:
-Sacar cachivaches y libros................... 2 días 
-Enmasillar, lijar y 1ª mano ..................  1 día 
-2ª mano ............................................... 1. “
-3ª mano y retoques..............................  1 “
Cinco ratos largos mejor dicho pues toda reforma en casa es adicional a las labores habituales. Y aún queda devolver las cosas, ahora en cajas amontonadas en el pasillo, a su lugar y de paso hacer purga.
La procrastinación, sin ese nombre tan largo, se ha ejercitado desde siempre con la esperanza de que pase algo que nos libre de la pejiguera.
Casi nunca se obra el milagro aunque algunos sigan pensando:  “mejor no hacer hoy lo que a otro pueda endilgar mañana”.
Y la casa sin barrer.
D. W.    (“Lo cotidiano”)


martes, 28 de julio de 2020

¡BUUÚ!

¡BUUÚ!
La ausencia de vacaciones este año me trae a la memoria otras  pasadas en Londres, con mis hijos aún pequeños.
Una mañana fuimos a la National Gallery recorriéndola con audioguías colgando del cuello. Acabábamos de embobarnos con la “Venus del espejo” cuando al pasar a otra sala, casi detrás del gran portón, los críos vieron un cuadro que les impactó más que ninguno.
Asomaba por el marco de un pequeño óleo del flamenco Quentin Massys el busto de una mujer anciana y simiesca. Ante los cuchicheos de los niños el conserje de sala se unió a ellos. Con gesto irónico se pasaba la mano por el rostro frunciendo los labios en el ademán universal que quiere decir “guapa”. 
Luego decía “¡buuuuú!”, y repetía esto con cada crio que se acercaba. Y había corrillo.
Parece que la dama existió realmente. Se llamó Margarete Maultasch, condesa del Tyrol, aunque ha pasado a la historia como “La duquesa fea”.
El por qué el pintor la inmortalizó como una caricatura con mala leche tiene varias teorías.
Se dice que quiso criticar a las mujeres mayores que aún visten como jovencitas ( fechado en 1513 la modelo luce ropa de un siglo atrás donde dejó su juventud), parece también que flirtea ya que el capullo rojo que porta en las deformes manos indica que busca marido. Así que muchos historiadores opinan que es una crítica a la vanidad y fugacidad de la belleza.
Otros aseguran que fue simplemente una ilustración para enriquecer  “El elogió de la locura” pues Erasmo y el pintor eran amigos, “...a las viejas que no se despegan de sus espejos, exhibiendo sus rechonchos pechos marchitos”.
Investigaciones médicas aseguran, gracias a la perfección de la pintura, que es testimonio de una deformidad en los huesos, una rara osteitis llamada “Mal de Paget”.
Existe una exacta sanguina de da Vinci titulada “Cabeza grotesca” ignorándose que autor tomó copia de cual, ya que el italiano sentía predilección por lo extravagante.
A los niños les llamó la atención que en 1865 inspirara a John Tenniel para darle rostro a un personaje de “Alícia en el país de las maravillas” de Lewis Carroll. 
Los genios se retroalimentan y el arte no necesita de la belleza para atraer.
Quiero pensar que nuestra protagonista nunca tuvo conciencia de su fealdad, por su posición debió crecer protegida de las burlas. Y con ánimo para arreglarse a pesar de los muchos dolores que le acarreaba la enfermedad. 
Sea como sea, quinientos años después de ser pintada, sigue perturbando.
D. W.    (“Viajando”)


sábado, 25 de julio de 2020

ARRAIGOS

ARRAIGOS
El placer es mío. Empieza en el vivero cuando transito los pasillos flanqueada por verde salpicado de colores, oliendo a petricor de manguera y eligiendo las plantas más hermosas.
En mi patio, minúsculo y particular, las riego para ablandar la tierra y enjuago los nuevos cascos de barro para desempolvarlos.
Las libero del mezquino plástico pasando por los bordes un cuchillo jubilado. La pella de tierra mancha mis manos rellenando las uñas de negro, vuelvo al origen con la humedad de la turba. 
Tapo el agujero del tiesto con un trozo de maceta rota para que el agua drene y no pudra e introduzco la plantita rellenando con tierra nueva alrededor, compactando tan suavemente como un bebé amasa el pecho del que mama.
Luego noto que estiran las raíces gustosamente como si hubieran cambiado tacones por zapatillas. Se beben ansiosas el agua que les doy y las dejó reposar de la intervención a la sombra.
Yo acabo churretosa y cansada. 
Llena. 
D. W.  (“Lo cotidiano”)


jueves, 23 de julio de 2020

VENENOSOS

 VENENOSOS 
Encabrona saber que en España, durante el último cuarto de siglo, casi 22.000 animales silvestres o salvajes han sido envenenados por ganaderos y cazadores sin escrúpulos.
Los primeros aduciendo que les matan reses, (por cierto, reciben compensación económica), los segundos porque dicen que acaban con “sus” piezas, y se quedan sin el desahogo de reventarlas a tiros. 
Lo hacen con la cobardía del veneno aunque caigan a la vez los carroñeros, indispensables en todo hábitat.
Osos, lobos, águilas... una larguísima lista de espléndidas criaturas masacradas al cumplir con su instinto de supervivencia por quienes no respetan la naturaleza. Insensibles a sí los cadáveres de sus víctimas emponzoñan al descomponerse acuíferos y pozos o cualquiera de sus perros come el veneno. Ya parirán las hembras que hay muchas preñadas. Así se escogen los mejores y los débiles al sol, para que se mueran.
Estos son los que adornan sus casas con los despojos que su dinero les licita matar, los que bautizan a sus hijos con sangre de jabalí y venado.
Si les llega el día que sus ojos, su vida, dependan de la guía de un perro que agradezcan que ellos no conozcan el rencor. 
El odio es mal sentimiento, lo sé, pero no tengo otro para con esos cobardes.
D. W.


martes, 21 de julio de 2020

TORMENTA

TORMENTA
¡Broommmm, brommmm! el tropel empieza lejano, casi inaudible. Apenas creíble.
La segunda vez se oye más cerca, la tercera ya está encima. Se acortan los tiempos entre truenos indicando la llegada de la tormenta.
Gatos y perros aprensivos se esconden bajo la cama y yo dentro de mi misma, contado los intervalos como si fueran dolores de parto. No me da miedo si no hay viento, sé que se trata de un niño grande al que le gusta hacer rodar una rueda de carro por los tejados. 
Eso me contaban aunque nunca lo vi así pegara la nariz a los cristales del balcón intentándolo.
Cambié miedo por curiosidad.
Y habrá quien diga que los cuentos son simples. 
D. W. 


domingo, 19 de julio de 2020

A GRANDES MALES...

A GRANDES MALES...
La situación llegó al punto de no retorno. Era insoportable trasegar los decibelios que parían los del otro lado del muro, invadiendo la intimidad, retorciendo los nervios hasta reventarlos como el filamento de una bombilla incandescente. 
A esto se unió el concierto de verano celebrado en una pista de patinaje cercana. Los solos de guitarra podían perdonarse pero en cuanto aulló el cantante empezó a cagarse en el jevymetal y sus pelambreras. 
Añadiendo al cóctel calor, pandemia e insomnio la barbaridad se escribió sola.
Envuelto en el tumulto sonoro apenas se oyeron los crujidos de los blísteres y eso que no fueron dos ni veintidós los confetis dispensados. Varias cervezas y tres vodkas de avión hicieron falta para empujarlos por el gaznate, alguno se pegó al paladar de ahí el abundante bebercio.
Fue la borrachera la que le chivó que si cortaba un blíster al bies se volvía afilado como bisturí. Le dio escalofríos y risa.
El despertar fue raro, de silencio espeso y boca seca . Al desperezarse notó costras en el lugar donde debían estar las orejas y a estas unidas consanguíneamente a la almohada. 
Nada grave que una media melena no pudiera ocultar ni el aprendizaje de lectura de labios remediar.  
Ensartó los pabellones auditivos con hilo de pescar y los colgó en la cancela del vecino. El malaje lo denunció por amenazas con vudú.
Encima.
D. W.   



jueves, 16 de julio de 2020

UN DETALLE

UN DETALLE    (A 16 de julio de 2020)
En octubre de 1869 se puso en circulación la primera tarjeta postal. Su creador, un maestro austriaco, la concibió para mandar a lo largo del mundo mensajes cortos que no requirieran de privacidad de forma que las personas estuviesen más conectadas por menor coste.
Alcanzó enseguida popularidad manteniéndose esta costumbre hasta los primeros ochenta del pasado siglo.
Hoy son cosas de nostálgicos que rebuscamos en los mercados de pulgas o las compramos como souvenir fácil de guardar.
En los tiempos en los que no existían tiendas on line de regalos inútiles y baratitos ni dinero para comprarlos mandar una postal como felicitación era la exquisita alternativa. Al dorso se escribía con letra lo más elegante posible, si hacía falta retorciendo y mordiéndose la lengua para lograrlo, frases tales:
“Por ser la primera postal que de mis manos recibes, 
guárdala con cariño para que nunca me olvides”.
No importaba que la homenajeada viviera cerca, se le entregaba en mano junto a dos besos y se quedaba como Dios por una peseta. Las postales se dejaban en una bandejita unos días para recrearse en la cantidad de amistades cumplidoras y después se guardaban en álbumes o cajitas primorosas.
Eran un regalo precioso.
Con esta foto de un original de 1960 felicito hoy a todas las Cármenes y a los Carmelos deseándoles “en su onomástica muchas felicidades de esta que lo es, su amiga”
Dela 
P. D. “Ya nos podemos bañar en el mar que hoy bendicen las aguas”


MAMÁ DELA

    MAMÁ DELA Mis brazos habían olvidado el contorno de un recién nacido, pero fue rodear a mi nieto y la memoria recuperó la medida exact...