sábado, 25 de julio de 2020

ARRAIGOS

ARRAIGOS
El placer es mío. Empieza en el vivero cuando transito los pasillos flanqueada por verde salpicado de colores, oliendo a petricor de manguera y eligiendo las plantas más hermosas.
En mi patio, minúsculo y particular, las riego para ablandar la tierra y enjuago los nuevos cascos de barro para desempolvarlos.
Las libero del mezquino plástico pasando por los bordes un cuchillo jubilado. La pella de tierra mancha mis manos rellenando las uñas de negro, vuelvo al origen con la humedad de la turba. 
Tapo el agujero del tiesto con un trozo de maceta rota para que el agua drene y no pudra e introduzco la plantita rellenando con tierra nueva alrededor, compactando tan suavemente como un bebé amasa el pecho del que mama.
Luego noto que estiran las raíces gustosamente como si hubieran cambiado tacones por zapatillas. Se beben ansiosas el agua que les doy y las dejó reposar de la intervención a la sombra.
Yo acabo churretosa y cansada. 
Llena. 
D. W.  (“Lo cotidiano”)


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