martes, 28 de julio de 2020

¡BUUÚ!

¡BUUÚ!
La ausencia de vacaciones este año me trae a la memoria otras  pasadas en Londres, con mis hijos aún pequeños.
Una mañana fuimos a la National Gallery recorriéndola con audioguías colgando del cuello. Acabábamos de embobarnos con la “Venus del espejo” cuando al pasar a otra sala, casi detrás del gran portón, los críos vieron un cuadro que les impactó más que ninguno.
Asomaba por el marco de un pequeño óleo del flamenco Quentin Massys el busto de una mujer anciana y simiesca. Ante los cuchicheos de los niños el conserje de sala se unió a ellos. Con gesto irónico se pasaba la mano por el rostro frunciendo los labios en el ademán universal que quiere decir “guapa”. 
Luego decía “¡buuuuú!”, y repetía esto con cada crio que se acercaba. Y había corrillo.
Parece que la dama existió realmente. Se llamó Margarete Maultasch, condesa del Tyrol, aunque ha pasado a la historia como “La duquesa fea”.
El por qué el pintor la inmortalizó como una caricatura con mala leche tiene varias teorías.
Se dice que quiso criticar a las mujeres mayores que aún visten como jovencitas ( fechado en 1513 la modelo luce ropa de un siglo atrás donde dejó su juventud), parece también que flirtea ya que el capullo rojo que porta en las deformes manos indica que busca marido. Así que muchos historiadores opinan que es una crítica a la vanidad y fugacidad de la belleza.
Otros aseguran que fue simplemente una ilustración para enriquecer  “El elogió de la locura” pues Erasmo y el pintor eran amigos, “...a las viejas que no se despegan de sus espejos, exhibiendo sus rechonchos pechos marchitos”.
Investigaciones médicas aseguran, gracias a la perfección de la pintura, que es testimonio de una deformidad en los huesos, una rara osteitis llamada “Mal de Paget”.
Existe una exacta sanguina de da Vinci titulada “Cabeza grotesca” ignorándose que autor tomó copia de cual, ya que el italiano sentía predilección por lo extravagante.
A los niños les llamó la atención que en 1865 inspirara a John Tenniel para darle rostro a un personaje de “Alícia en el país de las maravillas” de Lewis Carroll. 
Los genios se retroalimentan y el arte no necesita de la belleza para atraer.
Quiero pensar que nuestra protagonista nunca tuvo conciencia de su fealdad, por su posición debió crecer protegida de las burlas. Y con ánimo para arreglarse a pesar de los muchos dolores que le acarreaba la enfermedad. 
Sea como sea, quinientos años después de ser pintada, sigue perturbando.
D. W.    (“Viajando”)


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