sábado, 13 de junio de 2020

CALORES

CALORES    (1973)
Se llegó Marujita toda compungida a la Parroquia para fijar con el cura fecha para la misa aniversario de su difunto. No fuera a creer nadie que le faltó al muerto.
La sobrina del párroco le indicó que para hablar con él debería esperar a que terminara la novena de las seis.
Tragóse Marujita las letanías acabando chorreandito de sudor pues el almanaque decía que era agosto, los ventiladores apontocáos en unas pocas columnas no hacían más que masticar el aire escupiéndolo incandescente.
Milagro fue que a nadie le diera un tabardillo.
—¿Se puede?, - preguntó la viuda tímidamente.
—Entra con Dios, hija, - fue la piadosa respuesta.
La sobrina ayudaba al tío a quitarse la vestidura talar bajo la cual apareció la de ciudadano de a pie aunque con alzacuellos; sudaba más que un pollo mientras ella regañaba:
—Si me hiciera caso... estaría más fresco sin ropa bajo el alba.
—¡Por Dios, que barbaridades dices Serafina, no pareces educada cristianamente!, ¿como voy a ir en calzones?.
—Con bañador tito, hasta Cristo se refrescaba en el Tiberiades solo con la túnica que le tejió su santísima Madre, iría usted igualito que el Cautivo.
La Maru, aunque viuda y doliente, salió de allí muerta de risa, no tenía el sacerdote el tipo fino de la imagen y se le representó como el Gordo del cine mudo en albornoz.
Rezó un Padrenuestro de autopenitencia por la visión pecadora pero jamas pudo volver a mirar a don Damián sin imaginarlo en turbito.
La noticia de que una enfermera rusa vistió el mono de protección sobre un bikini para no pasar calor me inspira esta, más vale sanción que sudar a mares, lo sabe Marujita que se coció con medias gordas durante tres quinquenios de duelo.
“¡Ande yo fresca...aunque me llamen ídem!”
D. W
*Este relato fue publicado por la revista “El Observador” el viernes 12 de junio de 2020.


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