martes, 31 de diciembre de 2019

CÍRCULOS

CÍRCULOS 
Volver a los diecisiete
después de vivir un siglo 
es como descifrar signos
sin ser sabio competente...”
Los versos de Violeta se desgranaban en la casete una y otra vez con la voz de Rosa. A esa edad se coreaban por ser hermosos.  
En la madurez se perciben luminosos y proféticos.
Mayoría de edad, primera Nochevieja tan nueva como la libertad novata. 
A estrenar perfume, tacones y el primigenio amanecer fuera de casa, reflejado en el mar. Una cenicienta libre de encantamiento, con permiso para trasnochar. 
Iniciáticos amores, libaciones de champán en la cena inexcusable de cotillón incluido. Ni esperar a tomar las uvas, pasar de un año a otro haciendo el amor, con la sorpresa de tocar otro cuerpo en la misma cama extraña.
Desayunar chocolate y churros para cuatro entre dos, hambrientos una vez satisfechos, limpiándose los labios mutuamente a besos.
El flujo de la vida sigue. Siempre habrá quien tenga diecisiete nocheviejas y empiece a contarlas hoy. 
La vida es una anguila escurridiza que se muerde la cola.
D. W. 

lunes, 30 de diciembre de 2019

ALUMBRA QUE ALGO QUEDA 1970

  ALUMBRA QUE ALGO QUEDA  (1970)
Aunque árbol y Nacimiento llevaban dos semanas puestos Manolo no había conseguido aún solucionar la iluminación..
La obra la firmaban parienta y suegra encabezonás en dejar la casa como el extra de Navidad de ”EL MUEBLE”.
Las formalidades técnicas (léase poner las luces) se la dejaron al hombre de la casa que de eso no tenía ni puñetera idea.
Trajinaba con los cables cada noche mientras la familia veía “Pasaporte a Dublin” pero no daba pie con bola.
—¡Que hoy suben loh vesino a vé lah campaná!, -apremiaba la parienta.
Con panorama de dos teles en tol barrio.
El Manolo se afanaba en el trabajo del parto mientras sus hijos, que eran muy chicos, lo miraban expectantes. 
—Veréi que bonito, papá va a encendé, 3...2...1... ¡PUM!.
Humarea negra y apagón general en toda la finca. Hubo que abrir el balcón a pesar de la rasca.
Los críos lloraban, la mujer piaba “¿Cas jecho, Manolito?”, buscando a tientas una vela mientras la vecindad en pleno subía las escaleras dispuesta a lincharlo. 
—Un lestrisista hace farta, pero ¿ahonde buhcamo a esta hora?.
La suegra metió baza.
—¡Er Marcelino!, cusha,...  lestrisista no é pero entiende un rato de lú.
El Marce siempre estaba en el bar faltándole dos dedos para rebosar de solysombras.
Aún así lo llevaron al lugar del siniestro. 
Después de hurgar entre ovejas, montes de corcho y espumillón dejando Belen y abeto como si los hubiera hecho Picasso se puso frente a los contadores tambaleándose.
No se sabe como pero la Luz se hizo. 
—Darme argo pa selebralo, ¿no?, que estoy sequito, - decía ufano. 
Se fue con dos botellas del “El gaitero” bajo los sobacos rehusando cobrar un favor entre vecinos porque no era lestricista. 
Por fin pudieron cenar el besugo, que se queda frío mientras se batalla para desespinarlo, pero como es tradición se aguanta una. 
Al poco la casa se llena de gente, el tinglao sigue tan oscuro como los cojones del Lele pero la tele anda que es lo principal.
El incendiario se atraganta más con las puyas que con las uvas. 
Bien está lo que bien acaba.
D. W. 
*¡Por un luminoso 2.020! 🥂🍾!

domingo, 29 de diciembre de 2019

LA BOLSA DE LA VIDA

 LA BOLSA DE LA VIDA
Último domingo del año. Nos quedan dos almendras y otra en la boca, esperemos que ninguna sea amarga.
La mañana del uno de enero nos rellenan el depósito.
Trescientos sesenta y cinco frutos, este año uno más, para  alimentar la vida a unidad por jornada.
Vienen revueltos, de manera que no sabes si te llevas a la boca una pipa o un piñón hasta que no lo muerdes.
Se tragan como en el cine, sin saborearlos.
No se pueden mascar a puñados, volver a meter el que salió ni saber cuántos quedan aunque deseemos que las suficientes para que coincidan con el calendario en uso.
Este año tiene eco, 20 20 así que reflejará sus disposiciones en cualquier obstáculo y volverá, regalándonos segundas oportunidades. Esperanza da creerlo.
O pareceremos tartamudos como la pobre ninfa causando mofa a Narciso, al que dieron morcilla pues pagó cara su altivez.
Ahí precisamente está el misterio, en la ignorancia supina de lo que nos va a acontecer.
Mortales somos y por ende frágiles, ni al más poderoso se le asegura que la bolsa esté llena y el contenido perfecto.
Cada cual con lo que reciba que haga lo que quiera.
O lo que le dejen.
D. W. 




sábado, 28 de diciembre de 2019

BROMISTAS

BROMISTAS
Medio año lleva trabajando en esa oficina tan vanguardista transplantada en la mejor zona de la ciudad. 
Nació con algo más y eso tratándose de un cromosoma han convenido que es malo. Down le llaman aunque muchos aún dicen subnormalidad.
Ella cree que está mal dicho, si la cuestión es que les sobra debería ser supernormalidad. 
Gracias a convenios de integración había conseguido el puesto. Aunque estudió magisterio su tarea consistía en traer cafés, repartir paquetería y cuidar que todos entregaran sus informes a tiempo y debidamente cumplimentados.
La jefa decía que sin ella la oficina sería un caos.
Cierto es que los compañeros le gastaban bromitas, “míra que faldita trae la niña”, “¿ligas solo con downs?”, ¿Vienes solita al curro?” pero estaba segura que sin maldad incluso lo de aquel domingo cuando la emplazaron de madrugada para un trabajo especial.
El moderno edificio iluminado por dentro exhalaba vahos de luz. A las cinco de una mañana invernal solo se presentó el frío para  agrietarle los labios.
Estuvo allí, sentada en los escalones tres horas hasta que se le ocurrió llamar a la jefa.
_”¡Cabronazos!”, oyó al otro lado del móvil y un suspiro, “toma un taxi y vete a casa yo lo pago, te han gastado una broma cariño pero ya nos encargaremos”.
Desde un coche la espiaron. Venían fumaos de la discoteca y se partieron de risa viendo a la tonta allí aterida.
Una semana estuvo de baja con gripazo. 
_”Eso es por dormir con el culo al aire downsita” le dijeron.
Ella fue la encargada de entregar las cestas de navidad. 
“Debe haber mmm constancia de que la habéis recibido, me ha dicho la supervisora que tenéis que firmar el mmmm recibo”.
Los brindis de la cena anual eran propios para discursos. La jefa agradeció la asistencia y sobre todo “la enorme generosidad manifestada al renunciar a la paga extra en favor de la asociación ”Más no es menos”.
El estupor disipó los vapores del vino.
_”Lo hicisteis constar al firmar el recibí de la cesta. Nuestra compañera es la escogida para recoger el cheque”.
Sobrada por su trisomía subió al estrado.
_”Gracias mmmm compañeros, vuestro gesto ha vuelto mmm a  dejarme helada”. 
D. W. 

viernes, 27 de diciembre de 2019

INOCENTES

INOCENTES
Todos los años la víspera del 28 de diciembre mi abuela nos hacía la misma advertencia: “mañana é er día loh tonto, ¡no ó fieí de ná de lo que ó digan!.”
Jugaba yo a recortar muñecos de papel y pegarlos en las espaldas de mis mayores, fingiendo estos que no se daban  cuenta para después de un rato simular sorpresa: “¡Anda, como mas engañaó!”. Yo me reía creyéndome avispada.
Hoy los adultos seguimos haciéndonos los lilas. 
Nos dicen que debemos beber al día tres litros de agua embotellada y ahí vamos, llenando los bolsillos del listo comprándole continentes de plástico.
El agua es derecho de toda criatura, aún así se las apañan para que paguemos por ella y enguachinnarnos sin necesidad.
Inocentes.
Las apuestas de azar son publicitadas como ligero entretenimiento por próceres recauchutados, parásitos de esta  sociedad acojonante al grito de “juega para ser rico y feliz”. 
Pronto la realidad muestra que producen perdedores y enfermos, los únicos agraciados son los que nos manejan. Lo hacen tan atractivamente creíble que entra sin vaselina.
Inocentes.
No se me olvida el nacimiento napolitano del Bellas Artes de San Fernando en Madrid. Una escena recrea descarnadamente la matanza de niños ordenada por Herodes. Las figuras son excepcionales pero no pude mirarlas más de un minuto.
Los rostros desencajados de las madres, el sadismo de los asesinos y la estupefacción de los infantes que pasaban de los pechos protectores a la sangrienta espada fueron demasiado para mí.
Es mejor no mirar lo que incomoda.
Hacerse la tonta para no ayudar ni pringarse.
Tragarse lo que otros mastican para no desgastarse los dientes.
Conviene, a sabiendas, mantenerse inocente.
D. W. 


jueves, 26 de diciembre de 2019

CIFRAS Y LETRAS GORDAS

CIFRAS Y LETRAS GORDAS  (1985)
“Mire usté señorita, de ninguna manera consiento que eso siga ahí. Me tapa la vista solutamente. Compré este piso porque domina toa la avenida y ahora con el letrero que han colocao SIN MI PERMISO, me veo privá de ver a mi hija ende que sale del coleio hasta que cruza pa cá. Como no lo quite la denuncio”.
La empleada del despacho de lotería se tragaba la perorata  mientras la niña que acompañaba a la quejosa hacía lo propio con una descomunal rebanada de pan con manteca colorá.
“Imposible no ver a esta criatura con ese volumen” pensaba.
“Lleva usted razón” dijo conciliadora “se lo diré a mi jefa. El caso es que preguntaron al portero y dijo que si”.
El mentado había asegurado a los instaladores que “no había  problema”, como se ve sin consultar a la vecina Vigía . 
La dueña mandó quitarlo encontrándose la empresa de marras   cerrada hasta después de Navidad.
Contrató a unos manitas que lo bajaron pero la cuestión era donde dejarlo. Lo entraron en el despacho y a lo largo no cabía, de pie podía resbalar y desgraciar a alguien.
Terminó atravesado de manera que los “ludopáticos” debían acceder a ventanilla saltándolo. 
Lo peor era que la administración, recién abierta, pasaba desapercibida sin luces, disuelta en la inmensidad del descampado con bloques a medio levantar.
Eso sí, con tres bares.
El luminoso, apagado y tendido, parecía un sarcófago. Más de dos metros abatidos por una niña glotona y su mamá. 
No hay enemigo pequeño.
La jefa achuchaba, “¡Tienes que vender como sea!”, menguando  su sueldo a propina.
Solo compraron el portero, los que hacían barra y su familia por ayudarla en el trance. 
Fortuna es caprichosa y allí cagó el primer premio.
La  foto del periódico no le hacía justicia, aplanados sus rasgos por el flashazo pero se veía perfectamente el cartel:
                                        EL GORDO 
                                     VENDIDO AQUÍ 
Se largó la lotera subalterna fundando una papelería con sección de libros y cuentos, saltando de la pecera a un océano alfabético cual sirena de dos piernas.
Encargó un letrero medido exactamente a la fachada y llamó a su tienda “LA VIGÍA”, por supuesto. 
Dela Uvedoble

*Este relato fue publicado por la revista “EL OBSERVADOR” el 20 de diciembre de 2019. 

sábado, 21 de diciembre de 2019

ODA AL CALDO

ODA AL CALDO 
No bien acaban de empezar a helárseme los pies sé que ha entrado el tiempo de poner puchero.
Además religiosamente, cada semana. Nada más reconfortante en los días invernales.
Yo lo tomo en cuenco, así me calienta estómago y manos a la vez. Me procura casi el mismo trabajo que un parto el joío pero después, como los hijos, abundantes satisfacciones.
Una mañana paso cortando la encendida zanahoria, el humilde nabo, la rotunda papa, el perfumado apio, la ingenua judía verde, el cilíndrico puerro y la brava cebolla. 
Bien lavadas y cocidas a fuego lento como hacía mi abuela tengo resueltas las cenas de varios días.
La blanca habichuela y el orondo garbanzo lo llenan de proteínas. Pocos platos más completos.
No me canso, que no. Con sopas, tostones fritos, pasta o simplemente bebío.
Y si la hierbabuena lo aromatiza mejor. 
Si quiero caldo, si. 
Y el puchero a mi cabecera. 
D. W. 

MAMÁ DELA

    MAMÁ DELA Mis brazos habían olvidado el contorno de un recién nacido, pero fue rodear a mi nieto y la memoria recuperó la medida exact...