CÍRCULOS
“Volver a los diecisiete
después de vivir un siglo
es como descifrar signos
sin ser sabio competente...”
Los versos de Violeta se desgranaban en la casete una y otra vez con la voz de Rosa. A esa edad se coreaban por ser hermosos.
En la madurez se perciben luminosos y proféticos.
Mayoría de edad, primera Nochevieja tan nueva como la libertad novata.
A estrenar perfume, tacones y el primigenio amanecer fuera de casa, reflejado en el mar. Una cenicienta libre de encantamiento, con permiso para trasnochar.
Iniciáticos amores, libaciones de champán en la cena inexcusable de cotillón incluido. Ni esperar a tomar las uvas, pasar de un año a otro haciendo el amor, con la sorpresa de tocar otro cuerpo en la misma cama extraña.
Desayunar chocolate y churros para cuatro entre dos, hambrientos una vez satisfechos, limpiándose los labios mutuamente a besos.
El flujo de la vida sigue. Siempre habrá quien tenga diecisiete nocheviejas y empiece a contarlas hoy.
La vida es una anguila escurridiza que se muerde la cola.
D. W.






