jueves, 8 de septiembre de 2022

PAUSA-DELETE-REINICIO

 PAUSA-DELETE-REINICIO 

 

Seis de la mañana del nueve de septiembre del año veintidós. Amanezco en mi casa, sobre las sábanas azulonas, suaves casi de seda por viejas y mil lavados, tan distintas de las crujientes del hotel en el que he pasado las vacaciones. Se impone la rutina, una de mis palabras queridas porque me aporta seguridad. 

He traído del viaje multitud de papeles llenos de notas; al contrario que los escritores serios que utilizan moleskines o cuadernos de buen papel para apuntar sus ideas yo lo hago, desde hace más de tres décadas, aprovechando (reciclando se dice ahora) el envés de los folios de propaganda o facturas viejas. Una vergüenza sí, como lo de gustarme las sábanas sobadas por la edad, las galletas manidas y los seres imperfectos.

De niña odiaba septiembre porque el colegio me aterraba. Después, por esas casualidades de la vida, fijé la fecha de mi boda en este mes y se me volvió amable. Treinta y cinco años, bodas de coral, celebramos este, procurándonos unos días para nosotros. Son necesarias las pausas, tanto que si una no las hace es el propio cuerpo quien pulsa el off dejándonos fuera de juego. También es recomendable borrar /tirar lo que lastre sin aportar, y esto vale para la escritura, el orden doméstico y el del alma. No importa escribir torcido, errar, pasarse de lista si después se corrige y pone en limpio.

Julio y agosto han sido infernales en doble acepción, aunque les he ganado el pulso arrancando horas para leer y garabatear bocetos para mis “Relatos Torpes”. Llega el otoño trayendo nuevos cursos, retos que mi profesora María Alcantarilla del Laboratorio de escritura de Cádiz me pone, sacando de mí recursos y habilidades desconocidas. Tengo también la promesa de un encuentro en Madrid con varios colegas del libro de cuentos que nos prologó Rosa Montero. No voy a la capital desde antes de la puñetera covid y ansío re-embrujarme por el Prado. Pondré también mi pizca de activismo Animalista. Los hados han trabado las fechas con buen tino y sobre el lomo del Ave se llega en dos horas en las que espero que el “vagón del silencio” haga honor a su nombre y me permita escribir mientras tras la ventana corre el mundo.

Si en semanas venideras os falto algún viernes a la cita, perdonadme, será solo porque me estoy actualizando para rendir más y mejor. 

Empieza el “año nuevo” a la de tres… dos… uno…

D. W




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