domingo, 3 de mayo de 2020

EL PASILLO

EL PASILLO
El trocito de cartulina brillante apareció en un álbum pequeñito, de los que solían regalar como propaganda los laboratorios fotográficos.
Una niña de dos años avanza por un corredor asiendo una muñeca. Su madre, detrás y con sonrisa inmensa, abre los brazos como dejándola ir o acaso esperándola. 
No recuerdo ese preciso instante sin embargo tengo memoria del todo. El monigote de trapo vestía un traje de asturiana rojo ribeteado en negro. Estaba deslucido ya en aquel entonces probablemente la heredé así con su ruda suavidad. Al contrario de los demás críos siempre odié los peluches; me parecían jirones de animal muerto.
Puedo describir la textura de la ropa de mi madre como si la estuviera tocando, la falda blanca no era de tela lisa, tenía un plisado menudo a modo de celdillas, lo sé porque cuando abrazaba sus rodillas seguía los dibujos con el dedo.
El suéter tiraba a turquesa combinando con los pendientes que solía llevar entonces y que me encantaban.
Ayer vi en la foto la metáfora de mi vida, de cualquier vida. Avanzar por un largo corredor equilibrando el cuerpo para no caer, alejándonos de un inicio al que es imposible retornar.
Las macetas en las ventanas, la ropa puesta a secar en los altos alambres tendidos sobre el patio llenaban el pasillo de olor a tierra regada y jabón verde. 
Ella desprendía aroma a Tabú, Promesa o Simpatía.
La primera infancia huele a mamá.
D. W.    (3 MY 2020). 


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