domingo, 23 de febrero de 2020

MORADO Y CARNAL

 MORADO Y CARNAL  (1932)
_”Mascaritas, ¿que lleváis en la cestita?”.
Los niños Pera se metían con dos bonitisimas muchachas ataviadas con delantal ceñido y cofia de blonda, rodeados los hermosos ojos por un antifaz.
Los labios risueños no se achantaban, “Esta vacía... ¿no ven ostedes que vamo por mandaos?”
_”¿Y a como está el conejo?”,  pinchaban los guasones.
_”A ese lo llevamos aquí “, dijeron levantándose un poco las faldas, “¿no veí loh bigote?!”
La gente celebró la salida desvergonzada de las mozuelas que tomaron el camino hacia el Casino Perchel. Ellos las siguieron hasta la misma puerta pero desistieron al enguipar los tipos que pululaban dentro, fieros mozos de presta faca.
Aún así se atrevieron a gritarles:
_”¡Niñas, si queréis pollo nos dejamo desplumá!”.
Risotadas y miradas oscuras les subieron los cataplines al pescuezo pero remontaron el ánimo diluyéndose en la jarana que envolvía la ciudad.
El Círculo Mercantil era su hábitat pese a que pensaban sin decirlo que a las criaditas percheleras les sobraba el salero que faltaba a las niñas bien.
Ya las tenían muy vistas a pesar de que cada año sus disfraces opacaban al del anterior en competición sibilina entre ellas mismas, exhibiéndose en el teatro Cervantes durante el Baile de la Prensa.
Decir tiene que en esos días se desataban un poco y el aluvión de gente favorecía el acercamiento. El derrocamiento del corsé permitía que el roce fuera más suculento sin su coraza de por medio. No llegaba la sangre al rio porque el entusiasmo se  apagaba con un “no me aprietes más, Vicente, que me arrugas los tules” o el más temido, “Mamá vigila” que enfriaba al más bragado. 
Los señores, envalentonados con champán, decidieron volver a por las doncellitas. Se pertrecharon para la conquista con sendos pomitos de claveles, guardaron las corbatas, se alborotaron el pelo y dejaron los sombreros en el guardarropa.
Hallaron en su apogeo el casino del barrio, relumbrando las dos castizas rodeadas de babosos. 
_”Os conviámo a gaseosa” fue el rompehielos.
_”Se acepta”,
_”Prendeos estos ramilletes para que se chuchurran de envidia, diosas”. 
_”¡Valiente con loh pollo, que pico gastan!”
_”¿Nos habéis reconocido?”
_“No ha nacío quien se la pegue a lah perchelerah”, sonrieron picaronas.
Marcharon los cuatro perdiéndose entre bullicio y coplillas con retranca.
Juventud y libertad no entienden de clases.
 D. W. 
*Relato publicado por la revista “El Observador” el viernes 21 de febrero de 2020. 

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