jueves, 10 de noviembre de 2022

GENEROSIDAD

 GENEROSIDAD 

Extraños algoritmos hacen que las personas que menos tienen sean las que den más. Hoy quiero hablarles de mi amiga María y a través de ella, de todos los humanos capaces de compartir su pan con bocas hambrientas.

Desafiando a los elementos, a los vecindones, al mal cuerpo. Estirando el desempleo, haciendo trueque de sus cosas por latas y pienso, María acude cada madrugada a alimentar más de cien gatos. En enero se le acaba la prestación y no encuentra trabajo estable. Creo que los malditos algoritmos también hacen que quienes más lo necesitan, menos reciban. 

Cuando leí su publicación, que es desahogo además de llamada de ayuda, me senté y le escribí uno de mis torpes poemas, deseándole con todas mis fuerzas que su situación mejore y que el dios de Spinoza permita que le toque el gordo de la lotería.

 

 

 GENEROSIDAD 

Tres tomates cuestan

dos euros cuarenta y cinco.

Si le doy dos monedas grandes al frutero me devolvería 

una pequeña:

cinco céntimos sobados, con mal color.

Los tomates huelen a tomate,

seguro que sabrán a rico tomate,

pero mi monedero enfermó de raquitismo burocrático

con suscripción a la pasta a secas,

senza pomodoro.

Le enseño de lejos la aceitera 

a la coliflor cocida y alegrada con zanahorias 

bajadas de precio por próxima caducidad.

Sin embargo, 

compré en el súper doce kilos de pienso,

y veinte latitas.

Los que maúllan de hambre en las calles, me esperan para comer.

D. W



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