sábado, 17 de octubre de 2020

HASTA EL NABO

 HASTA EL NABO

Van ya [(n) elevada a la enésima potencia] las amigas que me cuentan recibir por Messenger fotografías o vídeos protagonizados por pitos que no conocen, al menos bíblicamente. Y no son mujeres de las que, como se decía antes, tienen perfiles donde “van pidiendo guerra”, parece que algunos “onvres” disfrutan invadiendo la intimidad. 

Contaré algo que me paso a mi y no es más que una anécdota light de lo que nos sucede docenas de veces en la vida a toda mujer, seamos joven, madura, lesbiana o trans.

Yo tenía veinte años y trabajaba tras un mostrador, era mediodía, casi hora de cerrar. Entró un joven y empezó a curiosear. Me dio las buenas tardes, se acercó y me dijo educadamente: “¿me puedes aclarar una duda?”,“claro”, respondí sonriendo.

Dando un salto hacia atrás se bajo los pantalones y señalándome “lo suyo” me gritó: “¡¿que te parece esto?!”, y salió corriendo.

Cerré, refugiándome en la trastienda llorando, sintiéndome tan vulnerable como perro abandonado en autopista. Solo lo conté a una compañera y me soltó: “normal, como vas vestida “así”’... la culpa, por tanto, fue mía y no del impresentable.

Años después yo aconsejaba a mi hija cruzar de acera si veía un grupo de tíos, hacer oídos sordos a los comentarios, no volver tarde, no, no, no...”¡NO!, -me dijo ella-  la calle es de todos, son ellos los que deben aprender a respetarnos. Si nosotras rehuimos el problema les otorgamos el poder, aprovechando nuestro miedo y sentimiento de culpa”. Y entonces vi, como dice el salmo.

Desgraciadamente hay mujeres “decentes” que defienden a “los pobres esclavos de sus hormonas que las calientapollas sublevan, que se aguanten si las tratan como a putas”.

A las pruebas me remito que no es así.

Estos cobardes exhibicionistas se escudan tras perfiles falsos para entrar en nuestras casas, soliviantarnos y hacernos sentir menos que nada pero no tienen los güevos de los que presumen. Muchos no pretenden ligar sino humillarnos.

No les demos el gusto, riámonos fieramente de sus colgajos.

Nosotras decidimos que portañica abrir, cuando y donde; valoramos el género en conjunto no por un pespunte en concreto.

El rabo no hace al hombre.

D. W 



2 comentarios:

  1. Totalmente de acuerdo, muchas mujeres hemos pasado por algo parecido cuando niñas o adolescente y genera mucho miedo y vergüenza, sobre todo porque implícita o explícitamente está la famosa teoría de que lo provocamos nosotras...
    Un hombre es desde luego mucho más que un pito, pero algunos no lo saben

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