lunes, 26 de octubre de 2020

CUESTIÓN DE CAPACIDAD

 CUESTIÓN DE CAPACIDAD

Hay dos cosas que a la mayoría de las féminas nos cuesta un quebradero de cabeza encontrar a plena satisfacción: bolso y sujetadores.

Encontrar el primero es más liviano porque no hay que desnudarse para comprobar su idoneidad. No debe pesar, ser muy grande ni muy chico. Que vaya bien con todo, que sus asas sean benignas. Aparente pero asequible, con bolsillos y departamentos suficientes. Indeformable aunque metas la chaqueta con la percha dentro y de material piadoso, por eso de no pasear al hombro los despojos de un inocente.

La búsqueda del sostén es un incordio. Hay que probarse una prenda que se abrocha por detrás y cuya talla se rige por letras y números como el álgebra, entrando al probador cargadas con ristras de ellos.

Las mujeres mastectomizadas viven un calvario adicional, deben ir a ortopedias donde la oferta es limitada y sosa, o comprar prótesis y acomodarlas en uno que no acabe enrollándose como un foulard. 

Una joven diseñadora ha creado un sujetador con una sola copa, el efecto es asimétrico como la nueva silueta a la que quieren acostumbrarse y no ocultar. Lo ha llamado “LOLA”, otro nombre que designa a las domingas pero en singular. 

Los pechos tienen vida propia, su volumen y forma varían dentro de un mismo mes y brutalmente durante y después de preñez  lactancia. Tras la menopausia es cuando su dueña por fin los conoce, la teta è mobile y ningún sostén perfecto. El que sale cómodo se usa hasta acabar en harapos mientras tres docenas se ríen en el cajón. Poseyendo los senos músculos que sucumben a la tozuda gravedad es derroche tanta munición. 

No hay pecho caído sino vivido.

Ambos, sostén y bolso, acaban siendo cuestión de capacidad.

A pesar de ser lo femenino inabarcable.

D. W


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