domingo, 20 de septiembre de 2020

¡A GALOPE, A GALOPE!

 ¡A GALOPE, A GALOPE!

Iba para la feria agarradita de la mano de su padre; su hermano aupado en brazos pues era un cachorrón rubio que a los dos años aún no andaba ni apenas sabía hablar .

La primera palabra que dijo fue “puta”, causando gran risotada a sus mayores, “¿donde lo habrá aprendido?” decían, viviendo en un corralón.

El niño tomó por costumbre entonar cantinelas encadenando palabrotas “putacoño  putacooooñooo”... Causando embeleso a los compadres, “que grasia tiene el machote”, jaleaban.

A la niña la amenazaban con pimiento chile si las decía. “Es que tú eres grande, él es chico y no entiende”. 

La que no entendía era ella.

Ya en el Real le faltó tiempo al hombre para comprar algodón dulce y helados de máquina, de esos que la crema sale rizada. También se regalaron con bocadillos de pinchitos y media tableta de turrón.

La niña le recordó la advertencia materna de no comer chucherias porque el delfín andaba flojo de muelle pero no le echó cuentas.

— Mamá está shalá, lo que se come con gana no daña.

Ella probó sólo un poquito por sí acaso.

Llegaron al tiovivo y el mamoncillo brincaba, señalando la atracción con el dedo y chamullando “puuutaaacooñooo”, que era su manera de pedir montarse.

La chiquilla llevaba un rato oliendo a descompuesto y lo avisó.

—Papá, mira a vé si el niño se ha ensuciáo.

—Eso ya lo hará mamá cuando lleguemo a la casa, - él no pensaba hurgar tan hondo ni borracho, que eso es cosa de mujeres. 

Tomando al rorro por los sobacos lo sentó de golpe sobre el caballito. Al impacto explotó la plasta de mierda, rebosando sin mesura del pañal, escapando por los perniles del pantaloncillo y cubriendo la pulida grupa de madera con hediondo revuelto.

—¡Te lo dije, papá!, - lloriqueó la niña-.

El dueño del tiovivo se puso hecho una fiera, por más que le daba al chicate con un trapo más lo restregaba.

El caradura del padre aún tuvo la desfachatez de decir: 

—¿Que curpa tengo yo, maestro, si er caballo sa cagáo?.

D. W

*Este relato fue publicado por la revista “El Observador” el viernes 18 de septiembre de 2020



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