jueves, 9 de julio de 2020

EL COSTURERO

EL COSTURERO 
La cajita de madera verde agua con dibujos alusivos a su contenido fue un regalo de reyes cuando aún debía ser yo muy pequeña.
Mis mayores convenían en que saber coser era imprescindible para toda mujer. A pellizcos aprendí a hacer vainica y hasta a doblarla aunque nunca contaba exactamente los hilos y quedaban estrábicas. La costura no es lo mío a pesar de que buen avío me ha hecho; manejo la aguja como Caracuero la motosierra pero logré acortar faldas, alargar escotes y volver crecedera la ropa de mis niños.
Al contar como disciplina en la asignatura de “Manualidades” mi costurero me acompañaba al colegio cada lunes y viernes por la tarde. Ni idea de que harían en esas clases los varones pero coser, no. Ahora ya no se enseña a ningún sexo. Todos adanes.
Recuerdo con aprensión un “paño de muestras” que no me costó un suspenso porque mi madre me lo remediaba en casa, la monja se tragó el changüí, para mi suerte. 
Decoré, para ver al abrirlo algo grato, el interior de la tapa con las estampas de animales que regalaba arroz “La Cazuela”, el que venía en celofán listado de amarillo.
Mi costurero tiene las bisagras flojas y es naif total.
No hay lata de galletas danesas que esté a su altura. 
D. W.   (“Lo cotidiano”). 


No hay comentarios:

Publicar un comentario

RENOVACIÓN DE LA VIDA

  RENOVACIÓN DE LA VIDA   Nochevieja de 1999. Faltan cinco minutos para que den las doce y llegue el año 2000, con ese supuesto efecto ter...