lunes, 1 de junio de 2020

MALOS

MALOS
He descubierto que soy muy mala, me alegraría enormemente la muerte de varios elementos que perturban el orden vecinal y planetario.
Pero es ver el escaparate de una armería y entrarme tembleque. Fantaseo con tener una varita de virtud que encoja a los energúmenos para aplastarlos de un pisotón.
Confieso que ayer hubiera matado a mis vecinos pero indultado a su perro, un diminuto animal que lleva encadenado al patio diecisiete años, los mismos que llevo soportando su asquerosa música a tope, sus risas estentóreas a las tres de la mañana y su habla a gritos, que me entero de hasta como follan porque les encanta explicarlo.
De nada ha servido pedir que bajen el volumen, dicen que está “normal de alto”, les suda que pueda haber personas enfermas, que madruguen o teletrabajen; arguyen educadamente que “a ver si en mi casa no voy a hacer lo que mesalgaercoño”. A la poli les dicen que la tengo tomada con ellos y vuelta la burra al trigo.
Me mandan a vivir a la cima de un monte aunque son ellos los que deberían mudarse a un polígono donde cada nave transpirara ruido, una “calle del infierno” ferial con BMV y moto de gran cilindrada en las puertas.
La libertad de algunos es talla XXL con lycra y se estira para que nunca empiece la del prójimo.
Nadie tiene derecho a segar vidas pero entendámonos, no hablo de seres humanos sino de escoria, suena muy fascista  pero ellos me destriparían sin remordimiento, llevan tiempo matándome a decibelios.
Les haría vudú si supiera, miraré si hay cursillos que incluyan kit.
Desgraciadamente amanece para todos aunque haya quien no lo merezca.
D. W.


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