domingo, 24 de mayo de 2020

EL ESCOTE

EL ESCOTE ( 1958 )
El pueblo andaba revolicáo con el casamiento, sobre todo por ver las hechuras de la madrina, señorita de la capital que paraba allí por temporadas.
La novia pensó que con tal testigo su boda sería inolvidable.
Acertó.
Las golondrinas llegaron con sus gorjeos, ella con tintineos de  semanario, frufrú de cancán y perfume.
Tabú como todo entonces.
A las autóctonas les prevelicaban sus mudas de nailon puestas a secar. Sugerentes combinaciones, prácticos medios visos, fajitas con liguero para las medias de costura trasera y los camisones casi tontitos, espabilados de día por las mañanitas pastel.  
Para la boda lució mantilla, vestido de raso negro con sobrefalda de tul y tacones de aguja.
Una racial Bette Davis aterrizada en la Axarquía.
La comitiva avanzaba gloriosa hacia la iglesia, andando para bien  lucirse. Detrás se iba añadiendo todo el pueblo.
Ante el altar se persignaron. El monaguillo precedió al oficiante, que estrenaba puesto.
Y empezó el tangay litúrgico:
_”No habrá boda hasta que la madrina no se cubra el escote”.
Los parroquianos se cuajaron, las parroquianas desenfundaron las lenguas.
El sacerdote confinó a los interesados en la sacristía. Allí la novia prorrumpió en llanto.
_”¡Ay, que no me cazo … 12 año de novio y po mor der descote…!”
_”¡Por Dio, Aurorita, tápate!”, apremiaba el novio abanicando a su futura con la “Hoja Parroquial”.
Apenas se le veían las clavículas pero la Jezabel involuntaria ardía en bochorno. Jamás ningún hueso, quitando la quijada asesina de Abel, fue tan denostado.
Una señora de negro con reclinatorio fijo salvó el apuro. Con un gastado velo de misa que llevaba en el bolso cubrió píamente el casus belli.
El Páter engordó tres kilos, cumplida su misión de guardián del templo, olvidando que hasta Cristo admiró los cabellos de la Magdalena.
La novia se sonó y fueron dadas las bendiciones.
Pasó esa noche el siervo de Dios abrazado al cilicio, sabedor que la tentación estuvo en sus ojos no en el trocito de piel femenina.
Hubo más comidilla en el convite que salchichón y queso de bola.
El “descote” tenía mejor miga que el pan de artesa.
D. W.
*Este relato fue publicado por la revista “El Observador” el viernes 15 de mayo de 2020.


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