viernes, 3 de abril de 2020

NO ME LLAMES PAINS

NO ME LLAMES PAINS   
Viernes de Dolores raro, inicio de la Semana Santa de este año tan lleno de pesares. Lo que nunca entendí, así me maten, es bautizar con este nombre a las niñas, porque acaban todas rompiendo por otro.
Debe ser el apelativo que goce de más diminutivos por remordimiento: Lola, Lolita, Lolilla, Loles, Mariló, Ló, Yoyes y otro menos usado pero que produce ternura, Dolorcitas. 
La simbología cristiana quiere honrar así el padecimiento de la Virgen durante la tortura y ejecución de su hijo, (las palabras “pasión” y “muerte” son eufemismos), pero de ahí a ponerlo en la partida de nacimiento de una hija va un morboso trecho.
A la contra, las así llamadas suelen ser dicharacheras, salerosas y ocurrentes. Optimistas sin remisión y generosas sin fronteras.
Conozco yo a unas pocas “dolorosas” más alegres que el sol. 
Vayan dos como muestra: Lola Gallego y Lola Franco.
Para ellas todos mis buenos deseos este día y siempre.
Pronunciar “Lolita” suscita el recuerdo de la adolescente perversa cuando su autor nos la describe entre líneas como víctima. Releer el libro con gafas moradas nos bajarán los prejuicios a lo terrenal. Ya tenemos deberes para la cuarentena. 
En Argentina “lola” significa “teta”, igual que “concha” viene a denominar lo otro que en todas partes tiene tantos nombres ( póngase aquí coño, higo, papo, pepe...) ¡Cuan rico es el idioma español y que turgente!. 
Así es el lenguaje, sonidos y grafías que nos permiten comunicarnos, a menudo incluso malentendernos.
Buen viernes de confinamiento aunque sea, este sí, realmente de dolores.
Deseemos que sean fructíferos como los de parto y den comienzo a un mundo nuevo.
Tiempo tenemos para replantearnos.
D. W.   (V 3A 2020). 


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