lunes, 2 de marzo de 2020

BIEN A MANO

BIEN A MANO
Mientras desayuno pongo la tele que no veo. Así oigo de pasada que en un pueblo de Cataluña quieren convertir una nave que fuera en su día parque de bolas infantil en Tanatorio.
Los vecinos se oponen porque se encuentra en pleno centro, casualmente goloso lugar inmobiliario, por donde pasan todos los festejos señalados y estar rodeado de colegios, bares y comercios.
Es comprensible lo que aducen sobre la “falta de respeto a los difuntos y dolientes”, el duelo con el soniquete de fondo de la sardana no es de recibo. Además el complejo comparte patio con una agrupación de Castellers. ¡Toma del frasco, Carrasco!.
Por supuesto nadie está dispuesto a trasladarse al extrarradio para asistir al carnaval o Semana Santa pero sí para despedir a un finado que, si no es familia, se emplea más tiempo en el trayecto de ida y vuelta que en dar el pésame.
Sería cómodo hacer el cumplimiento y al salir encontrarse un pasacalle o el brillante escaparate de una perfumería. La vida sigue, no espera ni extraña a nadie. En el fondo es tan puñetera como su antagónica aunque vaya de guay.
Los oriundos están de cacerolada pidiendo al Ayuntamiento que les ceda el susodicho para Asociación de Vecinos Vivos, que no quieren ver pasar coches negruzcos ni oler a barbacoa eterna. 
Total, a los fallecidos se les puede dejar en cualquier sitio, si es solo una noche y sin viaje de vuelta...
Mejor no tomarse la vida como la cena de los domingos que tiene regusto a última voluntad presidiaria.
Será curioso ver qué intereses priman y al final quién carga con los muertos.
D. W. 

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