viernes, 28 de febrero de 2020

El DONUTS DE FERNANDO VII

EL DONUTS DE FERNANDO VII 
Casa Borbón, por no ensuciar su sangre, practicaba el “a la prima se le arrima”. Tanta igualdad genética produjo esperpénticos especímenes como este que hoy traigo.
Cuatro esposas tuvo Fernando, una prima y tres sobrinas. Solo la última le dio descendencia, sin que se pueda “culpar” a las demás de no hacerlo.
Según palabras del escritor Prosper Merimée, confidente de una dama con conocimiento de causa, el pene de su majestad era “fino como una barra de lacre en su base, gordo como un puño en su extremidad y largo como un taco de billar”.
Abreviando, un chupa chups de casi 30 cm. 
El rey “sufría” de macrosomía genital aunque a él le importaba un bledo, creyendo ser llamado por eso “el deseado” gozando en competir a ver quien la tenía más larga, sabiéndose ganador por puntazo. El problema era para la parte receptora del real miembro, pocas mujeres soportaban la embestida de semejante ariete.
Se dice que sus esposas murieron a causa de heridas internas, aunque las dos primeras lograron concebir malparieron.
Cuando en la noche de bodas la tercera vio el panorama negose a cumplir el débito. Fuertemente amonestada aceptó amargamente su destino pero se fue de vientre en el lecho apenas el monarca intentó la maniobra, saliendo este del cuarto cagando leches.
Recomendaron ir a tomar las aguas de Solán de Cabras, santas contra frigidez e infertilidad. El Felón llegó a decir, “¡En estos viajes acabaremos todos preñados menos la reina!”, haciendo un corte de manga a la fuente.
Diez años duró este matrimonio, peor acaba lo que mal empieza.
Entre coito y coito marital enhebraba con prostitutas siendo su deleite hacerse traer vírgenes proclamando que nunca volverían a probar hombre tan bien dotado, exhibiendo zafiamente la prueba de la doncellez. 
Bien se ganó el apodo de Felón.
Al fin su cuarta esposa pidió a los médicos remedio que hiciera más soportable la coyunda, ideando estos acortar distancia con un donuts colchado que se anillaba al pito de su majestad y frenaba los envites.
Además, para empinar el mamotreto necesitaba como medio litro de sangre y el monarca, por edad y excesos que no por luto a las difuntas parientas, ya lo llevaba a media asta.
Dos hembras fueron el fruto que dio Maria Cristina. El esperado varón nunca llegó.
El rey que despreciaba a las mujeres se arrastraba ante los liberales que tanto odió para que auparan a una, su hija, al trono. Ironía del destino que daría lugar a tres guerras civiles.
Otra costumbre bien española.
D. W. 

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