lunes, 17 de febrero de 2020

AMOR MEMORABLE

AMOR MEMORABLE   (1950)
Andarín por deformación profesional Miguel pateaba todas las mañanas las calles de Málaga cargado con su muestrario de telas.
Apuntaba encargos, repartía genero y mostraba novedades seis días a la semana. El séptimo era para su mujer y para Dios. En ese orden.
No haber tenido descendencia les había unido. Juntitos comían, cenaban y dormían. Había quien les llamaba “los dos patitos”, la  envidia, ques mú mala.
Pero de poco acá su Manuela no era la misma. De cuerpo seguía tan primorosa pero de cabeza... tenía más olvidos de los que una mujer en la cincuentena debiera tener.
Se olvidaba la sartén al fuego, la plancha sobre la prenda. Volvía a lavar la ropa que recogía.
Lo último fue meter las tijeras a diez metros de raso blanco, encargo de una modista para un traje nupcial, según dijo, “pa jasé ruilla”.
Aparte del descalabro económico Miguel tuvo que volver a pedir la tela con el consecuente retraso.
El médico diagnosticó demencia senil precoz. Ella no entendía  por qué la había llevado al consultorio si se encontraba divinamente. 
Contrató a una moza para que estuviese con ella todo el día. Miguel contaba los años que le faltaban para jubilarse y ser el mismo quien la cuidara.
Una mañana, al poco de salir de su casa empezó a notar molestias en los pies. Extrañado siguió su jornada aguantando como un jabato, “me estarán saliendo ojopollos” pensaba.
A mediodía no podía más. Andaba como sobre ascuas.
A duras penas cumplió su itinerario.
Destrozaito se sentó en un bar y pidió un moscatel. 
Con disimulo se quitó los zapatos. Palpando la plantilla notó  bultitos, y al levantarla cayeron más granos de arroz que en una boda. 
_”¡Ay que estah son cosa de mi mué!”
Corrió a su casa. Estaba sola y aún en camisón, cosiendo las hojas del geranio a las cortinas. La besó en la frente y ella, mirándolo con ojos de niña asombrada preguntó “¿ tú quien ere?”.
Mientras, la cuidadora, confraternizaba con el pescaero. 
Miguel los mandó a tirar del copo.
Se despidió del trabajo, cuarenta años de ahorros darían para comer los que les quedaran.
Ahora pasean dos cuerpos con una sola memoria. 
D. W. 
*Este relato fue publicado por la revista “El Observador” el viernes 14 de febrero de 2020.

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