miércoles, 14 de abril de 2021

ORZAS LLENAS

 ORZAS LLENAS

Si no hablas las palabras se pudren dentro. Primero dañan el estómago, después atacan la cabeza y al final, endurecen el corazón.

Hay que vomitarlas, pero “Seguro Hogar” no cubre atasco por vocablos en el inodoro.

Una afectada ideó regurgitarlas en las orzas que decoraban su terraza. Antes de ser jardineras guardaron vino, así que soportan bien el vinagre destilado por algún adjetivo.

Se fueron llenando. Hubo de taparlas para que los gatos no cayeran dentro y se ahogaran bajo el palabrerío. Tomaban el sol sobre ellas ajenos a tener debajo tanta tristeza.

Más de una vez los vio jugando con oes que habían rodado fuera. El peligro mayor estaba en las letras picudas. Podrían tragarlas y perforarse las tripas.

Hay locuciones que son letales.

 

Un domingo tomó un martillo, arrastró una hasta el dormitorio y la rompió. Todo el cuarto se llenó de letras astilladas, sílabas y diptongos. Las metió a puñados en bolsas de basura verdes, las de jardín que son recias y cunden más.

Pero se apenaba cada vez que encontraba términos amados, como los nombres de sus hijos; sonidos demasiado hermosos para destruir u olvidar.

Estos los iba pegando en el cabecero. Para las tildes y puntuaciones reciclaba las letras rotas, recortándolas con tijeras de manicura.

Resultó una letanía reconfortante y nutricia; lo que buscaba en suma: algo de fe.

Empapeló la casa con ellas, incluyendo las feas pues el contexto las embellecía.

Traspasó la voz a ojos y dedos.

 

Los cascotes hicieron un ruido estrepitoso al caer al contenedor. El portero le preguntó si estaba arreglando las macetas.

 —Si, ya ve, las tenía abandonadas.

 —Hace muy bien, su terraza era la más bonita.

 —Y volverá a serlo.

Sube las escaleras pensando en plantar las cinco orzas que ahora están vacías. Con buena tierra y sol, en primavera tendrá su casa florecida.

Qué mejor abono que amor propio. 

D. W

*Publicado en “El Observador” el 9 de abril de 2021

 


LA MALHADADA

   LA MALHADADA 

Hoy hubieras cumplido noventa años. Ni ocho abriles tenías cuando te ahogaron en la propia sangre de tus adalides. 

Dicen que fuiste niña mala, respondona; exigente en derechos que no debías disfrutar. Que lo mejor fue aniquilarte y volver a uncirnos al yugo, a tragarnos las flechas sin tener vocación de faquires.

Lo que no saben tus asesinos es que la sangre purpura duerme y se hace más fuerte, que se puede callar una voz pero no mil gargantas. 

Nombrarte, República, es llenase la boca de pueblo; ese que saluda deseándose salud, pan y libertad. El que no quiere más coronas que de flores, en las sienes de las muchachas o en las honras de sus muertos.

D. W

*Dibujo del gran artista Luiso García.

 

 


viernes, 9 de abril de 2021

ABRIL

 ABRIL 

Yo lo sé.

Cuando las sábanas se enredan en mis tobillos, convirtiendo mi lecho en útero algodonoso y desoigo el reloj que parpadea en verde y no troncho las lianas del sueño, e ignoro la cita ineludible y anulo el desayuno y el arreglo.

Entonces sé que ha llegado Abril: el desidioso; el culpable.

D. W





miércoles, 7 de abril de 2021

ASÍ

 ASÍ

Bullendo el caldo prendo palabras en el mandil. Mientras seca el suelo las despego, sitiada en una baldosa, para no pisar lo fregado.

Con manos que huelen a mistol las aplano, igual que un día de plancha hago con el vestido y la camisa y el mantel, santo porque cubre el altar donde nos alimentamos.

A vueltas de lavadora reagrupo los verbos, remetiendo bien sus puntas como al hacer la cama.

Limpiar la bañera, sarcófago frío que llenamos de agua caliente, me recuerda que los textos deben brillar sin estorbo de adjetivos. Hasta en la tila nocturna y casi clandestina disuelvo los acentos que endulzan el deje.

La tara de extasiarme con papeles en blanco o atiborrados de pensamientos ajenos, sin una sola foto en color, pudiendo pasar el tiempo al modo de  las buenas mujeres, eviscerando a las ausentes como después, presurosas ante el advenimiento de la prole, harán con el pescado. 

Literatura de sartén y aspiradora, MissLabores, doña Sísifo; sin otro título que acredite la osadía. 

D. W



domingo, 4 de abril de 2021

OTRO

 OTRO

Uno más y ya van dos, hijo, tus cumpleaños que no pasamos juntos. 

Sé que estarás bien, que ayer fuiste de museos, que hoy quizás tomes tarta, que recibiste nuestro regalo y mis cuentos más morbosos para saber tu opinión. No te asombras de esas letras tan distintas de otras porque sabes que soy cambiante, y escribo lo que me da la gana cuando me apetece. Que no me gusta festejar mi aniversario pero si los vuestros. 

Te tocó la mamá rara.

Ayer me pediste que escribiera un libro, que sería el mejor obsequio. Lo mismo tomo mis relatos torpes, desde el más ñoño al más demencial y los amalgamo. O termino alguno de los cíen mil cuentos largos que tengo empezados.

Te he comprado un espejo grande y esta tarde lo colgaremos en tu cuarto, sobre la cómoda. Cuando vengas, te verás mejor que en ese chiquito que ha sido quince años “provisional”. Aunque sigas mirándote, antes de salir, en el de cuerpo entero de mi habitación.

Tienes que volver pronto para llenar esa luna. El azogue, no sé si lo sabes, tiene memoria y guarda todos los rostros que se le asomaron. 

Este nuevo está vacío, esperándote.

Como yo, como todos nosotros.

Feliz veintidós vueltas al sol, Santiago. 

D. W




sábado, 3 de abril de 2021

EL PRIMERO

 EL PRIMERO 

Duele respirar después de un golpe. El aire entra en los pulmones vaciados por el impacto, produciendo un frío de puñal. Tal vez así les ocurra a los recién nacidos al inhalarlo por primera vez, por eso lloran con desgarro.

Siendo más ágil habría salido indemne, para su desgracia, la atrofia muscular producida por meses de inmovilidad se manifiesta. El costalazo lo ha roto por dentro; cuando intenta andar vuelve la punzada, aún más afilada. Quedándose quieto no siente dolor, pero sabe que debe moverse, ser fuerte y apretar los dientes. Ha sido esa inercia, el sometimiento y la inacción de su especie durante generaciones, por lo que se ve allí, tratado como un pedazo de carne.

Si chilla nadie acudirá en su auxilio, demasiados gritos se oyen para hacer caso a uno concreto.

Falta poco para que den las cinco, abran la fábrica y la gente retome la tarea interrumpida por la noche. Es esencial escapar antes; si lo encuentran lo rematarán a palazos e irá a la Infamia que muele y muele, dejándolo hecho pulpa.

Solo debe arrastrarse por el suelo, pegajoso de sangre oxidada, llegar a la ventana, empinarse aguantando el dolor y dejarse caer fuera. Con suerte, el sueño pesado hijo de una cena copiosa, lo protegerá de ellos.

Donde irá no importa, por primera vez en su vida la adrenalina de la libertad le hincha las venas, proporcionándole valor para la fuga.

Cae a plomo, su propio peso lo condena. Ya sabe que no llegará, que no será el primero que lo logre ni se convierta en leyenda.

Huele a hierba, a petricor. Los saborea a pesar del sabor a sangre. No quiere cerrar los ojos y dejar de ver la luna, que existe de verdad y no era un cuento. Se parece un poco a los focos eléctricos pero sin cables. Es atrevida, independiente. 

Solo por verla, ha merecido la pena rebelarse. 

D. W

Imagen de autoría desconocida.



jueves, 1 de abril de 2021

UNA DE ROMANOS (1973 d. C.)

 UNA DE ROMANOS   (1973 d. C.)

Llevaba todo el día rebiznando cómo salir para ver a los romanos. Su familia era de guardar los lutos a porfía. Ni la Semana Santa se libraba, “¡a ver si van a decir los vecinos que no se ha sentió a la muerta!”. La finada, de 103 años como la etiqueta del famoso coñac jerezano, había pasado los últimos cuarenta con un pie en la tumba, decidiendo morirse justito a tiempo para aguar la fiesta.

Y esa es otra, porque amaneció un Viernes Santo con sol de Corpus. Era mediados de abril, los pájaros revoloteaban cazoleteros, Pepito fardaba del pantalón largo que había estrenado por Ramos y él allí, como un papafrita, leyendo tebeos.

De nada le sirvió hacerse el zurramangón con la mamá, “quiero ir pa rogá por el alma de Tita Higinia”. Ella, que era mú larga, le contestaba, “Dío está en toas partes, hijo”, y seguía espumando los garbanzos de vigilia.

Sentado a lo moruno en el balcón, se entretenía dándoles migas de pan a las hormigas que salían del repintado escaloncillo de madera, teniendo cuidado de que no lo vieran porque sí no, aparecía la abuela con el cacharro del flí, jeringándolas.

Oía perfectamente la bulla y los tambores y vio al mamón del Pepito largarse. Seguro que, después de hacerse una bola con la cera mendigada a los nazarenos, compraría un limón cascarúo bien de sal, y subido al paredón del río vería pasar a los romanos en leotardos, que de noche refresca, con el casco adornado por un penacho rojo. Y lanza, escudo, estandarte.... calle Trinidad convertida en Roma, la plazoleta hecha franquicia de Cinecittá.

Se mordió los labios. No le quedaba otra, que la hebilla del cinturón pica cuando te dan con ella en el culo.

“Ramonsitooo”, -llamó su madre. Se levantó rápido, empujando con la manga las migas hasta el hormiguero y fue a la cocina, de donde provenía la voz.

 —Mira, que me voy a casa Encanna a echá un rosario, tente cuenta del arró con leche, le vas dando vueltas pá que no se pegue. Dentro de veinte minutos, -y señaló el reloj verde manzana- lo apagas. Yo tardaré eso mismo.

Ramón, que lo de Ramonsito le daba dentera, vio abiertas las puertas de la gloria.

No así se quedó solo, bajó el fuego, se puso los zapatos del colegio (aún no le habían comprado las sandalias tocineras para el verano) y salió que se las pelaba.

Llegó a tiempo de ver la novedad del año: Manolo, el pescaéro, subido en una cuadriga hecha con chapones y pintá de purpurina, tirada por un caballo manso, emprestáo por uno que alquila coches en el parque. Una maravilla que arrancó aplausos a la concurrencia. ¡Y como lucía el gachó la capa roja!, tal que hubiera nacido con ella puesta, aunque alguien dijera que parecía Caperucita.

Aún se quedó un momento para ver el trono del Traslado, que le impresionó mucho. El Señó estaba más lográo que los muertos que pintan en “el guerrero del antifá”. 

Llegó a su casa dos segundos antes de que traspusiera por la puerta la mamá. Ya el olor delataba que esa tarde no iban a merendar dulce.

  —¡Joío, que se tá pegao el arró, ¿pero no lo has movío, pamplina?

  — ¡Digo que si lo he movío... como que me he mareao y tó con tantas vueltas.

   —Eso es que tieneh el estómago susio, a vé la lengua...¡Válgame San Acá y San Allá, que son santos que van y vienen, si parece que te la han blanqueáo!

Y pinzándole la nariz para que abriera bien la boca, le metió hasta la campanilla una cucharada sopera de aceite de ricino.

Una hora después, Ramón, sentado el váter, pensaba que Roma bien valía una purga.

D. W

*Personajes y situación nacidas de la imaginación y de los recuerdos de la autora, esperando  que os endulce un poco este viernes santo con minúsculas.





DECLARACIÓN DE PRINCIPIOS

 DECLARACIÓN DE PRINCIPIOS  “Nací con los ojos chiquitos y una boca minúscula que se negó pronto a hablar. Mis padres se avergonzaban de mí,...