sábado, 24 de abril de 2021

JUGARRETA

 JUGARRETA 

“Déjenos las llaves y despreocúpese”

-decía la publicidad de la empresa de mudanzas- 

Trasladamos sus pertenencias garantizando la integridad”.

Y si, todos los enseres habían aterrizado en buen estado en el piso nuevo: la nevera, con media sandía dentro, envuelta en siete capas de film transparente y el cajón del gato, sin haberse derramado ni uno solo de sus granos antiolor. Los muebles bien ensamblados y en el sitio indicado.

Estaba todo menos los libros.

Ella se había cuidado de guardarlos bien protegidos, comprando cajas de cartón recio para que aguantaran el peso, rotuladas por autor como corresponde a una leyente bien nacida .

Las había dejado tras la puerta cubiertas por una sábana: veinte cajas en filas de a cinco superpuestas. Y allí se habían quedado. 

Los mozos se defendieron con el argumento de que no las habían visto, aún así se ofrecieron a volver por ellas, pero en una semana.

Además, habían devuelto las llaves al propietario del piso, siguiendo sus instrucciones.

Llamó a su antiguo casero y lo que oyó casi le provoca una embolia: “pensé que no los querías y llamé a una organización que los recoge, se los llevaron ayer”.

Su coche se tragaba, con la gula de un cocodrilo, la bicha gris de asfalto. Por teléfono no conseguía hacerse entender y temió lo peor.

De la oficina de la organización la mandaron al almacén. Era una nave inmensa repleta de todo lo imaginable y lo inimaginable que pueda albergar una casa. Un purgatorio donde las pertenencias de los muertos, o de los vivos que mejoran su sueldo, esperan volver a ser atractivas para alguien.

Entonces llegó el camión. Ansiosa preguntó si sus cajas estaban en él. El conductor, rascándose la barba, respondió con desgana de lunes: “Tó lo de papé se descarga en una tienda que lo compra al peso”. 

Corrió desesperada llegando al punto de ver algunos de sus libros yaciendo en un contenedor, revueltos en impudicia con revistas, telenovelas y enciclopedias. 

Buceando a pulmón solo pudo rescatar de aquel mar muerto treinta y cinco kilos de su memoria.

D. W

* Publicado en “El Observador” el 23 de abril de 2021, Día del Libro.










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