jueves, 7 de enero de 2021

SU MEJOR NAVIDAD

 SU MEJOR NAVIDAD 

Se sentía exultante; algún dios vengativo le había hecho el magno obsequio de la pandemia, tras toda su vida invocándola. Era el estado idóneo de un ser arisco pero hipócrita al que se le acababan los pretextos para no cumplir socialmente. 

Por gracia de internet le servían la compra y cuánto necesitara a domicilio. No echaba en falta abrazos ni contacto humano; con sus libros y el ajedrez lo pasaba tan ricamente. Había descubierto que Mac era buen contrincante, frío y calculador, hecho a su medida, con el plus de despedirlo con un portazo sin que guardara rencor al reiniciarlo. Le era tan impensable el hecho de amar a otra persona como el comerse unas zapatillas.

Estas han sido sus navidades soñadas. Nada de almuerzos de antiguos alumnos, ni abandonar su acogedor hogar para celebrar la Nochebuena en casa de un primo lejano que lo invitaba, cierto está, por conveniencia, esperando verse nombrado en su testamento. Andaba fresco, lo dejaba todo a una Protectora de animales, no por ser empático con los bichos sino por joder al pariente.

Cenaba oyendo las cifras de muertos e infectados, erotizándose con la curva ascendente. Los iba apuntando en una libreta llevando al dedillo la cuenta, equilibrando con álgebra “sui generis” las diversas fuentes de información. Marcaba con rotulador rojo cada quinientas defunciones, así veía más claramente la merma de la humanidad, e incendiaba las redes con soflamas negacionistas para dar un empujoncito a los contagios.

Cuando a finales de diciembre del redondo 2020 llegó la vacuna, cuenteó también a los “cobayas”, como él decía, subrayando las cifras en verde. Gozaba con la idea de que su administración, lenta y engorrosa, fuera alcanzada por nuevas cepas que la inutilizaran.

Desde su atalaya del decimoquinto piso veía pasar la vida en solfa y a la gente cual hormigas condenadas a ser aplastadas. Nunca lo pasó mejor que con el estado de alarma que dejó una ciudad muerta a sus pies. En Nochevieja brindó por que 2021 fuese el año de la extinción, burlándose de los insufribles optimistas que deseaban prosperidad y salud.

Por fin todos eran desgraciados, no había nadie en el orbe que fuera feliz excepto él.

Ahora ya podía reventar en paz. 

Dela Uvedoble   #unaNavidaddiferente




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