sábado, 31 de octubre de 2020

MARIPOSAS PÁ LOS MUERTOS, BATATAS PÁ LOS VIVOS

 MARIPOSAS PÁ LOS MUERTOS, BATATAS PÁ LOS VIVOS.  (1940)

Todos los meses son noviembre en postguerra. Se solapan los cortes de luz haciendo más duro el invierno, consumiendo velas y los ojos que a su amparo sobreviven. 

Una mujer dispone sobre la mesa cartones y corchos de botellas que ha ido pidiendo por las tiendas.

Con paciencia filetea los cilindros, recorta el cartón a la misma circunferencia y los junta. Los agujerea por medio e introduce un torcido de hilo, que previamente ha encerado derritiendo cabos de vela. Aplasta el cerillo en la base. 

Llena un plato con agua y vierte sobre ella una lámina de aceite, en este mar fleta su creación. Prende el cabo, que ella llama velillo, y surge una luz nítida duplicada por el reflejo del óleo.

Enciende una por cada ausente, mentándolo en voz alta mientras su niña repite los nombres con lengua de trapo.

La última llamita será “pa aquellos difunto de loh que nadie zacuerde. Amén”.

Le llueven encargos porque son duraderas y más baratas que las velas, así que toda la familia se afana fabricando estas mariposas de luz, alumbrando de paso su endeble economía.

 

Cuando va a la cárcel a visitar al marido se pone una gota del perfume comprado en tiempos mejores. Es su forma de acariciarlo, otra no hay. 

Mientras recorre el pasillo junto a las demás los encarcelados las requiebran, “¡vivan lah muhere guapah!”. Percibir el olor femenino tan fieramente añorado les recuerda que siguen vivos. Son presos sin delito, víctimas de tiempos extraños.

“Estamoh haciendo mariposa entre tó. Con ezo, y la costura  echaremo pa lante”, consuela a su hombre.

Él agacha la cabeza, “que bien hueles” y se le saltan las lágrimas.

 

La víspera de los Santos la radio emite “Don Juan Tenorio”. 

Da gustillo pasar miedo de mentira con los muertos que se filtran por las paredes, reírse con Ciutti y sufrir con Brígida y doña Inés del alma mía. Un paréntesis a las penurias con final celestialmente apoteósico. 

Cenan batatas cocidas, pasadas con buches de cebá endulzada con un caramelo mientras centellea tenuemente el único ojo verde del receptor, como un cíclope manso.

D. W 

 


2 comentarios:

  1. Recuerdo perfectamente las palomillas y juraría que alguna vez las hicimos y he comido batatas.
    Es preciosa la historia de la visita a la cárcel y el modo de llevar el cuidado y amor en una gota de colonia. No todas las mujeres somos buenas, pero casi todas tenemos un instinto de cuidado y delicadeza para los que sufren

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  2. Yo sigo encendiéndolas, si no las encuentro pongo una vela grande y la dejo arder hasta que se consume.

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