miércoles, 16 de septiembre de 2020

RUTINA PERO MENOS

 RUTINA PERO MENOS

Esta mañana he oído en escala Doppler unos ruiditos que tenía ya olvidados: el arrastre de los trolleys escolares.

No han sido tantos como otros años de lo que deduzco que alguno se habrá quedado en casa pese a las amenazas de acusar a los padres de absentismo escolar. Ya iré sabiendo, por los arrastres, si se suman estos días a los valientes que han optado por lo único posible, seguir palante como los de Alicante.

Hablando de carritos también he visto el del barrendero. Meses que no pasaba por mi barrio. Si no llegó a cortar los matojos crecidos en la acera tendría ahora una selva frente a mi casa.

A este no lo conocía, es un hombre joven que maneja la escoba con desgana y malaje. Cuando me mudé aquí este cometido lo hacía un gitano con mucho arte que además canturreaba bajito, se alargaba con la escoba palmeada hasta debajo de los coches y sabía meter en el recogedor toda la porquería haciendo un quiebro de cintura y juego de muñecas que daban ganas de aplaudirle.

Vuelven también a abrir los museos para alegrarnos las pajarillas aunque con mascarilla y distancia de seguridad. Me quedo de piedra al ver en las noticias que en el Orsay no dejaron entrar a una mozuela por llevar escote. Tuvo que cubrirse el canalillo con una chaqueta prestada para acceder a las salas y eso después de haber pagado su entrada. Al parecer a la portera no le pareció bien que entrara en un templo del arte yendo tan descocada.

“Donde se exhibe orgulloso el pubis más velludo y negro del mundo junto a desnudos en toda postura no debe entrar nada que les haga competencia”, debió pensar la funcionaria.

Pero las redes son chivatas y pronto se supo la anécdota, el museo tuvo que disculparse y de paso, digo yo, poner a la censora en una máquina del tiempo programada para cuatro siglos atrás, donde entre tocas y gorgueras se encontrará más a gusto.

Hay quien retoma la vida siendo un poco más idiota.

D. W

 


1 comentario:

  1. El número de tontos es infinito y tiende a crecer, lo digo por la anécdota del canalillo.
    Por lo demás, no estoy segura de que hallamos recuperado ninguna rutina y lo único claro es que en la fecha de la descalada ha influido el intento de salvación de la temporada turística,que sigue siendo nuestra una industria, desde hace ya demasiados años.
    Pero respondo con una frase queno sé quien dijo al principio de la pandemia: Si la humanidad desaparece es evidente que economía se verá perjudicada.
    Pero queriendo salvar la economía vamos a cagarla, fastidiando a la economía y a la humanidad

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