miércoles, 2 de septiembre de 2020

EL TESÓN DEL CÓNSUL

 EL TESÓN DEL CÓNSUL 

El escueto séquito enlutado ascendía tras el féretro por la ladera del cementerio inglés aquel infausto viernes veintiuno de julio de 1899. La familia Welton, de paso por Málaga, había sufrido la pérdida de su hijo primogénito, Harry, de forma fortuita. Circunstancias tristísimas se aliaron para que el muchacho reposara eternamente aquí. 

“Lástima de mozuelo” pensaba Alcaide, el sepulturero, “er consuelo pa suh padreh é que tendrá güena sepoltura”.

Y es que, cuando en 1824 William Mark fue nombrado cónsul inglés en Málaga a los extranjeros “se les enterraba a medianoche en la playa y de pie, para que las olas los arrastraran o los perros despedazaran el cadáver; un hereje no podía ser enterrado en sagrado”. Horrorizado por esta práctica, emprendió una lucha titánica contra la burocracia, llamando a todas las puertas hasta lograr en 1831 su piadoso fin.

Eligió para la necrópolis una parcela “a los pies de Gibralfaro por la carretera de Almería, con toda la inmensidad del mar por delante y el lujo de ver la Alcazaba y la airosa torre de la Catedral envanecida sobre los tejados”.

Según los registros, el primer inquilino fue un marino ahogado en el Puerto. Ese mismo año se valló el que sería cementerio primigenio siendo enterrado intramuros Robert Boyd, el irlandés fusilado por defender la libertad junto al general Torrijos. 

Casi doscientos años de historia se ofrecen a quienes deambulen entre las tumbas.

Hasta bien mediado el siglo XX la Parca se regocijaba tronchando tallos tiernos. Una verja de hierro delimita la parcelita donde tres hermanas descansan bajo edredones de conchas. Aún hoy alguien les deja juguetes y la colonia de gatos spanglishs duerme sobre ellas ronroneando.

El enterramiento más diminuto solivianta el corazón. Una cajita marmórea resguarda a Violett del sol y la lluvia. Solo un mes tenía cuando murió, “vivió lo que viven las violetas”. Ni el escudo amarillo que adorna el túmulo de los náufragos de Gneisenau, ni el dulcísimo ángel emblema del cementerio le ganan en desgarro.

Victoria Atencia, poetisa malagueña, dedicó a los infantes truncados una nana de sal con versos de espuma. La placa se halla en lo más elevado del antiguo cementerio, sobre un banco donado por dolientes que suplica en la inscripción una oración por las almas. 

El lugar, decadente y romántico, ha perdido por falta de ingresos el esplendor, que no la dignidad, que le proporcionara el tesón amoroso del cónsul.

Desde luego no es el jardín que describe Hans Cristian Andersen con “pimenteros, geranios y mirtos suficientes para tejer infinitas coronas de novia”. Los muertos se liberan de toda necesidad pero con la paradoja de requerir que se cuiden sus tumbas.

Allí descansan próceres ilustres como el doctor Noble, donante a la ciudad el Hospital homónimo y George Langworthy, el generoso “inglés de la peseta” que dada una de estas monedas de plata a los pescadores cuando el viento les impedía faenar.

Se prodigan los escritores en el camposanto, Jorge Guillén, el finlandés Haapakoski, Gerald Brenan y su esposa Gamel Woolsey, poetisa y amiga íntima de Marjorie Grice-Hutchinson.

Esta última dama, economista, escritora y mecenas fue una figura importantísima en Málaga a la que contribuyó a engrandecer. Dedicó uno de sus libros, preciso y precioso, al Cementerio Inglés. Recomendaría comprarlo a todo aquel enamorado de la historia de la ciudad.

Algo más de mil personas de veintidós nacionalidades y, al menos, cinco creencias religiosas descansan en él impasibles a riadas y prejuicios.

En 2012 fue nombrado Bien Cultural por la Junta de Andalucía dado su valor artístico, literario, histórico y botánico.

Hoy día es propiedad de una Fundación sin ánimo de lucro que la sostiene en vilo celebrando eventos, recitales (por cierto deliciosos) y visitas guiadas a cambio de una modesta contribución. 

Quien guste puede pedir que sus cenizas descansen allí. 

No es mal lugar el escogido por el cónsul, solo tienen que ir a verlo y comprobarlo.

D. W 



2 comentarios:

  1. Muy interesante, además de no conocer el Cementerio no sabía las preciosas historia que esconde. Tratare de leer algo sobre él y sobre todo, conocerlo. Gracias, Dela,por esta preciosa entrada de tu blog. Magnífica

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  2. Si que merece la pena adentrarse en su historia, que es la nuestra.
    ¡Muchas gracias, Bruji!

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