jueves, 12 de marzo de 2020

ENEMIGO INVISIBLE

ENEMIGO INVISIBLE 
A mediados del siglo catorce una epidemia de peste bubónica asoló Italia. Un joven escritor llamado Giovanni Boccaccio situó en este escenario “El Decameron” un compendio de cien relatos chispita  verdes, casi ninguno de su invención a excepción de la trama conductora, provenientes de tradiciones grecolatinas y orientales, ambientándolos en su época. A pesar de no existir aún la imprenta fue best seller.
Sitúa Boccacio a siete jóvenes doncellas y tres donceles en una villa idílica a las afueras de Florencia donde se confinan para preservarse de la terrible enfermedad, conviniendo en contarse cuentos para hacerse más llevadero el encierro. 
Fue libro prohibido por la Iglesia al considerarlo inmoral e irreverente, una obra erótica leída y comprada de tapadillo durante seis siglos. 
La jodienda no tiene enmienda y si es contada graciosamente ni desperdicio. 
Virus viene del latín y significa VENENO. Emponzoñados están algunos por sufrir la cuarentena. Malas caras por el aplazamiento de acontecimientos bien señalados y pingües, hay quien aprecia más la bolsa que la vida... de otros. 
En la turbulencia muchos perderán demasiado mientras unos pocos se enriquecerán indecentemente.
Millones de euros se van por el desagüe junto a estos microbios piadosos con los niños pero implacables con ancianos, la paradoja es que se ven forzados a juntarse porque los padres están ganándose la vida, única posesión que es irreemplazable.
Sin precedente alguno se estudia cómo conciliar trabajo, familia y profilaxis sin que la economía derrape.  
Corona no pasa de ser una gripe con pretensiones aunque muy contagiosa, imaginar tres cuartos de país enfermo a la vez resulta aterrador. Boccaccio exorcizó temores con risa y chanzas sin soltar la mano a la prudencia, lo válido entonces lo será hoy también.
Con los mimbres de una sanidad recortada a la que se le exige eficacia, unos políticos cretinos que se contagian entre ellos habiendo defendido la privada que ahora se lava las manos, no metafóricamente, y gente acumulando comida como hámsteres  tenemos que hacer el canasto para preservar los huevos que quedan.
Ayer fui a comprar y mientras expurgaba entre la verdura que quedaba alguien estornudó a mi lado. Pegué un repullo.
El miedo es libre pero nos hace esclavos. 
D. W. 



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