domingo, 31 de mayo de 2020

MAESTRO LENCERO

MAESTRO LENCERO
Levantaba muy temprano la corredera de la mercería y volvía a echarla quedándose ahora del otro lado, ataviando seductoramente a las maniquíes del escaparate.
Después pasaba revista al probador entelado, con tres espejos y sus correspondientes focos para que la clienta se viera en cinemascope. Completaban la bombonera un sillón tapizado en terciopelo, un velador y un perchero dorado donde dejar la ropa.
Por último fregaba el suelo con un detergente discretamente perfumado.
Solo cuando se  volvía a poner el pantalón de pinzas y la camisa bajo una rebeca sin una sola bolita, abría al público.
Su madre llegaba a media mañana, hecha ya la compra y el almuerzo común.
Había heredado de ella la habilidad de manejar a la clientela,  superándola con creces pues además amaba el oficio.
La sección de mercería era un gran mueble constituido por docenas de cajoncitos preñados de botones, cremalleras y cintas,  cuyo orden se sabía ya desde niño aunque lo suyo era atender el mostrador de lencería. Acertaba la talla de sujetador de cualquier mujer al primer vistazo, con una mirada tan profesional que a ninguna molestaba, antes bien, agradecían pues solía añadir: “si me lo permite creo que este modelo sentará mejor a su constitución”, ahorrándoles pruebas inútiles.
Después sacaba los catálogos con las piezas más atrevidas dejando caer: “los recibí anteayer y están volando, si quiere  probarse alguno sin compromiso...”
Salían todas de allí gastando más de lo pensado pero encantadas.
Su madre le alababa la pericia:  “¡Ay hijo, si tuvieras esa labia para procurarte novia...”
Él hubiese cambiado su verborrea por poder lucir esas prendas en público sin que le costara un disgusto.
Hubo un tiempo en el que los sábados noche peregrinaba hasta Torremolinos, un Camelot donde los caballeros podían ser damas con desparpajo.
Hasta que llegó el dragón.
Unos borrachos al percatarse del encaje bajo su blazer le pusieron los pies en el suelo del hospital.
Dijo a su madre que se había resbalado.
Cuando la mujer lo contó en el mercado el carnicero se río:
_“¡Naturaca,, perdiendo tanto aceite...!”.
Ella, que siempre se hizo la tonta, le soltó:
_ “¡Má vale perdé que engañá!” y remató a voz en grito:
_ “!MATAGATOS, vendiendo Micifús por conejo!”.
D. W.
*Este relato fue publicado por la revista “El Observador” el viernes 22 de mayo de 2020.


sábado, 30 de mayo de 2020

ACOSO Y DERRIBO A UNA MUJER

ACOSO Y DERRIBO A UNA MUJER
“Susana era esposa de un próspero mercader a la que gustaba bañarse en su jardín, allí dos viejos jueces, amigos de su marido, se prendaron de su belleza.
Una mañana la esperaron proponiéndole que yaciera con ellos a lo que la virtuosa mujer se negó.
Los miserables amenazaron con acusarla de adulterio, delito que costaba ser lapidada, abusando de su poder de magistrados. Ella volvió a negarse y puso su vida en manos del Creador.
Tras un juicio injusto Susana fue condenada pero sus oraciones fueron oídas. Envió Dios al profeta Daniel, entonces casi un niño, que impidió la ejecución e interrogó a los jueces por separado haciéndoles incurrir en tales discrepancias que se mostraron culpables. Y fueron ellos los castigados”.
Hace un año Verónica fue empujada al suicidio por un antiguo novio que decidió, al cabo de los años y cuando ella ya se había casado y parido dos hijos, difundir un vídeo íntimo de ambos.
Al igual que los viejos a Susana este tipo le daba a escoger entre volver con él o el escándalo; trabajaban en la misma fábrica y se había propuesto recuperar “lo suyo”.
Ningún delito cometió esta mujer al confiar en quien creía confiable, solo pecó de ingenua, al parecer no debe fiarse una ni de su padre. Recibió la venganza cuando menos esperaba, los prepotentes que no conciben la ruptura prefieren saborearla congelada.
Desesperada veía cómo se formaban grupitos a su paso, los labios convertidos en sonrisas socarronas. Quizá oyó las palabras “folladora, puta, mosquita muerta”, hasta imaginó a las demás madres en la puerta del colegio señalando a sus hijos.
Se vio en un callejón sin salida, sin fuerzas para trepar y buscarla. Temió el rechazo de los suyos, aún se nos educa en la culpa y la vergüenza de “tener pasado”.
Un año después se cierra el caso “porque no se ha podido identificar al primero que compartió las imágenes”, no cabe mayor insulto a su memoria y a la inteligencia.
La plantilla de Iveco la componen 2.500 personas, hubiese bastado conque todas hubieran borrado el ignominioso vídeo al recibirlo.
Prefirieron lapidarla.
D. W.
*Ilustro el relato con la pintura “Susana y los viejos” de mi admirada  Artemisia Gentileschi. Ella supo plasmar con maestría, por haberlo padecido, el asco, el miedo y la rabia ante el acoso sexual.


jueves, 28 de mayo de 2020

SIN TÍTULO

CON TÍTULO
La señora marquesa de Casa Fuerte se cabreó porque la mentaron, y con su poco de recochineo, por su título. Fiel a su temperamento aristocrático reaccionó insultando miserablemente a su adversario llamándolo “hijo de terrorista”.
Luchar contra la dictadura de Franco (que para ella no fue tal) es cosa de proletarios subversivos, ni comparación con lo que (según ella también) hizo su ilustre progenitor, combatir junto a la resistencia francesa.
Todos en el hemiciclo parecen haber olvidado la máxima: “al contrario no se le vence insultándolo sino superándolo”.
Esta mujer, portavoz del PP, que afirma: “fui apátrida hasta los 18, argentina hasta los 24, franco- argentina hasta los 32 y desde entonces soy técnicamente hispano-franco-argentina”, consiguió la nacionalidad española en 2007, casualmente a tiempo para concurrir en las elecciones generales de 2008 en la circunscripción de Madrid, convirtiéndose en diputada de la IX legislatura.
Su nombre de pila, Cayetana, viene del gentilicio “caietanus”, de Caieta, ciudad situada al norte de Nápoles. Muy cosmopolita todo en su vida.
Ella, que posee tres nacionalidades, nacida en Madrid y criada entre Inglaterra y Buenos Aires ha declarado muchas veces: “Yo decidí ser española”. Es lo que tiene que le hayan dado una educación internacional, privilegiada, de derecha rancia y celestona: hace y dice lo que le sale de su concha, hiera o denigre a otro, sea verdad o mentira.
Es tan, tan española... que odia a los catalanes siendo una de las primera firmantes del manifiesto contra el nacionalismo catalán “Libres e Iguales”, dos palabras que en su boca pierden sentido.
A  Rajoy lo considera un blanducho y jamás perdonará a Manuela Carmena el trauma que causó a su hijita de seis años vistiendo a los reyes Magos de hippies.
Broncosa ya desde sus tiempos de tertuliana con Losantos en la santísima Cope y como periodista en “El mundo”, se erigió como adalid en la teoría de la conspiración del 11M. También se permite criticar a sus compañeros vascos llamándolos tibios.
Si los modos con sus “Iguales” son así puedo imaginar el trato a subalternos.
Aunque para quien nace en alta cuna todos lo somos.
D. W.
*Ilustro mi escrito con un “Estudio de cabeza” de Modigliani, pintor que dotaba a sus modelos con cuellos infinitos.


martes, 26 de mayo de 2020

GAMBERRADA

GAMBERRADA
“Anoche decidí tomarme la justicia por mi mano. Ya está bien de tragarme reguetones hasta las tantas de la noche, de ruido de motos desbocás a la hora de la siesta y de carbonizá sardinas llenándome el patio de peste. Llevo dos meses encerrá porque lo dice la gente que sale en la tele y ni abrí las ventanas puedo.
A eso de la medianoche aún estaban dando la murga. Salí a la terraza, me pegue lo que pude a la barandilla y escondiéndome detrás de las pilitras que están mú hermosas me puse a toser.
Para que se oyera más me hice un megáfono con el catálogo del LIDL. También simulé gargajos con un pompero. Yo es que no sé escupir profesionalmente, no soy furbolista.
Poco a poco se empezaron a encender las luces y alzar los visillos tratando de localizar al “infectado”.
Entonces saqué el tarrillo de pimienta blanca molía y lo aspiré como si fueran sales para el vahído.
Estornudé como una loca, tanto que me dio hipo. Para entonces ya tenía escamada a toda la vecindad.
De balcón a balcón se espiaban, como cuando salen a aplaudir pero sin esa guasa, oye, con la cara más larga que un confinamiento.
Yo lo pasé requetebién.
Hubo quien dijo: “¡Que poco civismo, si tiene síntomas que avise y la metan en el arca de Noé!”, supongo que se referirá al  crucero ese que no dejaron atracar en ningún puerto, y por ahí seguirá como el holandé errante...
Tengo unos vecinos mú lindos. Esta mañana me echaron un cartelón por debajo la puerta escrito con retuladó gordo.
    SI ESTÁ CONTAGIADA SU OBLIGACIÓN ES COMUNICARLO
                             O LLAMAMOS A LA POLICÍA.
Pues eso mismo hará servidora y sin mala conciencia. Cada vez que den por culo o incumplan llamaré yo, que para eso tengo el medallón de asistencia siempre colgáo y un móvil de números grandes y pre marcáos.
Que tengo 90 años y me he chupao una guerra, la dictadura y tó los años la derrota en Eurovisión menos cuando fueron la Massié y la Salomé.
Y ya no trago má.
Palabra de cuarta edad”.
D. W.
*Este relato fue publicado por la revista “El Observador” el viernes 22 de mayo de 2020.


domingo, 24 de mayo de 2020

EL ESCOTE

EL ESCOTE ( 1958 )
El pueblo andaba revolicáo con el casamiento, sobre todo por ver las hechuras de la madrina, señorita de la capital que paraba allí por temporadas.
La novia pensó que con tal testigo su boda sería inolvidable.
Acertó.
Las golondrinas llegaron con sus gorjeos, ella con tintineos de  semanario, frufrú de cancán y perfume.
Tabú como todo entonces.
A las autóctonas les prevelicaban sus mudas de nailon puestas a secar. Sugerentes combinaciones, prácticos medios visos, fajitas con liguero para las medias de costura trasera y los camisones casi tontitos, espabilados de día por las mañanitas pastel.  
Para la boda lució mantilla, vestido de raso negro con sobrefalda de tul y tacones de aguja.
Una racial Bette Davis aterrizada en la Axarquía.
La comitiva avanzaba gloriosa hacia la iglesia, andando para bien  lucirse. Detrás se iba añadiendo todo el pueblo.
Ante el altar se persignaron. El monaguillo precedió al oficiante, que estrenaba puesto.
Y empezó el tangay litúrgico:
_”No habrá boda hasta que la madrina no se cubra el escote”.
Los parroquianos se cuajaron, las parroquianas desenfundaron las lenguas.
El sacerdote confinó a los interesados en la sacristía. Allí la novia prorrumpió en llanto.
_”¡Ay, que no me cazo … 12 año de novio y po mor der descote…!”
_”¡Por Dio, Aurorita, tápate!”, apremiaba el novio abanicando a su futura con la “Hoja Parroquial”.
Apenas se le veían las clavículas pero la Jezabel involuntaria ardía en bochorno. Jamás ningún hueso, quitando la quijada asesina de Abel, fue tan denostado.
Una señora de negro con reclinatorio fijo salvó el apuro. Con un gastado velo de misa que llevaba en el bolso cubrió píamente el casus belli.
El Páter engordó tres kilos, cumplida su misión de guardián del templo, olvidando que hasta Cristo admiró los cabellos de la Magdalena.
La novia se sonó y fueron dadas las bendiciones.
Pasó esa noche el siervo de Dios abrazado al cilicio, sabedor que la tentación estuvo en sus ojos no en el trocito de piel femenina.
Hubo más comidilla en el convite que salchichón y queso de bola.
El “descote” tenía mejor miga que el pan de artesa.
D. W.
*Este relato fue publicado por la revista “El Observador” el viernes 15 de mayo de 2020.


sábado, 23 de mayo de 2020

BASURA

BASURA
Una grandísima parcela se extiende tras mi casa. Está plena de olivos cuajados de aceitunas que su dueño no recoge. Tal vez un día la venda, mientras le conviene más alquilarla para vallas publicitarias pues linda con la autovía.
Un arroyuelo sequerón la corta en un extremo, suele estar lleno de basura a pesar de que a cien metros campan varios contenedores.
Allí, como un desecho más, alguien tiró un gatillo de no más de dos semanas. Maullaba desesperadamente pero nadie quería reparar en él.
Chillaba aún más cuando me lo trajeron, muertecito de hambre.
Esa noche llovió así que lo libramos de una muerte cierta.
Probablemente la gata de un miserable parió y este decidiera deshacerse del “problema”. Del resto de la camada ni rastro.
Los primeros días pensé que no lo sacaría adelante, se mostraba tan apagado que temí que se fuera apenas llegado.
Ya me llama cada tres horas pidiendo su biberón, yo capto su mínimo ronroneo. Él conoce mi voz y como huelo.
Soy su madre porque lo es quien cría y ama.
Le han salido dientes, no como jazmines adolescentes sino de vampirillo bebé. Ya se le están despegando las orejas del casco, dándole aspecto de Yoda y haciéndome preguntar por qué no le llamé Carlos Windsor.
Quisiera que el basura canalla que lo tiró supiera que no se salió con la suya, que vive feliz y es querido.
Considero que quienes no dan valor a la vida de un animal tienen el corazón tan pequeño que le no cabrán ni sus propias miserias. Deben ser gentuza capaz de matar por la última aceituna o el único respirador.
Mi nuevo gato se llama Rivi.
No hay quinto malo.
D. W.


miércoles, 20 de mayo de 2020

EL HALLEY OCHENTERO

EL HALLEY OCHENTERO
El cometa volvió a gravitar nuestro cielo justamente 75 años y 10 meses después que nos visitara en mayo de 1910.
Se llamó “la noche del Cometa” a la transcurrida entre el 14 y el 15 de marzo de 1986. Rafael Alberti que vio con asombrados ojos de niño su penúltima aparición sobre la Bahía de Cádiz se reencontró con él, ya anciano, en la mágica Tenerife.
Lo mentaba en su “Marinero en tierra”:
 “Ya era lo que no era
Cuando apareció el cometa...”.
La ciencia, “que adelantó una barbaridad” se imponía a la superstición y todo giraba, valga la redundancia, en torno a desentrañar la conformación del astro. Aunque alguno hubo que consultara a Rappel.
Muchos científicos concuerdan en asociar el origen de la vida en la Tierra a los cometas y meteoritos. Digamos que aquí teníamos las condiciones pero nos faltaba algún ingrediente, polizón de estas estrellas.
HALLEY, que había dejado un planeta con dos mil millones de individuos atontaos se lo encontraba con  más de cinco mil ansiosos por entrevistarle. Debió sentirse como Michael Jackson fuera de Neverland.
Pongo la comparación porque el astro de resplandeciente blancura es un cuerpo negro como el carbón. Acercarse al sol sublima su lomo, desprendiendo gas volátil.
Una vez más las apariencias triunfan.
La Agencia Espacial Europea había lanzado al espacio en julio del ochenta y cinco una diminuta sonda llamada Giotto, en honor al pintor del fresco “Adoración de los magos” donde se ve claramente sobre el Portal una Estrella de cola. Es probable que el artista tomara de modelo a HALLEY pues pudo verlo a su paso en 1301.
Cuando la sonda emitió las primeras imágenes los científicos rugieron emocionados, por fin iban a conocer al puntual visitante a fondo. De pronto, una partícula del cometa la golpeó desestabilizándola. Ante el asombro general el pequeño artilugio se recompuso y cumplió su misión.
HALLEY  recorre un “ciclo corto” por lo que cualquier humano que planee adecuadamente su nacimiento puede llegar a verlo hasta dos veces en su vida.
Originariamente su órbita era larga pero fue secuestrado por la atracción gravitatoria de los Gigantes Gaseosos quedando atrapado en el interior de nuestro Sistema Solar.
Parece historia de piratas siderales.
En cuanto a los ciudadanos de a pie no logramos verlo. Ese año las posiciones relativas Sol/ Tierra / Cometa fueron desfavorables siendo además su situación respecto al horizonte muy baja, quedó vedado por cualquier obstáculo.
Yo esperaba ansiosa aquel 1986, espoleada la imaginación por lo que me contaba mi abuela desde niña.
Ella, que no lo vio por miedo, lo describía como si hubiese subido a Gibralfaro, y puesto de puntillas para tocarlo. Yo no lo pude ver por pudoroso.
Alberti dijo en una lectura de “Retornos del cometa HALLEY” que en 2061 volvería cabalgando sobre él.
“Yo soy tu cola, tu incendiado núcleo.
Tú ya eras yo cuando te apareciste.
Como tú, llegados desde los más remotos infinitos...”.
Nada más eterno que las palabras de un poeta.
D. W.


MAMÁ DELA

    MAMÁ DELA Mis brazos habían olvidado el contorno de un recién nacido, pero fue rodear a mi nieto y la memoria recuperó la medida exact...