domingo, 8 de diciembre de 2019

GRETA NO LO VE

GRETA NO LO VE 
Es muy conocido el cuento. Un sastre avispado convence al emperador de que la tela carísima con la que hará su traje de coronación es invisible a los inútiles y estúpidos.
Claro está que tal prenda no existe pero nadie, ni el mismo dirigente lo reconoce para no quedar como imbécil.
Todos alababan el magnífico atuendo hasta que un niño osa decir, “¡pero sí va en cueros!”, siendo detonante para que el pueblo coree la verdad.
La niña Greta puede ver el culo a los mandatarios. Pese a su especial capacidad o gracias a ella.
Curiosamente su nombre de procedencia germana se traduce por Margarita cuya simbología floral significa “el comienzo de una nueva era”.
Cierto es que muchas personas han gritado antes que los déspotas van desnudos pero es a ella a la que los jóvenes del mundo han prestado atención.
“Greta la marioneta” le dicen quienes no recuerdan las enseñanzas sacadas de un teatro de guiñol. Ni a Pinocho que no quería ir al colegio y aprendió con los golpes de la vida lo necesario para encarnarse. 
Salió un día de clase con el corazón dolorío después de ver un documental sobre el calentamiento global, jurándose que haría su parte para evitarlo. Cada viernes hace huelga por el clima apoyada por sus padres, recuperando las clases entre semana.
Y este aleteo de mariposa ha provocado el despertar del primer mundo ante el problema. 
Habla con el corazón y la fuerza de quien cree en lo que dice expresándose  perfectamente en inglés. Eso ya debería callar bocas que emplean malamente su lengua materna para descalificarla.
Los motivos que la encumbran como líderesa de la revolución contra el cambio climático no importan, el hecho es que ha sido su voz la que formó eco en el momento preciso.
Matar al mensajero que trae las verdades incómodas es harto viejo y ya no hay tiempo de mirar al pasado porque no cabe futuro.
Hablan de manipulación los que quizá tengan metida la mano de alguien por detrás y creen que todos son de su misma condición estreñida y comodona.
Si Greta o lo que representa se calumnia vencerán los malos.
Lo peor es que perderemos todos. 
Hasta ellos. 
D. W. 

jueves, 5 de diciembre de 2019

LA COPA QUE NO SE LLENA

LA COPA QUE NO SE LLENA
En esta semana, preludio de puente abierto al desenfreno consumista y al amor impostado hacia el prójimo, nuevamente la realidad nos baja de la ficción.
Una mujer es descuartizada por su cita “porque la maté sin querer (?) y me asusté”, arrojando los trozos a la basura.
Un cazador con licencia para matar acribilla, apalea y arrastra a una perra recién parida porque “me sale de los cojones”.
Al patio de un centro de acogida de niños alguien de muy negro corazón lanza una granada que no es fruta. 
Bonito panorama pre NAVIDEAD. Cerraremos el año con el candado lleno de orín de los ataúdes gastados.
Salimos a desgañitarnos unos pocos contra estos sin sentido y  nos ningunean. “Cuando acaben con sus cánticos se irán” se dicen, somos críos a los que se les aguanta un berrinche.
La maldad es mucha y los justos poquísimos como puede comprobarse. 
Espero estar viva para asistir al momento en el que nuestro vaso rebose como una copa menstrual.
A ver quien limpia toda esa sangre derramada, a ver quienes castigan a los monstruos. 
Tengo rabia por no poder hacer más que juntar letras para mitigarla. 
Porque no quiero pensar en la ley del Talión y lo hago. 
Mal lo veo. 
D. W. 


martes, 3 de diciembre de 2019

A LO GARÇON

A LO GARÇON  (1935)
Sobre la alfombra, una niña chica y tres muchachas reían.
Dos de ellas llevaban vestidos claros y envolventes, revelando la  figura liberada del corsé, la nuca despejada por lo corto de sus cabellos. 
Habían dejado los extravagantes sombreritos sobre el velador junto a los modernos bolsos cartera, para acomodarse con soltura  junto a la chiquilla y hacerle fiestas. 
La tercera mujer vestía sobriamente. Peinada con rodete sujetado por peinecillos su figura correspondía más a otro siglo. 
_”Que chamaquita linda” .
_ “Ay si…nosotras vamos a encargar dos aquí”.
Rieron la ocurrencia. Aunque acababan de conocerse la complicidad brotó enseguida. 
Eran mejicanas, recién casadas con dos hermanos malagueños, emigrantes prósperos y nostálgicos, devueltos en barco a la Madre Patria para saborear las mieles de nuestra luna. Primos lejanos no solo por kilómetros, conectados aún por un octavillo de sangre. 
 _”¿Te gustan las pulseras?” decían quitándoselas para que la chiquita jugase con ellas. Con dos años más le parecían mordedores que alhajas y se las llevaba a la boca.
_”¡Que requetebonito llevai er peinao!”, requebraba la trinitaria.
_ “Es la moda. Allá en Méjico todas lo gastamos así” 
_”En Málaga hemos visto que también se estila…  ¿tu no te atreves?, ¡órale!”.
Agachó la cabeza, su marido no quería. Opinaba que el cabello largo era un signo de feminidad irrenunciable.
Moría por cortárselo pero no se atrevía, más por no darle un disgusto al cónyuge que por tenerle miedo. Era un pan bendito pero de anteayer. 
 Las mexicas zalamearon al primo:
_”Comper… ¿Nos prestarás a tu señora un tiempito?. Tenemos   recaditos  por comprar en todos los comercios de Malaga. 
Ustedes mientras pueden platicar en la Casa de Guardia. ¡Y  chanflé!”.
Cedió por no contradecir a la parentela.
_”¿Dónde vais a ir las tres solas?”le preguntó más tarde algo escamáo, ya solos en la alcoba.
_”Solah no, acompañá la juna de la jotra”, contestó bajito  mientras la seda de la camisola resbalaba por sus hombros.
El resplandor nacarado eclipsó a todo el Imperio azteca.

Cuando entraron al salón de belleza y la sentaron en el sillón giratorio supo y se alegró de su suerte.
_”Prima, acéptanos este regalo, te van a dejar mas relinda que la Claudette Colbert”. 
Manos expertas deshicieron su moño, sintió un leve tirón, un chasquido y la liberación de un peso. En las manos de la peluquera, como un haz de espigas, brillaba su trenza. 
El esposo mudó la cara al verla. Siguió el juego ante las taimadas Dalilas pero pasó varios días sin hablarle a su costilla.
Al fin, Lisístrata siempre gana las batallas.
Cuando se dijeron “hasta pronto” aquel verano del 35, no podían imaginar que no volverían a verse. Una guerra es más insondable que un océano.
La melena a lo garçon fue su talismán. A la inversa de Sansón le dio la fuerza para enfrentarse a los tiempos filisteos.
Y sobrevivirlos.
 D. W. 

LO MÁS SIMPLE

LO MÁS SIMPLE 
En cuarenta años de matrimonio nunca habían viajado en grupo, siempre solos en coche propio. Ya edad y reflejos no casaban. 
Les asignaron asientos detrás del conductor que parecía ser, paradoja, mayor que ellos.
A la vez que manejaba iba ilustrando el paisaje. Su discurso era ameno, no parecía repetido mil veces. Lo mechaba con anécdotas y chistes blancos.
Bajaron por una cuesta empinada y pedregosa, llena de zarandeos pero nadie protestó, hechizados por los inquilinos del altavoz, una guitarra con cantaor en estado de gracia.
La jubilada lagrimeó con la copla pero disimuló, su marido detestaba la exhibición de tales debilidades. 
Pararon para admirar flores efímeras, estatuas inmortales, pájaros y niños componiendo la sinfonía de la vida.
Se cruzaron con el chofer. 
_”Disculpe señora, ¿que champú usa?” fue la desconcertante pregunta. 
_”Pues el más barato del super... no vale la pena gastar más” contestó rebajándose como tenía costumbre. “¿Por qué?”.
_”Porque huele rico”. 
Ella se azoró. Su marido puso mala cara. “¡Tendrá poca vergüenza el tío, y en mi jeta!, le dijo a ella después.
_”Ahora me cambias el asiento”
_”Pero es que me gusta ir en ventanilla...”
_”¡Pos ta guantas!, que me huela a mi si tiene cojones!”.
No fue posible el cambio por no caber las piernas masculinas,  tan cercana  estaba la butaca a la del conductor. La fémina al ser  menuda se acomodaba en cualquier parte. 
Pasaron todo el trayecto mudos, ella con el parapeto de un libro, la lectura abandonada mirando de reojo el escaparate rodante tras el que se mostraba la ciudad.
Él enfrascado en el móvil y con la barba cepillando la moqueta.
La señora sentía que era bonito oír halagos, sobre todo de quien nada va a ganar con ellos. La amabilidad es el mejor bálsamo inventado. 
Al llegar al hotel el marido anuló el resto del viaje, las maletas regresaron sin deshacer.
D. W.  

lunes, 2 de diciembre de 2019

TEMPLADA SABE MEJOR

 TEMPLADA SABE MEJOR 
Tomaba el tren de cercanías cada mañana para ir a trabajar, siempre apresurada, siempre casi tarde, los rituales a los que se sometía se comían el tiempo.
Tabla de gimnasia, ducha con sesión posterior de cremas Anti Fealdades y maquillaje.
Parco el desayuno. A veces nada si el peso escupía gramos extra.
De invisible a diosa sometida al canon. 
Taconeaba con fuerza tras su armadura. No había hombre que no la mirara ni mujer que no la envidiara o deseara.
Un día tuvo un encuentro, “Perdona, ¿eres...? “.
Ella apretó las mandíbulas. “Sí, y tú...”
Se dieron los dos besos de rigor, “que guapa estas, casi no te reconocí. Más delgada, más...¡todo!”, parloteaba entusiasmado.
Ella usó la respuesta comodín, “Estas igual”.
_”¿Vas siempre en el mismo tren?”
Asintió sin dejar de andar “perdona, tengo prisa”.
Al día siguiente estaba en el andén. Endomingado con pantalón de pinzas y camisa planchada por mamá. Mirándose satisfecho en sus zapatos de charol.
Oyó su taconeo y la vio llegar hipnotizado por el ritmo de sus  pechos bajo la tenue camiseta fucsia. 
_”Vaya... años sin vernos y nos volvemos a encontrar”, saludó  con sorna.
_”Te esperaba. Ayer al verte me di cuenta que fue un error dejarnos”.
_”Me plantaste tú. Como tus amigos se burlaban por salir con una gorda.. Cosas de críos”.
_”Ahora somos adultos y tú una mujer preciosa.”
_”Soy la misma que era”.
_”A mi me parecías guapa” mintió, encendidas las puntas de las orejas. “¿Te parece que te acompañe?, podemos quedar y tomar algo”
Se acercó a besarlo, él sintió su tersura en plenitud. En la cercanía le susurró:
_”Mi tren sale ahora, el tuyo ya pasó. Adiós, que te vaya tan bien como a mi”.
Se quedó plantado en el andén, sosteniendo las calabazas devueltas, admirando el culo que no cataría.
Ella lo vio girar la muñeca como saludan las princesas. Jamás una sonrisa estiró tanto sus labios.
Allí quedó el cretino que tantas lágrimas le costara. Con barriga y  entradas aún sin cumplir los treinta, el ego por felpudo.
Sin buscar venganza se la había servido templada.
Dela Uvedoble . 

*Este relato fue publicado por la revista EL OBSERVADOR el viernes 22 de noviembre de 2019. 




COJONES

COJONES 
Un cazador tiroteó a su perra recién parida, apaleándola después porque no moría, si, encima mal tirador. 
Luego la arrastró por la carretera hacia la muerte.
Una pareja que pasaba lo increpó, “¿como hace usted eso, por Dios?”, a lo que contestó: 
“PORQUE ME SALE DE LOS COJONES”.
Esas son las leyes del palurdo, del infame, del que basa su hombría en las almendras que lleva en la entrepierna y rigen su cerebro. 
Sus santos güevos no deben contradecirse so pena que se le sequen. “La perra es mía y hago con ella lo que quiera”. 
Su mujer también es suya, podrá dispararle. Y a sus hijos. 
Y a quien le parezca, que para eso tiene escopeta y licencia que buenos y malditos dineros le costaron.
Hasta que no aprendan que un hombre lo es por sus palabras y acciones seguirán rigiéndose por sus mezquinas partes.
No dan para más.
Gracias a las personas que no temieron denunciarlo tendrá su castigo, laxo y risible pero irán sentando precedente.
No por cojones sino por JUSTICIA.
D. W. 




EL MOTE


EL MOTE  (1969)
“Pa una vé que bajamo a Málaga...” decía llorando la Sensi, al lado de la cama donde yacía en coma su marido.
El matrimonio había ido a la capital un par de días, por mor de un papeleo, dejando a los niños con los abuelos.
Se hallaban cohibidos con tanto coche y edificio alto pero encantados de la hermosura de la ciudad.
Paraban en casa de un primo, que la familia pa eso está.
El día de la vuelta el Basilio, sin mediar accidente, cayó fulminado al suelo. La parentela lo llevó de bulla al Calhloaya . 
Tres días después aún no había recuperado la conciencia.
El Basi tenía apariencia de cadáver aunque un débil halo lo sostenía. La Sensi, rota, no se separaba de él.
Los médicos certificaron su muerte esa noche. La pobre viuda se puso tan mala que todos creyeron que habría entierro doble.
—¡Por tus sijos, Sensi, que se quean zolo!, le decían. 
Basilio descansaba en el tanatorio del hospital, dentro del ataúd, vestido con el traje del primo que le quedaba ancho y corto.
—Que pena de traje -susurraba la mujer del pariente.
—Mué... no lo ibamo a enterrá de trapillo... 
Llegaron sus hermanos dispuestos a acompañarlo y preparar el traslado a la aldea. 
Basi tenía un mellizo calcado a él, cuando Sensi lo vio entrar estalló de la impresión en un grito tan doloroso que las demás mujeres tuvieron que llevársela.
Solos ante el féretro quedaron los varones.
El Melli al besarlo afirmó:
—Mi henmano no está muerto.
—La pena te ciega, ¿no lo vé?.
—¡Que no, que no!, ziempre ha sío de tené mal coló.
Salió de allí zumbando sin dar explicación. Los demás pensaron que darse un paseo lo conformaría.
Volvió al poco con una lata de leche condensada y ante el asombro de los presentes emborrizó su dedo y lo puso en los labios del muerto.
Este empezó a chupar el apéndice endulzado. Algún color volvió a su rostro.
Aunque vivieron muchos años más, desde ese día pasaron a llamarse “el Melli muerto” y  “el Melli vivo”
Y bien poco que les importó.
Dela Uvedoble . 

Este relato apareció publicado por la revista EL OBSERVADOR el viernes 22 de noviembre de 2019. 

MAMÁ DELA

    MAMÁ DELA Mis brazos habían olvidado el contorno de un recién nacido, pero fue rodear a mi nieto y la memoria recuperó la medida exact...